El Eurobarómetro de 2005 (Eurobarometer 64.3) – El caso de la farmacogenética
El Eurobarómetro es el instrumento con mayor impacto social y mediático entre los que se aplican al estudio de los aspectos sociales, actitudes y valoraciones de las aplicaciones de la biotecnología.
Los Eurobarómetros son las encuestas que realiza la Comisión Europea para pulsar las sensaciones de la ciudadanía europea ante problemas de dimensión supranacional. La biotecnología ha sido objeto de seis de estos Eurobarómetros, correspondientes a los años 1991, 1993, 1996, 1999, 2002 y 2005.
Las encuestas y sus resultados son muy interesantes y atractivas para los agentes que intervienen en el desarrollo de la biotecnología como sector productivo basado en el conocimiento científico-técnico. Sin embargo, no han estado exentos de críticas y de preocupación analítica a la vista de las limitaciones que encierran estos instrumentos de experimentación social.
En el Eurobarómetro 64.3 correspondiente al año 2005 y hecho público en mayo de 2006, los propios autores –una amplia nómina de científicos sociales en la que España, tras algunos años de ausencia, vuelve a estar representada, en este caso por Gemma Revuelta- se curan en salud con una introducción en la que tratan de responder a alguna de esas críticas para concluir, y citamos textualmente: «... surveys represent the world in particular ways. Depending on the perspective adopted, the representations will differ. Moreover, results do not have a single, obvious, and unequivocal meaning. Whether the glass is half full or half empty is a matter of personal preference .»/. Dicho en directa interpretación a nuestro idioma, “que son elementos importantes, a tener en cuenta, el cristal del color con que se mira y el contexto en que se producen las miradas”.
Personalmente siento una satisfacción intelectual por este reconocimiento, ya que estas consideraciones han constituido uno de los ejes más relevantes de mis reflexiones críticas a estas encuestas.
Las nuevas orientaciones de los Eurobarómetros tratan de valorar el optimismo europeo ante la biotecnología, en comparación con otras cuatro tecnologías: las tecnologías de la información y las comunicaciones, la energía solar sobre las que existe la posibilidad de comparación desde el origen de las encuestas (1991), la energía nuclear (incorporada en 1999) y la nanotecnología (introducida a partir de 2002).
A diferencia de la tendencia estable en el nivel de optimismo que caracteriza a las actitudes sobre tecnologías de la información y la energía solar, el optimismo en la biotecnología fue declinando a lo largo del periodo 1991-1999 para aumentar a partir de ese momento en una tendencia que se mantiene.
Es importante señalar que España ha ocupado consistentemente el primer puesto en esta escala cuando las encuestas se realizaron en la Europa de 12 y 15 miembros. En la encuesta de 2005 realizada sobre la Europa-25, se ve superada en el índice de optimismo por Malta y Estonia.
La encuesta focaliza la valoración de las actitudes en cuatro aplicaciones, entre las que se incluye por primera vez la farmacogenética junto a la terapia génica, los alimentos modificados genéticamente y la también recién incorporada nanotecnología.
Esta evaluación de las aplicaciones tecnológicas se realiza a través de una batería de preguntas, la primera de ellas trata de conocer el nivel de familiaridad con cada aplicación, mientras que las siguientes recaban las opiniones respecto a su aceptabilidad moral, utilidad para la sociedad, riesgo para la sociedad y manifestación sobre la conveniencia de apoyo en el futuro.
En el caso de la farmacogenética que nos interesa especialmente cabe señalar los siguientes datos: es la aplicación sobre la que existe el menor grado de familiaridad; sólo el 27 por ciento de los ciudadanos de la UE – 25 han oído hablar de ella frente al 44 por ciento en el caso de la nanotecnología, 45 por ciento en lo que respecta a la terapia génica y el 80 por ciento en el caso de los alimentos modificados genéticamente.
España que se encuentra entre los países con menor grado de información y conocimiento sobre estas cuatro aplicaciones tecnológicas (ocupa la posición 21 entre los 25 países de la Unión Europea) ofrece un relativo alto nivel respecto a la farmacogenética, superando la media con un 31 por ciento y ocupando el octavo puesto.
En términos globales, la farmacogenética sale favorablemente evaluada en tres de los criterios, aceptabilidad moral, utilidad y prestación de apoyo en los que alcanza la segunda posición, sólo superada por la nanotecnología, aunque se estima igualmente que encierra algún riesgo, aunque menor -casi dos tercios inferior- que la nanotecnología.
El apoyo que recibe la farmacogenética asciende en la media europea al 52 por ciento, mientras que en el caso de España alcanza el 53 por ciento, la aplicación más apoyada por la ciudadanía española con idéntico porcentaje que la terapia génica.
Revisión de las actitudes de los europeos ante la biotecnología
El reputado sociólogo español Rafael Calvo, que en la actualidad ocupa la Dirección de la Fundación BBVA, formó parte del equipo que realiza los Eurobarómetros sobre biotecnología aunque manifestó ciertas críticas a las interpretaciones que se daban de los resultados del año 1999 (Pardo, R. Midden, C. y Miller, J. A., J. Biotech 98, 9-24,2002) a raíz de lo cual promovió un programa de investigación metodológica en la Fundación BBVA que permitiera reevaluar los datos de los Eurobarómetros.
En una comunicación aparecida en la revista Nature Biotechnology en la sección de Cartas al Editor del número de abril de 2006 (Pardo, R. y Calvo, F, Nature Biotechnology, vol 24, n 4, 393-395), se revisan datos del Eurobarómetro sobre biotecnología del año 2002 con el objetivo de afinar las percepciones de expertos y políticos en Europa para los que prevalece la idea de que la sociedad, (el público) es esencialmente contraria a la biotecnología.
El análisis de Pardo y Calvo se ha centrado en los datos sobre los criterios de utilidad, aceptabilidad moral, apoyo, los tres positivos, y el riesgo como único criterio negativo, referidos a seis aplicaciones: diagnóstico genético, xenotransplantes y terapia celular (dentro de la llamada biotecnología roja o subsector de la salud); modificación de propiedades de los alimentos, cultivos transgénicos con la propiedad de resistencia a los herbicidas (aplicaciones de la biotecnología verde o sector de la agroalimentación); y empleo de enzimas en productos de uso doméstico (biotecnología blanca o de aplicaciones con incidencia en el medioambiente).
Los datos muestran que la valoración es favorable en los criterios positivos para cinco de la seis aplicaciones con la excepción de la modificación de alimentos, aunque los datos corroboran la primacía de las aplicaciones relacionadas con la salud en el plano socio-mental de la percepción de los ciudadanos que viven en las sociedades avanzadas.
El criterio que merece la valoración más alta es la utilidad, apuntando los autores que es el aspecto mas fácil de comprender y evaluar por el público y que es asimismo el más apreciado para la configuración de una opinión favorable. Los otros dos criterios positivos apenas reflejan diferencias; cabe señalar que los tres criterios positivos mostraban una alta correlación, sugiriendo que el público utiliza sencillos mecanismos para evaluar las aplicaciones biotecnológicas: aplican sencillez de juicio a un tema complejo. Otro punto de interés que deriva del análisis factorial es que las opiniones sobre las seis aplicaciones son el resultado de un proceso evaluativo muy específico apoyado en las interrelaciones entre los tres criterios positivos mientras que el cuarto, negativo, sobre el riesgo, constituye un ángulo diferente para la evaluación.
Uno de los datos más sorprendentes, según el análisis de Pardo y Calvo, es que se producía un elevado grado de respuestas, dando calificaciones sobre los cuatro criterios a las seis aplicaciones sometidas a escrutinio, a pesar del reconocido bajo nivel de información (familiaridad) de los encuestados respecto a la biotecnología, sus soportes científicos y aplicaciones. Esta circunstancia unida a la fuerte covarianza de los tres criterios positivos apunta a que las opiniones se basan en los beneficios que se presentan en los ejemplos que acompañan a las preguntas, así como en lo que se conoce como principios universales o planes de orientación.
Dos son los grandes universales por los que se orienta la biotecnología: los avances científico-técnicos y la visión a la naturaleza. En el primer caso, parece que la calificación más alta a los tres criterios positivos procede de quienes muestran predisposición favorable ante la ciencia.
En el caso de la posición ante la naturaleza, hay actitudes negativas ante las aplicaciones con más resonancias éticas y políticas: terapia celular con células sometidas a trasferencia nuclear, modificación de propiedades de los alimentos, cultivos transgénicos resistentes a insectos. Este principio universal también sirve para discriminar en lo que concierne a la percepción del riesgo (con excepción del diagnóstico genético). Las evaluaciones negativas de la mayoría de las aplicaciones biotecnológicas se asocian con quienes poseen una visión pesimista de los efectos de la acción humana y de las tecnologías sobre el medio ambiente, mientras que las opiniones favorables a las aplicaciones de la biotecnología coinciden con los individuos que tienen grandes expectativas en la ciencia y poseen una visión materialista de la naturaleza.
Las evaluaciones de las aplicaciones biotecnológicas están influidas por algunas variables cognitivas (como años y niveles educativos), aunque estas variables influyen menos que los principios universales (creencias) mencionados. Este dato parece apuntar a que las variables socio-demográficos influyen menos en las percepciones ante la biotecnología que las valoraciones globales respecto a los objetivos y beneficios de cada aplicación de esas tecnologías.
Otro dato relevante que surge de la revisión planteada por Pardo y Calvo es que, la percepción del riesgo no parece ser un factor con gran poder de discriminación, en contra de lo que se ha venido subrayando en los informes sobre actitudes de los europeos frente a las tecnologías emergentes, y de modo particular para el caso de la biotecnología. De ahí que los autores lleguen a la conclusión de que la percepción del riesgo sobre la biotecnología es una especie de “temor que sobrevuela”, que no está anclado ni motivado por aplicaciones recientes de la genética. La percepción del riesgo no parece influir en las decisiones, sobre todo si los esperados beneficios son considerables, es decir, merecen la pena; las preocupaciones por el riesgo pueden desaparecer poco a poco del imaginario colectivo si no se producen alarmas sobre nuevos e importantes accidentes.
Pardo y Calvo estiman que la población europea no está en su conjunto atenta a los avances en biotecnología, aunque muestra actitudes globalmente positivas sobre esa tecnología. Esta opinión positiva resulta de una evaluación holística y con escasa diferenciación de las finalidades prácticas de cada aplicación y de posiciones (predisposiciones y principios generales) relacionadas con otros avances científicos y tecnológicos y con visiones o imágenes de la naturaleza. El público europeo utilizaría el riesgo dentro de una retórica de carácter declarativo o ritual, que ejerce escasa influencia en las percepciones sobre la utilidad de las aplicaciones biotecnológicas y respecto al apoyo que debería prestarse a las mismas.
El espacio social de la biotecnología en la radiografía de la investigación pública
En la granada primavera del 2006 ha visto la luz a un libro titulado “Radiografía de la investigación pública en España” editado por Jesús Sebastián y quien esto escribe (Biblioteca Nueva, Madrid, 2006). En ese libro se recoge un capítulo sobre “el espacio social de la ciencia y la tecnología, percepción, comunicación y difusión” al que contribuyen conmigo una serie de colaboradores con los que he tenido la fortuna de trabajar. Dentro de la amplitud temática que el capítulo abarca, la biotecnología emerge como el caso paradigmático de tecnología que se desarrolla en un contexto socio-político que, entre otras propiedades, se caracteriza por la creciente demanda de la sociedad –ciudadanos y usuarios- para intervenir en la toma de decisiones públicas y privadas que tienen que ver con los desarrollos científicos y sus aplicaciones.
Como el propio título del capítulo señala se repasan, en relación con la biotecnología, los temas de percepción con las encuestas realizadas tanto en el ámbito europeo (los conocidos, y siempre comentados por los medios, Eurobarómetros, analizados en el apartado anterior) como en España (encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, de la Fundación BBVA, o de nuestro propio grupo de trabajo en relación a los cultivos y alimentos transgénicos).
Las encuestas españolas confirman las actitudes optimistas de la ciudadanía española ante las aplicaciones biotecnológicas aunque se detecta un elevado grado de desinformación.
En el capítulo del libro “Radiografía de la investigación pública en España” se presentan los análisis de contenidos sobre tres aplicaciones de la biotecnología: terapia génica, alimentos transgénicos y clonación aparecidos en cuatro periódicos representativos: El País, El Mundo, La Vanguardia y La Voz de Galicia a lo largo del año 2002. Este análisis, además de constatar la calidad razonablemente buena de la información suministrada, ha permitido mostrar que los medios de comunicación no son motores, líderes, en la comunicación de los avances biotecnológicos, sino que son reactores ante estos temas y por motivaciones (contextos) que varían según las aplicaciones: científico-técnicas en el caso de la terapia génica, políticas en el caso de los alimentos transgénicos y ético-religiosas para el tema de la clonación.
La práctica de la difusión (divulgación) se enfrenta a serias dificultades cuando se aplica a los avances básicos de la biología. Aquellos derivados de las aproximaciones bioquímicas, de la biología molecular y celular, de la inmunología o de la genética molecular permanecen alejados de la comprensión de los ciudadanos y por ello son poco accesibles a la comunicación.
En el apartado de reflexiones generales del capítulo que glosamos, se hace una referencia a la ética de estos procesos, y en particular de la ética de la comunicación de los desarrollos de la tecnología en general, y de la biotecnología de modo particular. Para esta ética se ha acuñado el término “interéticas” por tratarse de una ética profesional que debe tener en cuenta los valores morales de las profesiones y, en este caso específico, son varias las profesiones implicadas (desde los productores de conocimiento a los actores sociales y empresarios, pasando por los traductores o intermediarios, periodistas y medios de comunicación).