Con la misma osadía que invoca mi amigo José Félix Tezanos en el artículo de fondo del número de julio (164) de 2008 de la revista Temas para el Debate, y con las mismas dudas que él expresa acerca de quien sabe realmente de economía, me atrevo a enfocar algunos aspectos de este área socio-política en los que vengo reflexionando desde que hace casi treinta años entré en el campo de las políticas científicas y tecnológicas.
En los actuales momentos en los que el sistema capitalista afronta una de sus tradicionales crisis cíclicas ,y en los que se mira y alude a la fuerza del conocimiento para intentar superar alguno de los factores que corroen a la economía, esencialmente para aumentar su capacidad competitiva y la productividad, me parece pertinente volver a situar en el plano de la actualidad la importancia del capital humano y de uno de sus recientes compañeros de viaje, la versión revisitada del tradicional concepto de capital social.
A medida que se fue comprobando que la acumulación de capital físico no era la única causa, ni siquiera la clave, para el desarrollo económico y social, los analistas empezaron a tener en cuenta los niveles educativos y las capacidades culturales de la población como factor importante para influir en los procesos productivos. De hecho, los déficit en estos factores fueron considerados como elemento explicativo del subdesarrollo y , en un mismo orden de cosas, la medida de los tiempos y esfuerzos dedicados a la mejora de la educación y la salud de los trabajadores ha sido estimado por un número creciente de economistas como una aproximación cuantitativa para evaluar la capacidad para el progreso tecnológico de una sociedad. El término capital humano, esbozado a mediados del siglo pasado por Theodore Schultz y Gary Becker, tiene otras dos características valiosas como indicador: que no solo es cuantitativo, sino que reconoce el valor de la calidad y que parece demostrar además que hay una relación biunívoca entre capital humano e innovaciones tecnológicas.
Cuando se habla de que vivimos y hemos de desarrollarnos, para una mejor supervivencia económica y social, en una “sociedad de los conocimientos científicos y tecnológicos”, el capital humano alcanza aún cotas de mayor relevancia.
Otro concepto que ha emergido desde la visión sociológica es el de capital social en analogía con el capital económico. El capital social en esta nueva versión, mide la capacidad de relación de un conjunto humano, es decir aquellas capacidades que permiten que prospere la colaboración y el uso de las oportunidades con el fin de favorecer la acción colectiva y el bienestar del grupo.
El objetivo principal del presente texto es poner de manifiesto que el sector de las tecnologías de la vida sigue gozando de capacidad prospectiva e innovadora, al reconocer el valor de estos dos capitales, lo que ilustro con tres ejemplos, dos en el plano nacional y uno en el plano europeo.
Los casos españoles: la implicación del profesorado de Enseñanza Secundaria
En la semana del 23 al 27 de junio de 2008, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo ha organizado en su sede de Santander un Curso de Formación sobre “La biotecnología en la sociedad actual” para el Profesorado de Enseñanza Secundaria. El Curso ha sido dirigido por la excelente bióloga de plantas, Carmen Fenoll, Catedrático de Fisiología Vegetal de la Universidad de Castilla-La Mancha y ha contado con el inapreciable apoyo como Secretaría de Luisa Romero, Directora del IES Leonardo da Vinci de Majadahonda (Madrid).
El curso en su presentación reconocía que « La construcción de la sociedad del conocimiento requiere que los ciudadanos comprendan estos avances tecnológicos (en biología y biotecnología) para que puedan decidir sobre su convivencia y trasladar una opinión educada a sus gobernantes …. Los principales actores de esta tarea deben ser los profesores de secundaría, incorporando a sus aulas la visión de los expertos sobre sus últimos avances y contribuyendo a despertar vocaciones científicas entre su alumnado ».
Para cumplir con estos objetivos, el curso abordó la compleja temática que caracteriza a la biotecnología, cubriendo desde las aplicaciones en agricultura biotecnológica y en alimentos hasta los aspectos sociológicos y éticos, pasando por la biotecnología ambiental, la biotecnología en relación con la salud, abarcando en este caso tanto los aspectos de la sanidad animal como la clonación para la obtención de células madre y las repercusiones del proyecto sobre el genoma humano; las presentaciones teóricas corrieron a cargo de Carmen Fenoll, José Pío Beltrán, Daniel Ramón, José Luís García, Carmen Vela, Predestinación García, José Antonio López Guerrero y yo mismo, y fueron complementados con dos presentaciones de casos prácticos a cargo de Montaña Mena y Carolina Escolar.
El resultado más notable del curso fue la extraordinaria dedicación e interés del alumnado, en este caso profesores de educación secundaria no sólo del campo de la biología sino de otras áreas de ciencias experimentales y técnicas e incluso de una profesora de filosofía. De este interés y entusiasmo salió un espíritu de colaboración y comunicación entre ambos lados, el profesoral y el de los cualificados alumnos, lo que llevo a la conclusión de que no eran, no éramos dos lados, sino uno solo. Hubo una importante ganancia de capital humano.
Una segunda iniciativa en la que también tuve la fortuna de participar fue un “Seminario sobre Biotecnología y Escuela del Siglo XXI”, organizado a principios de este siglo (junio-julio de 2000) por el colectivo FIES (grupo de profesores de educación secundaría de Galicia procedente de los ámbitos de la biología y la filosofía y con preocupaciones y actividades sindicales -esencialmente relacionadas con CC.OO-. sociales y ecológicas).
Este Seminario, que publicó unas conclusiones de cuya difusión no dispongo de indicaciones ni pruebas, perseguía «la reflexión sobre la respuesta específica que debería dar la educación a los desafíos nuevos y viejos que presenta la sociedad en ciernes del siglo XXI. Pensábamos entonces que esos retos sociales tenían origen en la ausencia de un sujeto histórico definido que respondiese-sobre todo en el sentido moral- del poder transformar del medio social y natural, propiciado por el desarrollo de las nuevas y viejas tecnologías …».
«Desde ese punto de vista, la educación, y en particular la educación científico-técnica, adquiere una importancia capital… Decidimos entonces centrar el debate en torno al análisis de la ciencia y la tecnología. Tarea que acometimos tomando como hilo conductor la biotecnología … ».
Parece claro que las comunidades profesionales y educativas, relacionadas con la aplicación de las tecnologías de la vida, han cumplido en el caso español con el papel que les corresponde como actores implicados en el desarrollo de una tecnología emergente. Pero el debate positivo de su acción dinamizadora encierra el contrapunto negativo de que las iniciativas promovidas han tenido un carácter esporádico, sin responder aparentemente a un plan estratégico y sin apoyarse en el seguimiento de sus efectos. Esta actuación española se sujeta más a un modelo físico, apoyado en impulsos, que a un modelo neuronal, basado en conocimientos, estrategias y redes.
El caso europeo. La revista “Science in School”
Sin embargo, el caso europeo a que hacemos referencia, sí responde a los patrones de un modelo neuronal con estrategia a largo plazo y formación de redes. La revista Science in School que se encuentra en su segundo año y se publica con una periocidad trimestral, cuatro números al año, ha sido promovida por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular, el conocido EMBL con sede en Heidelberg (Alemania).
El equipo editorial pertenece a ese laboratorio: la editora, Dra. Elcanor Hayes, la editora adjunta, Dra. Marlene Rau, los responsables de la maquetación y del diseño de la web, todos están afiliados al EMBL.
Sin embargo, el Consejo Editorial es más amplio y engloba a personas relacionadas con la mayoría de las otras grandes instalaciones europeas : el Instituto Laue Langevin, el Laboratorio Europeo sobre Radiación Sincrotron, el CERN, la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Sur (ESO), y algunas entidades alemanas y británicas implicadas en estas áreas del conocimiento. La composición del Consejo Editorial es el reflejo de dos circunstancias: la voluntad de tratar la formación de capital humano y social en ciencia en general, y no sólo en biología y biotecnología (abordar la educación y la formación con una visión inter y transdisciplinar), y el deseo de llevar a cabo esa tarea como misión europea.
Estas vocaciones se reflejan claramente en los contenidos de cada número de la revista. El sumario del número 8, correspondiente a la primavera de 2008 y último aparecido, recoge los siguientes temas: una crónica del Concurso de la Unión Europea, para jóvenes científicos, celebrado en Valencia; el artículo de fondo recoge una entrevista con el gerente de la misión Columbus de la Agencia Europea del Espacio en la que se detalla lo que es un laboratorio espacial; la sección que presenta la “Ciencia en la Frontera” continúa centrándose en el tema del espacio con un artículo sobre el Vehículo de Transferencia Automática que sirve para el apoyo logístico de la Estación Espacial Internacional, incluye otro artículo sobre la “Vida en Marte”, mientras que un tercero cambia de tercio para entrar en el terreno de la biología molecular del virus de la rabia y otros virus afines con el objetivo de prevenir la replicación viral.
La sección “Actividades educativas” trata de la cerveza de jengibre y de los aromas de los chicles; la sección “Proyectos educativos” hace referencia a dos casos: uno, en Ámsterdam que fomenta que los niños de 11 y 12 años diseñen y creen sus propias presentaciones y muestras expositivas, y otro que plantea la formación práctica en química. La sección sobre “Temas científicos” incide en algunos de los problemas más actuales: las investigaciones sobre el calentamiento global y sobre la atmósfera del sol.
La sección sobre “Perfiles científicos” aborda en dos artículos el brillante presente y el prometedor futuro; en el primero de ellos trata la exitosa trayectoria de un investigador consagrado, el catalán afincado en Estado Unidos Joan Massagué, en la búsqueda de una cura para el cáncer ; en el segundo se presenta la prometedora carrera de una joven investigadora de Zimbawe incorporada a la Universidad de Nottingham para realizar su doctorado sobre una arquebacteria, un organismo halotolerante. La sección sobre “Perfiles educativos” relata la arriesgada y sugerente apuesta de un brillante bioinformática del Instituto Europeo de Bioinformática (EBI, acrónimo del inglés) para transformarse en profesor de secundaria.
El número termina con las reseñas de tres libros que abarcan temas tan actuales y apasionantes como las relaciones entre genética y selección de bebés para prevenir eventuales capacidades, las posibilidades profesionales que se ofrecen a los estudiantes de química en la actualidad ,y un libro de ciencia ficción acerca de las posibles causas que explicarían la extinción de los Neandertales.
En suma, parece que los actores implicados en el desarrollo de las biotecnologías, tanto a nivel personal como institucional, tanto en el ámbito europeo como en el español, son conscientes de su papel esencial para acomodar el desarrollo económico y social a las nuevas y conflictivas circunstancias. Merecen, por lo tanto, un cierto crédito por parte de los responsables económicos y políticos en estos momentos de una nueva crisis del capitalismo, de que pueden ejercer un papel motor para la corrección de esa crisis, aunque no puedan ser los grandes salvadores de la misma por obvias limitaciones de tamaño y peso.