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Biotecnología de la Salud en el Espejo
Editorial
Las ideas de Charles Darwin y la investigación en biología. Una reflexión crítica desde la interdisciplinariedad
 

Profesor Emilio Muñoz
Profesor de Investigación del CSIC-Departamento CTS
Instituto de Filosofía

Este año 2009 se conmemoran dos eventos que traen a nuestro pensamiento la obra de Darwin. Se cumplen doscientos años de su nacimiento y el sesquicentenario de la publicación de la que se considera obra maestra del naturalista victoriano: “El origen de las especies”.

Me parece importante glosar la trayectoria y la obra de Darwin a la vista de reflexiones e ideas personales sobre la investigación en biología (Muñoz, 2006, 2007 y 2009), en las que la influencia darwinista ha estado, de modo más o menos explícito, siempre presente.

Por otro lado, una vez más recurro a la revista Investigación y Ciencia como fuente de información y de inspiración para analizar la situación de la ciencia más actual. El número de enero de 2009, un completo monográfico sobre Evolución, ha jugado un papel decisivo para la elaboración de este artículo.

Conceptos sobre la investigación en biología

Sostengo, y me reafirmo de modo creciente en esta tesis, que la investigación en biología procede de modo evolutivo y a saltos. Surgen con fuerza, en un determinado momento, una hipótesis, una idea, un hallazgo rupturistas, o un nuevo instrumento tecnológico (lo que llamaré “nivel básico o primario en la producción de conocimiento científico y tecnológico”). A partir de ese momento, la comunidad científica se afana en desarrollar trabajos sobre ese primer nivel: comprobar sus aciertos, modular o transformar sus puntos críticos o sus fallos, extender las aplicaciones (sería el “nivel secundario en la producción de conocimientos”). Finalmente, con posterioridad o en coincidencia temporal, se aplican estrategias analísticas comparativas para buscar apoyos para una eventual generalización de los datos o la confirmación de las tesis (“nivel terciario o de confirmación de los conocimientos”). Otra característica de la moderna investigación en biología es su naturaleza crecientemente interdisciplinar, aunque este rasgo ha estado siempre presente a lo largo de su historia, incluso en aquellos momentos en que la biología se investigaba esencialmente desde la perspectiva de las ciencias naturales (cuando el físico Rutherford la calificaba de “mera colección de sellos”). He recurrido para hacer más asequible esa concepción filosófica de la investigación en biología a algunas metáforas, como la de la carretera o autovia por la que se circula hasta encontrar paradas- buscadas o encontradas-, (nivel primario), y en las que desarrollan actividades (nivel secundario), para seguir luego por la carretera analizando las experiencias y siguiendo la ruta hasta un destino final (nivel terciario). También se puede recurrir a la analogía con el viaje exploratorio en el que se trata de alcanzar un destino con la utilización intermedia de estaciones para desarrollar actividades y estrategias que conducirán a un objetivo final. Bajo el prisma de la geometría, he recurrido a la idea de que la investigación en biología se desarrolla en círculos (nivel primario), figura en la que se pueden inscribir polígonos (nivel secundario) y con la que es posible establecer intersecciones para generar nuevas figuras (nivel terciario).

Otra fórmula para hacer más cercana esta interpretación de la investigación en biología es enumerar una serie de datos y hechos científicos que ejemplifiquen el nivel primario de conocimientos científicos o desarrollos tecnológicos que han permitido el trabajo posterior, contribuyendo a avances fundamentales en el conocimiento de los seres vivos. Entre ellos cito algunos como : microscopio, teoría del germen de la enfermedad, vacunación, antibióticos, enzimología, regulación enzimática (alosterismo), genética microbiana, síntesis de proteínas, microscopio electrónico, electroforesis, cromatografía, ultracentrífuga analítica y preparativa, cristalografía de proteínas, secuenciación, resonancia magnética nuclear, código genético, ingeniería genética, ingeniería de proteínas, transducción de energía y de señales, fotosíntesis, sinapsis, axones, estructura del sistema nervioso, receptores, y un importante etcétera…

La figura y la obra de Darwin viene a punto para ser analizada en función de estos planteamientos con el objetivo esencial de fijar su posición en el panorama de la biología.

1. Hechos críticos en la teoría de la evolución: datos y teoría.

Charles Darwin, estudiante poco brillante pero interesado desde su juventud en observar la vida salvaje y en la recolección de especímenes, inició los estudios de medicina, siguiendo los deseos de su padre. Pronto los abandonó por su rechazo a diseccionar los cadáveres. Finalmente, por las presiones de su padre que temía por el futuro de su hijo, se licenció en teología, aunque no parecía muy decidido a convertirse en pastor anglicano. De hecho, Darwin aceptó el puesto de naturalista a bordo del Beagle. En ese viaje, Darwin tuvo la oportunidad de contemplar el mundo natural y de reflexionar sobre lo que iría viendo. Experiencia que determinaría el curso de sus ideas y de su vida.

Sin embargo, en ese viaje Darwin no pareció ser consciente de haber emprendido un viaje que transformaría para siempre las ciencias biológicas. No hubo grandes instantes ni grandes revelaciones. El gran logro del viaje fue la recogida de una inmensa colección de datos, a partir de cuya diseminación le empezó el reconocimiento por parte de la comunidad científica.

Darwin empezó a formular sus teorías en el final de la década de 1830, pero no las hizo públicas hasta veinte años más tarde.

Hay una primera lección o recomendación a sacar de estas consideraciones: los datos precedieron a la teoría.

2. Los elementos básicos de la teoría: la necesidad de la experimentación.

Darwin recurrió a aproximaciones interdisciplinares para el desarrollo de su teoría. Tomó de la lectura de la obra “Principios de geología” de Charles Lyell la idea de cambio geológico gradual. Rechazó la idea de progreso lineal, como otros pensadores evolutivos de la época habían concebido la transformación biológica, por la que cada linaje de plantas o animales surgía por generación espontánea de la materia inanimada para progresar inexorablemente hacia mayores cotas de complejidad y perfección, para proponer lo que llamamos “evolución ramificada”.

Sin embargo, esta idea de árbol de la vida no explicaba el mecanismo de la evolución. A partir de la lectura de la obra de Thomas Malthus, Darwin propone la teoría de la selección natural, su idea más revolucionaria. En 1837 llegó a la conclusión de que el mundo natural no escogía de forma deliberada las características más favorables, sino que actúa ciegamente, prescindiendo de los individuos con características menos favorables.

El libro “El origen de las especies” se imprimió de forma apresurada en 1859 porque Aldred Rusell Wallace contaba con un manuscrito que llegaba a conclusiones casi idénticas.

Los dos principios básicos: evolución ramificada y selección natural, no fueron asimilados del mismo modo. El primero fue aceptado con rapidez, quizá porque surgía de una visión interdisciplinar y contaba además con aportes experimentales desde diferentes ámbitos científicos. El segundo, incluso en el seno de la comunidad científica, se demoró mucho más. Darwin no había descrito ningún mecanismo de la herencia. La teoría de la evolución no fue ampliamente aceptada hasta los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

Emergió entonces una síntesis neodarwinista que combinaba la selección natural de Darwin y la genética de Mendel. En 1959, centenario de la publicación de “El origen de las especies”, la selección natural parecía afianzado en el seno de la teoría, pero, desde entonces, la biología evolutiva (“evo-devo”) no ha hecho más que plantearse nuevas preguntas.

En los apartados siguientes se tratará de ir dando respuestas a algunas de ellas. Pero, en cualquier caso, la segunda lección o recomendación es clara, las teorías necesitan el apoyo de la experimentación y sólo, a partir de ella, se obtiene la confirmación o la necesidad de una revisión, en una actuación de forma circular en la que intervienen procesos de retroalimentación. Esto parece apuntar hacia la confirmación de la visión que he expuesto acerca de cómo procede la investigación en biología.

3. El estatuto de la selección natural desde la genética

El proceso de la sección natural parece hoy día asentado desde el punto de vista de la genética con el soporte de algunas otras metodologías (véase H.A. Orr, “Genética de la selección natural”, Investigación y Ciencia, enero de 2009, nº 388, pp. 18-25).

Es interesante señalar que para comprender el proceso, se ha tenido que contradecir el concepto darwinista del gradualismo. De hecho, la mejor forma de apreciar la evolución que se produce mediante selección natural, consiste en estudiar organismos cuyo ciclo biológico sea corto, de forma que sea posible observar muchas generaciones. Las bacterias han constituido una vez más el instrumento biológico fundamental para aproximarse a este problema.

A partir de estas investigaciones se han acuñado conceptos como el de “eficacia biológica”, que expresa la posibilidad de sobrevivir o reproducirse en un ambiente dado, mientras que se han aclarado otros como la “evolución adaptativa”, que constituye un proceso de dos pasos, con una estricta división del trabajo entre la mutación y la selección. En cada generación, las mutaciones aportan a la población nuevas variantes génicas; la selección natural hace una criba: según el ambiente, reduce la frecuencia de las variantes “malas” (no adaptativas) e incrementa la frecuencia de las variantes “buenas” (adaptativas), La biología matemática ha arrojado luz sobre la selección natural, al demostrar que cuanto más adaptativa es una variante génica, mayor es el incremento de su frecuencia en la población.

Estos argumentos parecerían apoyar las tesis de que la lógica de la selección natural parece válida para cualquier nivel y entidad biológica: de genes a especies. Sin embargo, la idea más aceptada es que la selección actúa especialmente sobre individuos o variantes génicas.

Si esto es así, la cuestión de “en qué grado es responsable la selección natural de los cambios en el acervo génico de una población” debía ser una de las respuestas más sencillas. Sin embargo, este no ha sido el caso.

La teoría neutralista de la evolución molecular

Hasta los años sesenta del siglo pasado, se dio por supuesto que “casi el ciento por ciento” del cambio acumulado en el ADN, tras millones y millones de años, se debía a la selección natural. Sin embargo, un grupo de genéticos de poblaciones, liderados por Motoo Kimura, cuestionó esta visión, aduciendo que la evolución molecular no estaba dirigida por la selección natural positiva, sino que casi todas las mutaciones que permanecían o alcanzaban tasas elevadas en una población, eran neutras, es decir no ejercían ningún efecto apreciable (positivo o negativo) sobre la “eficacia biológica”. Esta visión dio origen al concepto de deriva genética aleatoria, núcleo de la teoría neutralista de la evolución molecular.

Esta teoría neutralista hizo fortuna de forma que, hacia los años ochenta del siglo pasado, una mayoría de genetistas evolutivos la había aceptado. No obstante, faltaban pruebas directas ya que la evidencia que la respaldaba era esencialmente indirecto.

Dos avances metodológicos y de naturaleza estadística han permitido concluir que la teoría neutralista subestima la importancia de la selección natural. Estos avances combinan pruebas estadísticas, que permiten distinguir entre cambios neutros y cambios adaptativos en el genoma, con la obtención de una ingente cantidad de datos a los que aplicar esas pruebas, y que derivan de las nuevas técnicas de secuenciación de genomas completos de diversas especies.

Estos nuevos datos proporcionan una solución mixta, no exclusiva. Excluyen, por lo menos, un 19 por ciento de 6000 genes en el caso estudiado de dos especies de Drosophila, es decir que una quinta parte de los genes estudiados evolucionó por selección natural, mientras que algunos de los genes del 81 por ciento restantes debieron evolucionar por deriva genética.

La evolución adaptativa: retos y preguntas

En todo caso, están claras las dificultades para identificar los cambios genéticos responsables de la evolución adaptativa que se traduce en cambios de las características físicas. Las preguntas a las que se intenta responder para comprender la adaptación de un organismo, mediante selección natural, a un ambiente nuevo, son como las siguientes. ¿intervienen muchos o pocos genes en el cambio? ¿se pueden identificar esos genes? ¿están implicados los mismos genes en casos independientes de adaptación al mismo ambiente?, y no tienen respuesta fácil. La principal dificultad reside en que el incremento de “eficacia biológica”, debido a una mutación beneficiosa, puede ser muy pequeño y manifestarse con gran parsimonia en los cambios evolutivos.

Para afrontar su estudio, se recurre a colocar poblaciones de individuos con una elevada tasa de reproducción en ambientes artificiales. De nuevo hay que utilizar microorganismos, e incluso, avanzando en estrategias más interesantes, se recurre a utilizar organismos con un genoma de tamaño muy reducido y que pueden aprovecharse de la elevada velocidad de duplicación de las bacterias. Tal es el caso de experimentos llevados a cabo con bacteriófagos- el tamaño de su genoma permite la secuenciación del mismo en cualquier fase del experimento- que infectan a Escherichia coli, la bacteria intestinal común que se duplica cada 20 minutos en un medio adecuado.

Estos datos experimentales sirven para demostrar la evolución por selección natural en marcha, pero no explican la evolución en tiempos y condiciones más naturales.

Para ello, hay que recurrir a un nuevo instrumento biológico y los evolucionistas suelen centrarse en poblaciones o especies que han estado separadas durante tiempo suficiente para poder descubrir las diferencias adaptativas, producidas por la selección natural y sometidas luego a escrutinio genético.

Un caso representativo es el de dos especies de plantas del género Mimulus. Estas especies rara vez se cruzan en la naturaleza por su aislamiento reproductor a causa de los polinizadores: una de las especies es polinizada por pájaros y nunca por abejorros; la otra tiene un patrón inverso: la polinizan los abejorros y casi nunca los pájaros (colibríes). El color de las flores explica en gran medida estas diferencias. El análisis genético revela que del control de las diferencias cromáticas se encarga sobre todo un gen. Estos estudios sobre el género Mimulus muestran que las mutaciones en lo que parece ser un solo gen, contribuye a la divergencia de una nueva especie. Una interesante confirmación se obtuvo a partir de la creación de dos tipos de híbridos mediante el desplazamiento de una región cromosómica que contiene el gen en cuestión. Los polinizadores cambiaron su comportamiento respecto a los híbridos: los pájaros visitaron con alta frecuencia a la especie hibrida polinizada por abejorros, y al revés, la planta hibrida polinizada por pájaros fue visitada por abejorros con elevada frecuencia.

Este dato da soporte a una de las afirmaciones más destacadas de Darwin y que concernía a que la selección natural explicaba la formación de nuevas especies, cuestión que sigue ocupando un puesto central en la biología evolutiva. Este debate exige la comprensión del termino “especie”, algo que no es sencillo ni está claro. A diferencia de Darwin, los biólogos modernos suelen adherirse al “concepto biológico” de especie, las especies están reproductivamente aisladas entre si, su constitución genética evita el intercambio de genes. Para los biólogos contemporáneos, la cuestión de si la selección natural dirige el origen de las especies, se reduce a la pregunta de si la selección es responsable del aislamiento reproductivo.

Durante la mayor parte del siglo XX, se creyó que la respuesta a esta pregunta era negativa. Hay datos recientes que cambian el sentido de la respuesta con casos como el descrito, del género Mimulus y también con la identificación de genes de la mosca de la fruta (Drosophila) que causan en los híbridos esterilidad o inviabilidad. Esos genes de la mosca desarrollan varias funciones normales: codifican enzimas, proteínas estructurales y proteínas de unión al ADN, y exhiben dos patrones llamativos: han divergido muy rápidamente y además estudios de genética de poblaciones apuntan a que esa evolución acelerada ha estado guiada por la selección natural.

Una tercera lección o recomendación es que existen bases experimentales para la teoría de la evolución de Darwin; sin embargo, estas demostraciones han requerido buscar diseños e instrumentos para la experimentación en situaciones o bajo condiciones especiales. Además, los datos obtenidos no son excluyentes entre las opciones, lo que pone de relieve la relevancia de las soluciones híbridas o mixtas en biología. Estos hechos refuerzan las ideas avanzadas sobre la forma en que se desarrolla la investigación en biología y ello ocurre precisamente en la indagación sobre uno de los edificios básicos (lo que podríamos llamar Capilla Sixtina) de la biología: la teoría de la evolución.

4. La variación al descubierto: las imperfecciones perfectas de la teoría de Darwin

La teoría de Darwin era, a la vez, general y simple. No pretendía saber de que modo surgió la vida, pero, una vez que hubo vida, los organismos debieron empezar a cambiar lentamente y a diversificarse por un proceso natural. Todos los seres vivos varían y las diferencias se heredan. Para convencer del poder acumulativo de la variación espontánea, Darwin aludía a los enormes cambios de tamaño y forma que habían tenido lugar en las plantas, las palomas y los animales domésticos, después de unos cuantos siglos de mejora vegetal y animal por parte de los seres humanos.

Algunos de sus colegas captaron de inmediato la solidez de la argumentación de Darwin. Pero no convenció, sin embargo, a uno de sus héroes científicos, a la persona cuya opinión valoraba “más que la de cualquier otro ser humano”, Sir John Herschel, autor del tratado de filosofía natural que le atrajo al campo de la ciencia. En ese tratado, Hersctiel describía el origen de las especies como el “misterio de los misterios”, aunque lo atribuía quizá solo a procesos naturales. Darwin citaba estas palabras en el primer párrafo del libro “El origen de las especies” y ofrecía al mundo la resolución de ese” misterio de los misterios”. Sin embargo, Herschel no creía que pudieran surgir rasgos útiles y especies diferentes por simple variación aleatoria; en su ejemplar personal, Herschel señalaba que “primero tiene que producirse una variación favorable si es que se ha de lograr algo”. Darwin no sabía nada acerca del origen de los rasgos variantes, lo que condujo a Herschel a considerar que si Darwin no podía explicar el origen de la variación, tampoco disponía de una teoría suficiente para explicar el origen de las especies.

Todas estas interesantes consideraciones figuran en el artículo de David M. Kingsley del número 388, de enero de 2009, de la citada publicación Investigación y Ciencia en la primera página de las 26-33 que comprende bajo el título “Del átomo al carácter”. Sin embargo, ese artículo recoge el argumento de que, a lo largo de los 150 años trascurridos desde la aparición de la teoría de Darwin, se han resuelto, gracias a los importantes avances en el conocimiento de genes y genomas, cuestiones clave relativas a los rasgos de los organismos: su transmisión a las generaciones siguientes y la forma en que experimentan el cambio evolutivo.

Señala Kingsley que: «Igual que la teoría misma de Darwin, las causas de la variación suelen ser simples; los efectos, de largo alcance. Y como corresponde, a ese conocimiento se ha llegado tras una serie de pasos, muchos de ellos dados en el momento justo para celebrar algunos de los sucesivos cincuentenarios del libro de Darwin».

Estos pasos se resumen del siguiente modo:

- Gémulas: el propio Darwin, nueve años después de “El origen de las especies”, propone que una nueva variante de un rasgo podría transmitirse de padres a hijos y, por lo tanto, a la población en general mediante partículas “infinitamente pequeñas” a las que llamó gémulas, y las cuales secretadas por las células, transportarían la esencia de las partes corporales de donde proceden hasta los órganos reproductoras.

- Los factores mendelianos: el redescubrimiento de las leyes de Mendel sobre la herencia a principios del siglo XX, permitió recoger el concepto de los factores discretos que portaban la información de los caracteres, factores de los que cada individuo portaba, dos copias (una procedente de cada progenitor); aunque las dos estaban presente, sólo una dominaba y producía el rasgo viable.

- La doble hélice: en 1953 cuando F. Crick y J.D. Watson propusieron la estructura del ADN, ya se conocía que la molécula era el vehículo para la información de los rasgos de los organismos (experimento de Avery, McLeod y McCarthy sobre el neumococo). La imagen del par de hebras, unidas mediante bases químicas complementarias, sugería tanto un alfabeto para trasmitir el mensaje genético como un mecanismo para que éste cambiara. En cada ocasión que una célula se divide, se produce una copia de sus cromosomas, lo que supone una oportunidad de que se introduzcan errores “tipográficos” en la secuencia de bases.

- La regulación génica: los factores de Mendel se bautizaron como genes y tradicionalmente se definen como segmentos de ADN que codifican una proteína. Las mutaciones (errores tipográficos) pueden alterar, o directamente incapacitar, a los genes, pero en el trascurso de la última década se ha identificado otra importante fuente de variación: las mutaciones que afectan a regiones del ADN, responsables de regular cuándo y dónde se activa un gen en el organismo.

Kingsley defiende en su artículo la importancia de la variabilidad aleatoria simple frente a las críticas de Herschel que la rechazaba, reclamando que rasgos nuevos y útiles requerían “mente, plan, diseño” y excluía “el azar como sujeto y el concurso casual de los átomos”. Kingsley sostiene su defensa invocando que: después de 150 años de investigación, podemos catalogar variantes espontáneas en la secuencia del ADN que ocurren cada vez que un genoma complejo se transmite de padres e hijos.

Sólo una minúscula fracción de dichos cambios tiene probabilidad de mejorar la información hereditaria original y el carácter que de ella deriva, no de degradarlos. Con todo, los guisantes más dulces, los músculos mayores la capacidad de correr más deprisa, la adquisición de tonos de piel claros, o la capacidad de digerir nuevos alimentos, han surgido del concurso causal de átomos por medio de disposiciones nuevas y sencillas en la secuencia del ADN de guisantes, perros y humanos.

5. La evolución por selección de grupo

Este concepto fue aceptado por muchos de los primeros evolucionistas sin demasiada reflexión.

Sin embargo, a mediados de 1960, las ideas relativas a la selección de grupo estaban muy mal vistas; de hecho, se evitaba la expresión en los manuales y la bibliografía científica. Cuando los biólogos observaban conductas que parecían beneficiosas para el grupo o la especie, se esforzaban por explicarlas únicamente por medio de la selección a nivel individual. Los animales cooperarían porque comparten genes (“selección por parentesco”) o por una probable ayuda recíproca en el futuro. El altruismo aparente se interpretaba como un egoísmo inteligente.

En el número ya citado de Investigación y Ciencia, D.S. Wilson y E.O. Wilson se plantean en el artículo “Evolución por el “bien del grupo” (pp. 46-57),la conveniencia de hacer una valoración más cuidadosa y sin prejuicios de la selección de grupo en el pensamiento evolucionista. En opinión de los autores: « La forma más ingenua de la selección del grupo - la que axiomáticamente supone que la conducta evoluciona por el bien del grupo- es insostenible ».

Para tener una idea de la selección de grupo, hay que comparar la supervivencia y reproducción de los individuos de manera adecuada. El modelo que se propone es el de las “muñecas rusas”. En cada nivel de jerarquía, la selección natural favorece un conjunto distinto de adaptaciones. A esta visión de la evolución se le denomina “teoría de la selección” multinivel”.

Aunque este término es más reciente que el de “selección de grupo”, la lógica de las muñecas rusas, señalan Wilson y Wilson (por cierto sin parentesco entre sí), estaba ya presente en la obra de Darwin. Darwin no habría pensado en la selección de grupo si no hubieran existido rasgos que son selectivamente desventajosos dentro de los grupos.

Hay casos que ilustran que la selección entre grupos puede ser una fuerza evolutiva significativa como los que ofrecen los sifonóforos, colonia de individuos con formas y funciones especializadas: locomoción, captura de presas, digestión y asimilación, incluso existe un sistema nervioso rudimentario; el Dictyostelium discoideum, ameba unicelular que habita en el suelo y que, cuando el alimento escasea, millares de amebas se unen para afrontar la crisis; o la bacteria Pseudomonas fluorescens que ilustra el equilibrio entre la selección individual y la del grupo: en un medio sin agitar sólo pueden crecer en la superficie, hay células que pueden segregar un polímero, con alto coste metabólico, que forma un tapete flotante que permite la supervivencia – hay otras células aprovechadas que viven del coste ajeno y que se reproducen más rápidamente-, pero cuando son demasiado numerosas, el tapete rompe y todas se hunden en una “ tragedia de los bienes comunes o comunales”.

Otros casos analizados en el artículo de los Wilson desde la teoría de la “selección multinivel” aplicada a la selección de genes dentro de los individuos: el caparazón de la tortuga, los insectos eusociales, las termitas, la idea de mente grupal, las gallinas en jaulas, los escarabajos de la harina, la evolución humana, apuntan hacia la noción de que en los debates entre adaptación y selección natural, la victoria se sitúa en el término medio.

En resumen, la selección natural actúa en los distintos niveles de la jerarquía de los sistemas biológicos, a saber: entre los genes dentro de los individuos, entre los individuos dentro de los grupos de individuos, entre los grupos dentro de las poblaciones, e incluso a niveles más altos. La selección en un nivel inferior puede socavar la que opera en un nivel más alto. Para determinar cual se impondrá, hay que analizar caso por caso (cuarta lección o recomendación).

6. Plataforma, desde una mirada interdisciplinar, de lecciones y recomendaciones extraídas de la teoría de la evolución.

  • Se ha puesto de manifiesto la interrelación entre teoría y experimentación como lógica e instrumento: la relación es de interdependencia y no de jerarquía. Esta consideración supone una advertencia para los científicos sociales inclinados a reconocer el predominio del marco teórico sobre los resultados.
  • La teoría de la evolución constituye uno de los grandes edificios de la investigación en biología, relevancia que se incrementa con el paso del tiempo, de ahí que la hayamos calificado como Capilla Sixtina de la biología.
  • La riqueza y complejidad de la teoría de la evolución pone de manifiesto la importancia de la aproximación interdisciplinar para avanzar en su comprensión, modular las bases de su conocimiento, y buscan la adaptación entre teoría y realidad. Es indudable que la idea de evolución ramificada gozó de una más rápida y fácil aceptación que la selección natural. Quizá eso se deba a la mejor y más fácil conexión con la visión inter y multidisciplinar. De hecho, la selección natural ha encontrado, como era lógico, los grandes apoyos en la genética, pero sus soportes han ido aumentando, a medida que las aproximaciones experimentales se iban enriqueciendo con métodos y estrategias aportadas por otras disciplinas.
  • Las generalizaciones no son fáciles en el análisis de la teoría de la evolución, sobre todo en lo concerniente al concepto de selección natural. De ahí que emerja con fuerza la importancia del análisis caso por caso, una fórmula que se aplica y recomienda desde hace tiempo a la valoración de potenciales riesgos de las aplicaciones biotecnológicas en agricultura.
  • La hipótesis de que la investigación en biología sigue patrones de producción de conocimiento en diferentes niveles, y de acuerdo con trayectorias en círculo en la que se inscriben diferentes logros y estrategias, encuentra una valiosa confirmación con el presente análisis de la teoría de la evolución.
  • Por último, a partir de conceptos emergentes tomados de las ciencias sociales y las humanidades, como los de flujos de conocimientos -para reemplazar el concepto monodimensional de transferencia de conocimiento- y el de gobernanza- para dar cuenta de la participación social, la negociación y la intervención de varios niveles en la gestión política-, propongo que se reconsidere la visión de la relación entre dotación génica y medio ambiente como una relación de diálogo – no de preeminencia de uno u otro de esos factores – lo que llevaría a interpretar la evolución por selección natural como resultado de procesos de “gobernanza biológica”.

Referencias bibliográficas

E. Muñoz , “Conflict between Knowledge and Perception: New Spaces for the Comprehension and Management of the Science around the “New Biology”, en Contemporary Perspectives in Philosophy and Methodology of Science (W.J. González y J. Alcolea, eds), págs. 149-164, Netbiblo, A Coruña. Año 2006.

E. Muñoz, Prólogo del Libro La Investigación Científica Española (1995-2002); una aproximación métrica, (Autores: Zaida Chinchilla Rodríguez, Félix de Moya Anegón), págs. 15-19, Editorial Universidad de Granada (eug), Granada. Año 2007.

E. Muñoz , “ Reflexiones y lecciones sobre la sección de Biología”, Enciclopedia España siglo XXI, Vol. 4 Ciencia y Tecnología (S. del Campo, J.F. Tezanos eds.) , págs. 555-563, Biblioteca Nueva, Madrid. Año 2009.



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