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Biotecnología de la Salud en el Espejo
Editorial

Opiniones ciudadanas sobre ciencia y tecnología en Europa: democracia participativa y apoyo a la salud
 

Emilio Muñoz, Instituto de filosofía, CCHS, CSIC

En este editorial se extractan aquellos resultados que subrayan el apoyo ciudadano a la salud como objetivos y prioridad reconocidos a través de este ejercicio de democracia participativa que es el Eurobarómetro especial 2010 sobre ciencia y tecnología.

Las encuestas europeas sobre ciencia y tecnología han estado ligadas a importantes iniciativas políticas. El año 2010 ha sido un año abundante en encuestas, y aunque los argumentos que justifican esas iniciativas no han figurado de modo explícito en los sondeos, sí se puede colegir que estas encuestas se han basado en varios hechos: reconocimiento del fracaso de la Estrategia de Lisboa del año 2000, enfrentamiento a nuevos y exigentes desafíos como la globalización, el cambio climático, el progresivo envejecimiento de la población. En la primavera de 2010, la Comisión Europea lanzó la Estrategia Europea 2020 con el objetivo de superar la crisis y preparar la economía para conseguir que sea capaz de estimular el crecimiento y crear más puestos de trabajo por la vía de convertirse en más ecológica e innovadora.

Esta revisión de la Estrategia de Lisboa de 2010, para proyectarse en una nueva Estrategia 2020, justifica la realización de un Eurobarómetro especial para evaluar las actitudes y percepciones de los ciudadanos europeos ante la ciencia y la tecnología, comprobar si estas posturas han cambiado desde 2005 y si reflejan tomas de posición ante los efectos de la Estrategia de Lisboa.

En el Eurobarómetro que vamos a analizar sintéticamente, de forma que se entresaquen algunos datos pertinentes para el objetivo de esta sección y se ponga el énfasis sobre la situación de España, se han estudiado seis grandes puntos que forman los capítulos de la encuesta. Estos capítulos o grandes temas son: Interés y nivel de información de los ciudadanos europeos; Imágenes y conocimiento respecto a la ciencia y la tecnología; Actitudes hacia la ciencia y la tecnología; Responsabilidades de los científicos y de quienes toman las decisiones (los “decisores políticos”); Estudios científicos y el papel de las mujeres y los jóvenes; Efectividad de la dimensión europea de la investigación científica.

En el primer capítulo sobre Interés, entre otros temas, se ha comparado el interés ciudadano por los nuevos descubrimientos médicos y los desarrollos científicos y tecnológicos con el que suscitan otros cuatro temas: deportes, política, problemas medioambientales, cultura y artes.

Los encuestados muestran niveles de interés razonablemente elevados por todos los temas con los problemas ambientales situándose en cabeza (88% con la suma de los que se manifiestan muy y moderadamente interesados), mientras que los nuevos descubrimientos médicos y los hallazgos científicos y tecnológicos ocupan la segunda y tercera posición.

Las diferencias entre países son marcadas .España ocupa la posición 17 entre los 32 países analizados, con niveles muy cerca de la media europea.

En el capítulo sobre Actitudes que es el más rico y complejo, la primera sección estudia el efecto de la ciencia y la tecnología sobre el entorno.

El primer tema explorado es el tratar de valorar el optimismo ciudadano ante la ciencia y la tecnología. El 66% de los encuestados reconocían que la ciencia y la tecnología contribuyen a que nuestras vidas sean más saludables, fáciles y confortables. España con el 72% de respuestas favorables se sitúa en el primer tercio de los países optimistas.

Cuando, como segunda cuestión, el tema de los efectos positivos de la ciencia y la tecnología se focalizan en la salud, la opinión pública europea es menos positiva (solo el 52% responden positivamente, el 26% adopta actitudes neutras y el 19% está en desacuerdo). España con el 63% que se revelan de acuerdo ocupa la cabeza del segundo cuartil (la posición 9).

En ese mismo capítulo, la quinta sección penetra en el terreno de la ética de naturaleza ludita al plantear a los ciudadanos que se pronuncien sobre el posible uso de animales como perros y monos para la solución de problemas de salud humana.

La opinión pública europea se muestra dividida con un 44% que se manifiesta de acuerdo con ese uso y el 37% en desacuerdo. España, quizá como lógico efecto cultural, ocupa la primera posición de aceptación de tal uso con un 65%, mientras que un 18% se muestra en desacuerdo.

La utilización de animales como soporte para abordar la solución de problemas de salud humana se profundiza sometiendo a escrutinio demoscópico el uso de animales distintos a perros y monos, como los ratones. Esta propuesta goza de mayor aceptación con amplia mayoría del 66% que aprueba el uso de ratones para soporte de la investigación en problemas de salud humana, mientras que el 18% lo desaprueba. España sigue situándose de modo claro en el lado de la aceptación (75% aprueba; 11% desaprueba).

La octava sección examina la posición que tienen los europeos sobre el efecto de la ciencia y la tecnología en hacerles la vida más saludable. Las respuestas muestran que una relativa mayoría (56%) creen que esta percepción es compartida por el conjunto de los europeos. España, como en toda declaración relacionada con la salud, proyecta una opinión favorable sobre esta percepción con el máximo de un 69% de acuerdo y el 12% en desacuerdo, ocupando la primera posición.

En el capítulo sobre “Responsabilidades de los científicos y de los que toman decisiones políticas”, se trata de examinar como los europeos perciben los papeles y las responsabilidades de los principales actores implicados en el fomento y ejecución de las actividades científicas y tecnológicas, tanto en su ámbito de actividad específico como en el de sus relaciones con la sociedad, analizándose también la efectividad de los mensajes científicos.

Se trata por lo tanto de un capítulo analítico de la opinión pública, inspirado en la orientación de los estudios CTS y apoyado en conceptos, sujetos a crítica y debate, como gobernanza y responsabilidad social, pero que personalmente defiendo y considero valiosos para enfrentarnos a nuevas orientaciones en el gobierno participativo de los temas de ciencia y tecnología. La primera sección persigue examinar la relación entre los científicos y la sociedad.

Con este fin, el primer ejercicio analítico del capítulo somete a escrutinio una batería de cuestiones relativas a la implicación del público en las decisiones sobre ciencia y tecnología y el grado de información que debe llegar a la sociedad sobre estas decisiones.

Ante la pregunta ¿cuál es la implicación del público que se estima apropiada en las decisiones sobre ciencia y tecnología?, se obtienen los siguientes resultados:

- El 36% de los encuestados europeos apoya que las decisiones sean tomadas por científicos, ingenieros y políticos y que el público deberá ser informado. España con un 40% de respuestas en este sentido se sitúa por encima de la media europea, pero siempre en esa posición intermedia que se manifiesta a lo largo de la encuesta.
- El 29% favorece la opción de que el público debería ser consultado y que esta opinión pública sería tenida en cuenta solo para decisiones en ciencia y tecnología. España opta por esta opción con menor fuerza, un 19% solo.
- El 14% sostiene que la opinión pública debería ser obligatoria en las decisiones sobre ciencia y tecnología. España supera ligeramente la media europea en esta opción (17%).
- El 8% respalda que las ONGs deberían ser socios en la investigación científica y tecnológica. España se sitúa ligeramente por encima de la media europea con el 9% en el soporte a esta declaración.
- El 7% favorece la opción negativa de que el público no necesita estar implicado en las decisiones sobre ciencia y tecnología. España está un punto por debajo de la media en esta opción (6%).
- El 1% declara espontáneamente que está de acuerdo con ninguna opción, que en el caso de España recoge el 2%.

La distribución de esta batería de posiciones entre los 32 países de la encuesta es muy variada; los primeros puestos se reparten, como ocurre en las cuestiones anteriores, entre diversos países.

La segunda sección se focaliza en el análisis de la relación entre quienes toman las decisiones políticas (los decisores) y la ciencia. La única cuestión aborda, a través de una batería de opciones de profesionales e instituciones, cuáles son los (agentes) más calificados para informar a la sociedad sobre los impactos del desarrollo científico y tecnológico.

Los resultados más relevantes para el presente objetivo son los siguientes:

- Los científicos del sector público concitan el 63% del apoyo para esta tarea. La comparación entre 2005 y 2010 registra un aumento de 11 puntos. España lo hace con un soporte del 68%, porcentaje superior en 5 puntos a la media europea.
- Los científicos que trabajan en laboratorios industriales son reconocidos para esta tarea por el 32% de los encuestados europeos con un incremento de 6 puntos con respecto al año 2005. España con un 34% de menciones mantiene el ligero nivel superior a la media europea.
- Los médicos son citados por el 26%, con un incremento de 3 puntos con respecto al año 2005. España con el 24% se sitúa ligeramente por debajo de la media europea.
- Estos tres colectivos son los que lideran claramente sobre una serie de instituciones: las asociaciones pro-ambientalistas que recogen el sufragio del 24%, las organizaciones de consumidores reconocidas para los fines de la cuestión planteada por el 23%, los periodistas de televisión reconocidos por el 20%, de los encuestados, los periodistas de prensa escrita con un 16% de respuestas, los representantes gubernamentales alcanzan el 11% de respuestas, los políticos reciben un soporte del 6%.,la industria mantiene el 6% de sufragios que recogió en 2005.,los intelectuales y escritores reciben el 6% de respuesta de confianza por parte de los encuestados europeos, la confianza que se presta los militares en este tema es sorprendentemente baja (2%) y finalmente los representantes regionales suman idéntico bajo porcentaje (2%).

El último capítulo estudia la opinión pública acerca de la Efectividad de la política de fomento de la investigación científica de la Unión Europea, distribuyendo los temas en tres secciones: la primera analiza las cuestiones relativas a la investigación en el seno de la UE; la segunda se focaliza en los procesos de colaboración entre la UE y otos países; la tercera explora los beneficios de la investigación conjunta europea para llegar con la ciencia europea al nivel de excelencia mundial.

1-La primera sección incide en cuestiones relacionadas con la investigación en Europa.

-El primer apartado, plantea tres aspectos que se someten a encuesta, en relación con la inversión, analizando tres perspectivas: niveles de inversión, inversión en instituciones y prioridades de investigación.

El primero de ellos trata de pulsar la opinión de los ciudadanos acerca del nivel de la inversión de la UE en investigación, sometiendo tres alternativas:” insuficiente”, “adecuado”, “demasiado elevado”. Las respuestas están divididas con un 31% de las mismas que apuestan por nivel “insuficiente”, un 32% optan por “adecuado” y un 7% que lo considera “demasiado elevado”. Es importante señalar que un elevado porcentaje, 30%, de encuestados no responden a esta cuestión. En España, los ciudadanos adoptan mayoritariamente la opción “insuficiente”. España, presenta 8 puntos más que la media en esta opción, 8 puntos menos en la de “adecuado” y 2 puntos menos en la de “demasiado elevado”.

El segundo aspecto a analizar se refiere a la inversión en instituciones de investigación. Para ello se pregunta a los ciudadanos europeos en cual de las siguientes instituciones: universidades, laboratorios públicos, empresas privadas, otros (respuesta espontánea) apoyarían la inversión europea. La distribución media es la siguiente: 74% optan por universidades; 55% eligen laboratorios públicos; 18% apuestan por empresas; 3% escogen otras instituciones de forma espontánea. Es importante señalar en un tema que requiere pericia y conocimiento, el bajo porcentaje (2%) que se engloba bajo el rótulo de “no saben/no contestan”. Las respuestas españolas son: 77% por universidades (4 puntos superior a la media europea); 71% para laboratorios públicos (16 puntos por encima de la media europea,, segunda posición), 18% para empresas- en la media europea y en línea con el segundo cuartil-; 3% para la opción espontánea de otras instituciones y el 1% de quienes no saben/ no contestan.

El tercer punto que concierne a la decisión del público para escoger prioridades que deben ser abordadas por los investigadores en la Unión Europea, se analiza presentando a los encuestados una batería de temas: salud, energía, medio ambiente, temas socio-económicos, tecnologías manufactureras, investigación espacial, nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), otros (respuesta espontánea). La distribución europea es la siguiente: salud (40%), energía (20%), medio ambiente (18%), socio-economía (14%), tecnología manufacturera (2%), espacio (2%), TIC (1%), otros (0%); de nuevo es interesante, y esperanzadoramente positivo, señalar que en un tema de cierta especialización solo el 2% de los encuestados se alinean con la opción no saben/ no contestan. En lo que respecta a las respuestas desde España, inciden como prioridad primera en la salud ( 46%, 6 puntos por encima de la media europea ), muestran menos apoyo por la energía (10%, la mitad de la media), medio ambiente (13%, 5 puntos menos que la media); apuestan por las cuestiones socio económicas (22%, 8 puntos sobre la media); y se mantienen en la media de otras tres opciones: tecnología manufacturera, espacio, no sabe/no contesta con el 2%; son más favorables para las TIC con el 2%, doble de la media , y el epígrafe otros que alcanza el 1%.

Algunas reflexiones

Sobre las actitudes por países

Los países muestran una gran diversidad de resultados y comportamientos a lo largo de las respuestas de sus respectivos ciudadanos, con lo que se pone de manifiesto una vez más la dificultad de considerar a la Unión Europea como una entidad única, social y política.

El nivel de desarrollo científico y tecnológico de los distintos países no tiene un gran valor para discriminar sus reacciones. Hay países de alto nivel que desvelan comportamientos marcados por la confianza en la ciencia y la tecnología y por el optimismo por sus procesos e impactos, como Holanda, Suecia, aunque no dejan de manifestar reservas según los temas sujetos a encuesta, y otros de menor desarrollo en términos de inversión y capacidad como Chipre y Malta que lideran muchas de las posiciones de confianza y optimismo en al ciencia, la tecnología y en los actores que las desarrollan y las promueven. Hay por otro lado países desarrollados como Austria y Francia que en algunos, relevantes, aspectos de la encuesta se revelan caracterizados por su marcado pesimismo y la desconfianza ante la ciencia y la tecnología. Hay países cuyos ciudadanos muestran reacciones complejas y erráticas, entre los que cabe mencionar como ejemplo a Irlanda y Finlandia en la UE, o Turquía entre los asociados. En todo caso conviene insistir en la gran cantidad de variaciones e irregularidades, a veces hasta sorprendentes, en los resultados de casi todos los países. Quizá la excepción, de un modo que no deja de chocar, sea España que muestra unas tendencias en la reacción muy equilibradas, adecuadas a su posición de país intermedio en el desarrollo científico y tecnológico pero convencido del papel importante de la ciencia, y ello a pesar de no emerger como un país con ciudadanos muy cultivados e informados sobre estas cuestiones. España lidera además en aquellos temas en los que su sociedad se siente involucrada cultural o socio políticamente (salud, empleo de animales para mejorar la salud humana, apuesta por Europa).

Sobre aspectos estratégicos

El reconocimiento de la importancia de la ciencia y la tecnología para contribuir a bienes de naturaleza común como la salud en primer término, de la energía y el medio ambiente en segundo lugar, es una de las conclusiones más relevantes de la encuesta y que destacan ante el escaso de porcentaje de apoyo que se le presta a otros temas, o tecnologías, asimismo muy importantes pero que no se asocian con ningún bien común o social, sino con signos de progreso económico o de prestigio como las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), el espacio o la tecnología manufacturera.
La investigación sobre las dimensiones y dinámicas políticas en relación con la Unión Europea revela importantes diferencias entre los países, con algunos de ellos que ponen de manifiesto un marcado pro-europeísmo como Chipre, Suecia, y un país no miembro como Noruega, y la propia España. En el lado opuesto sobresalen Turquía, quizá ya desilusionado en su papel de aspirante, Rumania y el Reino Unido que no destaca precisamente por su entusiasmo y confianza en la investigación europea común.




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