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Los datos aportados por el proyecto Genoma Humano y la tecnología
desarrollada en paralelo permiten abordar las bases genéticas de la susceptibilidad
al desarrollo de las enfermedades genéticas, resistencia al tratamiento
o diferencias fenotípicas individuales y poblacionales. Se han identificado
alrededor de 10 millones de SNPs (polimorfismos de un único nucleótido)
a lo largo de nuestro genoma y se cuenta con diferentes estrategias tecnológicas
que permiten el análisis masivo de los mismos.
En este contexto, unos 300 expertos participaron el pasado
23-25 de enero en Valencia en el I Congreso Nacional sobre Farmacogenética
y Farmacogenómica, que sirvió para revisar los principales avances
registrados en este ámbito en los últimos meses. Especialistas
nacionales e internacionales intervinieron en este foro, que también
fue testigo de los primeros pasos en la creación de la Sociedad Española
de Farmacogenética y Farmacogenómica.
La reunión, que contó entre otros con el patrocinio
del Instituto Roche, estuvo organizada por un comité presidido por el
Dr. Rubén F. Moreno, siendo los coordinadores los doctores Vicente Felipo,
Ángel Carracedo, Xavier Estivill y Jesús García- Foncillas.
El objetivo primordial del evento se ha cubierto con absoluto éxito,
ya que se trataba de poner en contacto al creciente número de profesionales
que trabajan en estas áreas: profesionales e investigadores de las más
diversas especialidades médicas, biólogos moleculares, genetistas,
epidemiólogos, farmacólogos y expertos en salud pública,
que llevan a cabo su labor sin ninguna conexión.
De la investigación básica a la clínica
Aunque la mayor parte de presentaciones se centraron en aspectos
de investigación básica, las posibles aplicaciones clínicas
de muchos de estos trabajos también fueron objeto de presentación
y análisis. Incluso, se aportaron conceptos esenciales para tratar de
discernir definitivamente entre farmacogenética y farmacogenómica.
Y es que, a pesar de ser utilizados como sinónimos, existe ya actualmente
una opinión unánime para denominar farmacogenética al estudio
de las bases genéticas que influencian la respuesta individual a los
fármacos y dejar el término de farmacogenómica a las aplicaciones
comerciales de la tecnología genómica en el desarrollo de fármacos.
Con todo, los mayores protagonistas de la reunión fueron
los denominados SNPs y las poderosas bases de datos. De esta forma, se puso
de manifiesto que el desarrollo de los métodos de análisis masivos
de SNPs permitirá asignar a cada individuo un “perfil de SNPs”
en el que se recoja información sobre diversas áreas del genoma,
no sobre genes específicos, relacionadas con la eficacia y la tolerancia
a diversos agentes terapéuticos. Por otra parte, se ofreció información
sobre bases de datos farmacogenéticos y que en muchos países son
una herramienta básica de trabajo para los clínicos, aportando
información sobre todo para enfermedades psiquiátricas y cáncer
que, poco a poco, se extenderán al resto de las especialidades. En el
Congreso, además, se avanzaron datos sobre nuevos genes que explicarían
la respuesta diferente a los fármacos.
Aproximaciones a una nueva realidad
Los progresos en el ámbito de la farmacogenética
se están registrando con una enorme rapidez y poseen un impacto considerable,
tanto en la práctica clínica diaria como en la industria farmacéutica,
y se espera que su desarrollo sea espectacular en los próximos años.
De ahí la necesidad de tener un conocimiento exhaustivo
de algunos conceptos claves, como la variación genética que existe
entre los humanos, la distribución de la variación a lo largo
del genoma, su estructura en relación a los genes y su organización
en haplotipos. No menos importante resulta el conocimiento de la estructura
del genoma en desequilibrio de ligamiento y su trascendencia para el análisis
de genes específicos y de todo el genoma. Igualmente relevante, apuntó
en su conferencia Jaume Bertrandpetit, de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona
y Director del CEGEN, “es efectuar una adecuada estratificación
de la población en relación con la variación genética,
que debe ser medida, detectada y corregida”.
El conocimiento de la variación que existe en una región
del genoma tiene un destacado interés biológico, ya que ésta
es consecuencia de la dinámica del genoma y, además, permite el
mejor conocimiento de las fuerzas evolutivas (mutación, selección
y sus variaciones, recombinación, conversión genética,...).
De hecho, como explicó en su ponencia el Dr. Bertrandpetit, la diversidad
del genoma humano puede ser tratada como una aproximación comparativa
dentro de las especies, lo que permite entender el resultado de un análisis
funcional a largo plazo en el que las mutaciones aleatorias han sido provocadas
por selección natural.
A pesar de la escasa variación genética que
existe entre los humanos, la que existe tiene importantes implicaciones en su
vida. Dos genomas humanos cualquiera son diferentes en un promedio de uno de
cada mil posiciones de nucleótidos, “una variación que explicaría
las diferencias que se descubren entre los humanos, que contribuye al riesgo
de aparición de determinadas enfermedades y que determina también
la respuesta individual a los fármacos”, aseguró Francesc
Calafell, de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Los SNPs son el reflejo
de los cambios que pueden presentarse en el material hereditario a lo largo
de la historia evolutiva de una especie. Estos cambios pueden identificarse
en las secuencias del ADN. Un SNP se presenta cuando existe la sustitución
de un solo nucleótido por otro en una región específica
del material genético que puede pertenecer a un gen, el cual codificará
una cadena polipeptídica con características diferentes a la cadena
original y, a su vez, presentará un posible cambio en el fenotipo. Los
SNPs tienen una gran importancia en el avance de las nuevas metodologías
médicas, así como en la identificación y etiología
de diversas enfermedades. Para ser considerado un SNP debe implicar la alteración
de un nucleótido determinado dentro de una región específica
a nivel poblacional mayor al 1 %.
Ángel Carracedo, de la Universidad de Santiago de Compostela
de La Coruña, subrayó que “los polimorfismos de un único
nucleótido tienen unas bajas tasas de mutación y son apropiados
para el análisis usando tecnologías de alto rendimiento. Estas
peculiaridades hacen que estos marcadores sean tremendamente útiles y
tengan una amplia variedad de aplicaciones, en campos tales como la genética
forense, la antropología, la genética médica o la farmacogenómica”.
La principal razón que justifica el gran interés
que han despertado los SNPs se basa en la esperanza de que estos pudieran utilizarse
como marcadores para identificar los genes que subyacen en la génesis
de enfermedades complejas y permitir, de este modo, el análisis de la
respuesta variable a los fármacos y diseñar nuevos agentes más
específicos.
Con la constante evolución de los nuevos métodos
de genotipado, cada vez resulta más complejo decidir sobre cuáles
de las numerosas tecnologías disponibles puede resultar más apropiada
para tratar de identificar estos SNPs. Para poder conocer cuáles pueden
ser los mejores métodos, se deben conocer pormenorizadamente sus características
aunque, como avisó Ángel Carracedo, “no existe en estos
momentos un método ideal de tipaje de SNPs y la selección de una
técnica apropiada dependerá de las necesidades del investigador.
Mientras que para el análisis forense puede resultar imprescindible una
alto nivel de exactitud y una buena capacidad multiplexing, para los grandes
proyectos de genotipado es básico contar con técnicas de alto
rendimiento y de bajo coste”.
Primeros pasos en la aplicación clínica
Debido a su amplia distribución, los SNPs son especialmente
útiles como marcadores genéticos de la respuesta a un determinado
fármaco o la susceptibilidad a padecer una enfermedad. En las décadas
pasadas, los análisis de linkage han sido útiles para la identificación
de los genes responsables de las enfermedades mendelianas. Un menor éxito
se ha logrado con la aplicación de este tipo de análisis en el
caso de las enfermedades complejas, en las que están involucrados algunos
genes con una débil correlación genotipo-fenotipo; de esta forma,
como indicó Joaquín Dopazo, de la Unidad de Bioinformática
del CNIO, “se han alcanzado resultados muy modestos, a pesar de disponer
de metodologías de alto rendimiento”.
En este sentido, se ha propuesto que el uso de SNPs funcionales
puede ser un importante factor para elevar significativamente la sensibilidad
de estos tests de asociación, incluso en enfermedades complejas, Esta
estrategia ha sido aplicada con éxito en algunas investigaciones llevadas
a cabo hasta el momento por el consorcio CeGem. Y es que, como concluyó
Joaquín Dopazo, “únicamente la combinación de estrategias
bioinformáticas adecuadas con métodos de genotipado de alto rendimiento
es capaz de ofrecernos información óptima en estos momentos sobre
la genética de enfermedades complejas”.
El ejemplo de las enfermedades mentales
Uno de las áreas clínicas donde se está
alcanzado un mayor progreso en investigación genética y genómica
es en el de las enfermedades mentales. Xavier Estivill, del Departamento de
Ciencias de la Salud y de la Vida de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona,
habló en este foro sobre la exploración de las variantes en este
tipo de enfermedad, que tienen una elevada morbilidad y suponen un enorme coste
sanitario. Tal y como señaló inicialmente, “todavía
no somos capaces de prevenir o diagnosticar con suficiente antelación
enfermedades como el autismo, la depresión, el trastorno bipolar o la
esquizofrenia. Además, a pesar del esfuerzo investigador desarrollado
durante los últimos años en el ámbito de la industria farmacéutica,
pocos nuevos medicamentos consiguen llegar a ver la luz y ser de utilidad para
los pacientes”.
El conocimiento de los distintos genes y variantes genómicas
permite abordar la investigación de las enfermedades mentales desde la
perspectiva funcional y poblacional. El conocimiento de las variantes del genoma
permite la identificación de factores de susceptibilidad para estos procesos.
Estas investigaciones precisan del análisis de un elevado número
de muestras o del empleo de poblaciones que han sufrido aislamiento geográfico
y que han concentrado variantes que pueden facilitar la identificación
de los genes implicados en estos procesos.
Farmacogenómica en enfermedades gastrointestinales
y en desórdenes hematológicos
Los efectos farmacológicos de las medicaciones pueden
estar influenciados por diferencias inherentes en la capacidad de metabolización
de fármacos que, en parte, pueden estar genéticamente determinadas.
Se suele registrar una errónea metabolización farmacológica
cuando existe un estrecho margen entre las dosis requeridas para garantizar
cierta eficacia y las que causan toxicidad. Habitualmente esto se produce cuando
existe una única vía principal de eliminación del fármaco,
como puede ser el CYP2D6 o el CYP3A4.
Llevando algunos de estos hallazgos al campo de las enfermedades
gastrointestinales, el experto de la Fundación Mayo en Rochester (Estados
Unidos) Michael Camilleri mostró varios ejemplos de variaciones en el
metabolismo de fármacos gastrointestinales, que son especialmente comunes
en aquellos medicamentos metabolizados por el CYP450 2D6 (como es el caso de
la nortriptilina o la codeína) o el CYP450 2C19 (inhibidores de la bomba
de protones). También aportó datos novedosos sobre un clásico
ejemplo de variación en el metabolismo fase II, como es la vía
metabólica TPMT del 6-MP o azatioprina, que produce importantes alteraciones
en la toxicidad y eficacia en la enfermedad inflamatoria intestinal.
En definitiva, resaltó este experto, “los aspectos
farmacogenómicos tienen una gran trascendencia en los parámetros
farmacocinéticos, la eficacia y la toxicidad de los fármacos utilizados
para hacer frente a algunas enfermedades gastrointestinales, aunque todavía
disponemos de pocos estudios y con pocos pacientes en este ámbito”.
Pero la farmacogenómica también está arrojando
esperanzas renovadas en el diagnóstico y tratamiento de algunos desórdenes
hematológicos. Como manifestó el Dr. Omer Iqbal, del Centro Médico
de la Universidad de Loyola en Maywood (Estados Unidos), “la correlación
de la expresión génica y de los polimorfismos genéticos
con la morfología celular, los marcadores celulares, la inmunohistoquímica
y las alteraciones citogenéticas deben ampliar y mejorar el diagnóstico
de los trastornos hematológicos”.
Centrándose en avances concretos registrados recientemente
en este ámbito, el ponente norteamericano presentó, entre otros
progresos, datos que relevan como la mutación 20210 de la protrombina,
localizada en la región 3’ del factor II de coagulación
y que está presente en aproximadamente el 2% de la población,
se asocia con un incremento marcado de los niveles de protrombina que dan lugar
a trastornos tales como la trombosis venosa profunda o la trombosis venosa portal
en pacientes cirróticos.
También se ha observado que el polimorfismo C807T en
la plaqueta Ia se asocia con la presencia de infarto de miocardio no fatal en
pacientes jóvenes. Y otros polimorfimos plaquetarios, tales como la P-selectina,
el receptor adrenérgico alfa-2 y el TGF-beta se relacionan con un riesgo
aumentado de sufrir enfermedad arterial o con un estado protrombótico.
Igualmente, se sabe que el polimorfismo T393C en la glicoproteína plaquetaria
IIIa es un factor de riesgo para padecer trombosis coronaria, infarto de miocardio
prematuro y trombosis del stent coronario. A juicio de Omer Iqbal, “es
evidente en estos momentos que el desarrollo de fármacos guiado por la
farmacogenómica permitirá nuevos abordajes de los desórdenes
hematológicos y asegurará la utilización de terapias individualizadas”.
Progresos en Oncología
Pero también en el manejo de las enfermedades oncológicas
se han registrado importantes progresos en los últimos años, muchos
de ellos ligados estrechamente con descubrimientos farmacogenéticos.
Utilizando la plataforma de genotipación Illumina, que
permite amplificar y analizar una gran cantidad de SNPs al mismo tiempo, el
grupo de trabajo de Javier Benítez, del Departamento de Genética
Humana del CNIO, presentó los resultados del análisis de 768 SNPs
pertenecientes a 122 genes relacionados con cáncer, en un total de 1800
individuos con cáncer de mama y controles. Los genes han sido seleccionados
por su participación en diferentes vías de interés en cáncer:
ciclo celular, reparación de DNA, proliferación, apoptosis, o
metabolismo entre otras. Aunque la función que tienen estos genes es
variada, la mayoría intervienen en rutas metabólicas, de ahí
su interés en estudios de farmacogenética. Algunos ejemplos de
interés que se pueden encontrar en este diseño en relación
a la respuesta a fármacos antitumorales, lo constituyen los genes de
reparación del DNA, ya que se observa como determinados genotipos pueden
asociarse a una mayor efectividad a determinados tratamientos o relacionarse
con efectos secundarios En el caso del cáncer de mama, el Grupo de Genética
Humana del Cáncer de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), dio a
conocer en este Congreso diferentes estudios de asociación que han pretendido
encontrar variantes genéticas de susceptibilidad para este tipo de tumor.
La investigadora Arancha Cebrian presentó la experiencia de su grupo
en un estudio caso control basado en una aproximación del haplotipo tagging-SNP.
Utilizando dos bases de datos públicas (HapMap y NIEHS), y tras seleccionar
un total de 9076 muestras, se concluye que sólo un 30% de htSNPs muestran
una asociación significativa con el cáncer de mama. “Estos
resultados destacan la importancia de contar con un adecuado tamaño muestral
para detectar asociaciones sutiles con alelos de baja penetrancia”.
También en el ámbito del cáncer de mama,
María de los Ángeles Pena, del Hospital Txagorritxu de Vitoria,
profundizó en una de las aplicaciones de mayor interés en la proteómica,
como es la búsqueda de marcadores moleculares (biomarcadores) en fluidos
biológicos. “Los biomarcadores séricos son útiles
para el diagnóstico, el seguimiento y el tratamiento del cáncer”,
aseguró.
La heterogeneidad clínica y biológica del cáncer
de mama y la escasez de biomarcadores para detectar de forma precoz esta enfermedad
hace que los perfiles globales de expresión de genes y niveles de proteínas
sea muy importante. En este trabajo se ha llevado a cabo un análisis
de clustering, estudiando los perfiles protéicos de sueros procedentes
de pacientes con cáncer de mama y de mujeres sanas. Como resultados más
sobresalientes, la investigadora del Hospital de Txagorritxu indicó que
“los clusters generados sugieren la existencia de patrones de proteínas
comunes en suero de pacientes que son diferentes a las de donantes sanas y que
la estrategia empleada es aplicable a la búsqueda de biomarcadores para
el diagnóstico y/o pronóstico del cáncer de mama”.
La experiencia en otros tumores
Los linfomas T constituyen un grupo heterogéneo de linfomas.
Debido a su escasa frecuencia en los países occidentales (10-15%) y su
heterogeneidad morfológica, el conocimiento de sus alteraciones genéticas
es aún muy escaso. Desde el punto de vista clínico, son tumores
agresivos que presentan una pobre respuesta al tratamiento y con una media de
supervivencia menor de un 30% a los cinco años
Partiendo de esta situación, el Departamento de Genética
Humana del CNIO, en la persona de Marta Cuadros, presentó los resultados
de un estudio que ha servido para identificar nuevos genes relacionados con
respuesta al tratamiento y la supervivencia, que podrían ser usados como
dianas terapéuticas en los PTCLne (un grupo heterogéneo en cuanto
a la morfología de las células) . Para ello, se ha utilizado un
micro-array de cDNA (“CNIO-OncoChip”) desarrollado en el Centro
Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO que contiene 6386 genes,
representados por 7237 clones, relacionados con cáncer. Como conclusión
se destaca que los micro-arrays son una herramienta útil para llevar
a cabo la identificación de futuras dianas terapéuticas, y además
ponen de manifiesto genes clínicamente importantes, pudiéndose
trasladar los resultados a la clínica, a través del diseño
de un nuevo microchip con 200-300 genes de relevancia tal y como se evidencia
a partir de este primer estudio.
Avances en el desarrollo de fármacos
En este ámbito, los esfuerzos investigadores más
recientes se han focalizado en la selección positiva de genes, que está
despertando un gran interés en la propia industria farmacéutica.
“Si un patógeno ha ejercido una presión selectiva sobre
un gen, este gen podría ser una prometedora diana para un nuevo fármaco
o vacuna”, indicó el Dr. Dopazo. En algunos trabajos ya se revela
que ciertos genes humanos están sometidos a una presión selectiva;
muchos de los alelos seleccionados contribuyen o causan enfermedad, “lo
que podría sugerir que la identificación de genes sometidos a
esta selección puede tener importantes consecuencias desde un punto de
vista farmacogenético”, aseguró.
Con objeto de profundizar en el conocimiento de los polimorfismos
genéticos seleccionados positivamente, la Unidad de Bioinformática
del CNIO ha llevado a cabo un estudio comparativo basado en los genomas del
hombre, del chimpancé y el ratón, tratando de identificar secuencias
positivamente seleccionadas. Los resultados preliminares de este trabajo muestran
que más de 1.400 genes han sido seleccionados positivamente, muchos de
los cuáles presentaban variación polimórfica. Tras evaluar
su funcionalidad, se ha observado que la existencia de genes polimórficos
relacionados con enzimas metabolizadoras de fármacos (muchos de la superfamilia
del CYP450), con dianas farmacológicas o pathway proteins (como los integrantes
de la familia de genes cotransportadores) y con otros genes (tales como los
asociados con los HLA-DPB1, los receptores de interleucina y apolipoproteínas).
Papel de la Industria Farmacéutica
En este foro se prestó una atención especial
a los progresos que está registrando la Industria Farmacéutica
en este ámbito. Y es que el progreso teórico y tecnológico
de la revolución postgenómica ofrece una oportunidad única
para acometer las necesarias modificaciones en las estructuras, estrategias
y procedimientos de I+D del mundo farmacéutico.

Es posible que la aplicación
conjunta de estas nuevas metodologías y conocimientos (farmacogenética
y farmacogenómica) podrían conllevar un ahorro de gastos de desarrollo
de casi un 35% (actualmente cerca de 1.000 millones de dólares) y de
un 15% en tiempo (sobre los casi 15 años de hoy) hasta la comercialización.
No obstante, estas disciplinas se enfrentan a importantes retos,
y por ello, la capacidad analítica y la visión estratégica
de los equipos directivos de las empresas y su acierto en la toma de decisiones,
en un entorno socioeconómico rápidamente cambiante, serán
determinantes para la supervivencia y la evolución de las actuales empresas
farmacéuticas y del propio sistema sanitario.
Para Klaus Lindpaintner, director del centro de Medicina Genómica
de Roche Internacional y responsable de la conferencia de clausura, “la
industria farmacéutica está ya preparada para desarrollar procedimientos
que le permitan hacer fármacos más eficaces y más seguros,
teniendo en cuenta el conocimiento del perfil genético de diferentes
poblaciones y grupos de individuos con características genéticas
concretas".
La farmacogenética ha experimentado, gracias a los avances
en el conocimiento del genoma humano y las nuevas tecnologías genómicas,
un crecimiento espectacular. Existen bases de datos farmacogenéticos
para una gran cantidad de fármacos, que en muchos países son una
herramienta básica de trabajo de los clínicos, y se están
diseñando planes para la llamada “medicina a la carta” en
distintos sistemas de salud, sobre todo para enfermedades psiquiátricas
y cáncer que, poco a poco, se extenderán al resto de las especialidades.
El descubrimiento de nuevas dianas o estrategias terapéuticas
con estas herramientas es otra área de enorme interés y una mayoría
de los fármacos que se desarrollarán en los próximos años
lo harán de la mano de la farmacogenómica, tanto mediante el uso
de SNPs (polimorfismos de un único nucleótido) como del desarrollo
de los chips de expresión y de la proteómica.
Roche es actualmente la compañía farmacéutica
que ocupa una mejor posición a nivel mundial en el desarrollo farmacogenético
de técnicas diagnósticas y terapias innovadoras. En el campo terapéutico
está Herceptín®, un anticuerpo monoclonal capaz de bloquear
el receptor de un factor de crecimiento tumoral, como un claro ejemplo de desarrollo
de un fármaco en base a estudios farmacogenéticos, y en el campo
del diagnóstico el recientemente comercializado, AmpliChip CYP450 que
permite un análisis robusto, exacto y fiable de los genes CYP2D6 y CYP2C19,
implicados en el metabolismo de multitud de fármacos. “La utilización
de esta prueba constituye un paso importante hacia la personalización
de la Medicina en la práctica diaria y puede ayudar a los médicos
a mejorar los resultados terapéuticos de sus pacientes”, subrayó
Klaus Lindpaintner.
Como indicó en su conferencia este experto, “la
aplicación de la farmacogenética tiene como objetivo último
tratar de obtener medicamentos cada vez mejores, de la forma más rápida
y sencilla. La traslación clínica de este hecho es la generalización
de una Medicina más personalizada y, por tanto, más efectiva,
más segura y coste-eficaz”.
Otro reto añadido que tiene la Industria Farmacéutica
en este campo radica en la preocupación que aún despiertan los
aspectos genéticos en la opinión pública. En gran parte,
aseguró Lindpaintner, “a nosotros nos compete transmitir confianza
a la sociedad respecto a las nuevas tecnologías que tienen un componente
genético”. En este sentido, se mostró especialmente satisfecho
con el papel que puede desempeñar el Instituto Roche.
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