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La innovación tecnológica en medicina ha aportado en las últimas décadas mejoras sustanciales a la supervivencia y a la calidad de vida de la población. Sin embargo, hay numerosos problemas para los cuales no hay una opción terapéutica satisfactoria. Para muchas enfermedades no existen tratamientos eficaces, como es el caso del cáncer, el Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis múltiple; algo similar puede afirmarse de dependencias como las que generan la nicotina y el alcohol. La seguridad de muchos tratamientos también deja que desear: las reacciones adversas de los medicamentos afectan al 10-20% de los pacientes hospitalizados y a más el de 7% de la población en general.
Desde una perspectiva económica se constata que el gasto sanitario continúa creciendo de forma sostenida y en la actualidad ha alcanzado el 15% del PIB en Estados Unidos, donde existen pocas trabas a la introducción de nuevas tecnologías y la fijación de sus precios está limitado sólo por la disposición a pagar de la población. En la mayoría de los países desarrollados el peso del gasto sanitario es sustancialmente inferior, del orden del 8,5% en los países de la OCDE y del 7,6% en España, gracias a las políticas de contención de costes y de control de la innovación tecnológica que ejercen los sistemas de salud públicos.
Por otra parte, la productividad de la investigación farmacéutica se ha reducido notablemente en los últimos años.
El Proyecto Genoma Humano y la farmacogenética han generado expectativas de nuevas formas de diagnóstico y tratamientos basados en la información genética propia del individuo, abriendo el camino a una medicina individualizada para cada paciente. El desarrollo de la genómica y la automatización de las tecnologías para el análisis genómico permiten prever grandes avances en las siguientes áreas:
- Diagnóstico predictivo: analizar la predisposición del individuo a sufrir una enfermedad.
- Farmacogenética y respuesta a tratamientos terapéuticos.
- Estudios sobre enfermedades genéticas y sobre microorganismos y virus patógenos.
Con el desarrollo de la farmacogenética y la farmacogenómica se podrá definir una enfermedad en el ámbito molecular para la predicción de una terapia óptima y la reducción de efectos secundarios (toxicogenómica). El desarrollo de la medicina individualizada abrirá a corto mediano y largo plazo nuevas posibilidades al diagnóstico, prevención y tratamiento de las enfermedades y a los procesos de descubrimiento y desarrollo de nuevos fármacos y, en definitiva, a la mejora de los tratamientos y a la salud de la población.
Sin embargo, una pregunta que lógicamente se hacen los responsables y expertos del sector sanitario es si dichos desarrollos van a permitir ahorros de costes o por el contrario van a añadir más presión al crecimiento del gasto sanitario. Otra cuestión que se desprende de la anterior es en qué medida las nuevas tecnologías podrán ser incorporadas a la cobertura de los sistemas sanitarios y accesibles, en consecuencia, a toda la población, o serán únicamente accesibles a aquellos que puedan costeárselas de su bolsillo en el sector privado.
Aunque es pronto todavía para dar respuestas seguras a estas cuestiones, es previsible que la respuesta varíe en cada caso específico. En cualquier caso, es deseable promover el estudio y el debate social sobre estos temas de forma que el desarrollo de la investigación y la planificación sanitaria pueda tener en cuenta estos aspectos y el futuro no nos pille totalmente desprevenidos.
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