La
correcta comunicación de los beneficios y la generación
de expectativas realistas sobre la Medicina Individualiza, basada
en un mejor conocimiento del genoma humano y sus implicaciones clínicas,
es esencial para optimizar la difusión de esta nueva forma
de abordar los problemas de salud y, por tanto, resultará
clave para avanzar en este ámbito. Así se puso de
manifiesto en una reunión que congregó a periodistas
de más de una docena de medios de comunicación españoles,
especializados y generales, que acudieron el pasado mes de mayo
en Sevilla a un seminario de comunicación en Medicina Individualizada,
organizado por el Instituto Roche para las Soluciones Integrales
de Salud.
Importantes expertos nacionales relacionados con la investigación
biomédica, la Genética, la Oncología, la
Farmacogenética y la Bioética se dieron cita en
este encuentro, en el que se revisaron las implicaciones clínicas
y éticas de los avances registrados en los últimos
tiempos en la investigación del genoma humano.
Una
relación necesaria
El periodismo científico debe aportar valor al sistema,
mediante una eficiente instrumentalización de la información
al servicio de las necesidades sociales, que haga visible para
la sociedad la ventaja del uso de la información científica
y tecnológica. Sin embargo, esto no siempre se cumple de
forma rigurosa. Para Manuel Carrasco, ex Subdirector General de
Investigación Sanitaria. Instituto de Salud Carlos III
de Madrid, “es imprescindible y necesario que se establezca
una buena relación entre el periodista y el investigador”.
Sin duda, añadió, “el periodismo científico
es un elemento clave para una comunicación fluida entre
la ciencia y la sociedad”.
Para convertirse en noticia, una información acerca de
una innovación o un desarrollo tecnológico no sólo
tiene que ser nueva, sino también de interés público.
¿Y qué le interesa a la gente? Fundamentalmente,
todo lo que le afecta de forma directa. De ahí la importancia
que se otorga a las informaciones relacionadas con la salud. El
problema es que muchas veces esta información no se ofrece
de forma adecuada.
Como aconsejó Manuel Carrasco, para que la difusión
de noticias científicas se realice de forma correcta se
debe, entre otras cosas, “crear un equipo de periodistas
especializados en este tipo de información, favorecer una
colaboración directa de una red de científicos especialistas
en las diferentes ramas del saber, disponer de medios técnicos
adecuados con la finalidad de atraer la atención de los
receptores y hacer más accesible su mensaje a un público
cada vez más numeroso”. Pero, además, “los
nuevos descubrimientos deberían evaluarse mediante la revisión
por pares, y una vez se publican los resultados deberían
explicarse con rigor”.
Sin embargo, los obstáculos a superar son muchos, sobre
todo por la complejidad que supone encajar mentalidades tan diferentes
como la de los periodistas y los científicos, debido, quizás,
a las distintas consideraciones éticas de ambas actividades
profesionales. Junto a esto, se debe hacer frente al alarmismo,
al tratamiento superficial de la información científica,
a la difusión de las falsas ciencias o al incumplimiento
de un precepto periodístico tan simple como la obligación
de contrastar todos los datos dudosos o que hayan sido ofrecidos
por fuentes no fiables.
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El proyecto Genoma Humano
Con objeto de ofrecer una visión global de los avances
que ha experimentado el conocimiento del genoma humano en los
últimos años y de incidir en sus posibles repercusiones
en la práctica clínica, se contó también
en este foro con la intervención de Javier Benítez,
Director del Departamento de Genética Humana del CNIO.
Aproximadamente un 50% de las alteraciones que sufre el ser humano
tienen un origen conocido, siendo la genética gran parte
de la responsable de estos trastornos (en un 35% de los casos,
sugiriéndose la existencia de cerca de 6.000 enfermedades
genéticas). En base a este hecho, se puso en marcha hace
más de una década el Proyecto Genoma Humano, una
iniciativa internacional encaminada a trazar un mapa del genoma
y a secuenciar todos los genes existentes en el genoma humana.
“El diagnóstico precoz y la prevención óptima
de las enfermedades de origen genético ha sido el objetivo
de este proyecto”, señaló el experto del CNIO.
Este programa ha pasado por diferentes etapas, desde el diseño
de mapas genéticos y físicos, hasta la secuenciación
completa del ADN y, para el 2006, se espera disponer del mapa
genético completo. Ahora, gracias a este esfuerzo investigador,
se conocen aspectos clave de nuestro genoma. Como recordó
el profesor Javier Benítez, “sabemos que hay más
de 22.000 genes y 100.000 proteínas, que sólo un
5% del genoma codifica genes, y que únicamente un 0.01%
de nuestro genoma varía de unos individuos a otros”.
Sin embargo, lo realmente atractivo y útil es conocer las
aplicaciones que puede tener el Proyecto Genoma, ya sea para la
identificación temprana de enfermedades genéticas,
la utilización de tests de mutaciones, la explotación
de nuevas tecnologías o el desarrollo de la farmacogenética”.
El descubrimiento de nuevas dianas o estrategias terapéuticas
con estas herramientas es otra área de enorme interés
y una mayoría de los fármacos que se desarrollarán
en los próximos años lo harán de la mano
de la farmacogenómica, tanto mediante el uso de SNPs (polimorfismos
de un solo nucleótido) como del desarrollo de los chips
de expresión y de la proteómica.
Lo cierto es que las aplicaciones comerciales de la tecnología
genómica en el desarrollo de fármacos ya está
dando sus primeros frutos. Fármacos como el ácido
retinóico o Herceptin® (trastazumab) son los exponentes
más sobresalientes en estos momentos de este tipo de investigación.
Herceptin® (trastazumab), un anticuerpo monoclonal capaz de
bloquear el receptor de un factor de crecimiento tumoral, es un
claro ejemplo de desarrollo de un fármaco en base a estudios
farmacogenéticos.
En el campo diagnóstico resulta especialmente interesante
la proliferación de tests genéticos, que tienen
beneficios y limitaciones. “Entre sus ventajas, estos test
reducen los chequeos, la decisiones están bien informadas,
facilitan la intervención y confirman diagnósticos;
pero también tienen limitaciones, puesto que identifican
la presencia de ciertas mutaciones pero, aunque éstas estén
presentes, puede no desarrollarse la enfermedad, pueden no ser
detectadas o puede crearse un cierto disconfort familiar”,
aclaró Javier Benítez.
La Medicina Individualizada se nutre de las aportaciones que se
derivan de los avances en farmacogenética, tratando de
ofrecer a cada paciente una solución a medida para sus
problemas de salud. Con esta forma de actuar, recalcó Javier
Benítez, “se minimizan los efectos secundarios de
los tratamientos y se alcanzan tasas de respuesta más altas”.
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Optimización
del tratamiento
A pesar de la clásica identificación entre Farmacogenética
y Farmacogenómica, son áreas de investigación
diferentes. Mientras que la farmacogenética se preocupa
de las interacciones genético-ambientales que determinan
la respuesta a los fármacos, la farmacogenómica
investiga las bases genéticas y moleculares de las enfermedades
para identificar nuevas dianas terapéuticas.
Y es que el tratamiento farmacológico actual es deficiente.
En datos de la OMS, sólo existe una terapia adecuada para
una cuarta parte de las enfermedades; es más, se estima
que utilizando un terapéutica teóricamente adecuada
se produce un tercio de fracasos terapéuticos y/o efectos
adversos. Especialmente preocupante es el hecho de que en un país
como los Estados Unidos, en cifras del año 1994, se detectaran
más de 1.8 millones de pacientes hospitalizados por reacciones
adversas a medicamentos, registrándose más de 100.000
muertes por esta causa. Por eso, a juicio del profesor Julio Benítez,
de la Unidad de Farmacología Clínica del Hospital
Universitario Infanta Cristina (Badajoz), “es urgente mejorar
la situación y, para ello, es necesario apostar por el
desarrollo de la farmacogenética y la farmacogenómica
y, en definitiva, por la instauración de la Medicina Individualizada”.
Uno de los campos donde más se ha progresado en los últimos
años ha sido en el estudio de las vías de metabolización
de los fármacos, que determinan gran parte de las reacciones
de los fármacos y que inciden en su distinta actividad
en unos sujetos u otros. El sistema del citocromo P450 en la especie
humana es el que más ha llamado la atención, ya
que a través de él se eliminan gran parte de los
fármacos disponibles en este momento. El CYP450 consta
de 57 genes y 33 pseudogenes, clasificados según identidad
de secuencias en 18 familias y 42 subfamilias.
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El
ejemplo del cáncer
El
hecho de que el cáncer sea consecuencia de cambios genéticos
que se producen en las células y de que, en muchas personas,
se detecte una cierta predisposición genética a
padecer esta enfermedad ha multiplicado el interés de los
investigadores por profundizar en sus bases genéticas.
En su conferencia, Miguel Urioste, responsable de la Consulta
de Cáncer Familiar del CNIO, insistió en la complejidad
de esta patología, en su etiología multifactorial
(donde se combina la susceptibilidad genética y los factores
ambientales) y en las dificultades para determinar la susceptibilidad
genética de una persona a padecer cáncer (interviniendo
genes de predisposición dominantes, alelos autosómicos
recesivos y la herencia poligénica).
Para tratar de prevenir y limitar los efectos de los tumores hereditarios
(que son sólo una pequeña proporción de todos
los cánceres), se ha mostrado especialmente útil
en los últimos años el denominado consejo genético.
Partiendo de la identificación de familias con cáncer
hereditario, el consejo genético se plantea reducir la
mortalidad por cáncer, lo que se consigue a partir de una
vigilancia y un seguimiento estricto, la intervención temprana,
la cirugía profiláctica y/o la quimioprevención.
El consejo genético, explicó Miguel Urioste, “no
sólo se basa en el estudio y la selección de familias
con riesgo sufrir cáncer hereditario, sino que también
incluye consejos pre-test genético y consejos post-test
genético, acompañándose los resultados de
estos tests con determinadas medidas preventivas y de seguimiento,
y un estudio familiar continuado”.
La realización de los tests genéticos es el principal
baluarte del consejo genético en cáncer. Sin embargo,
como recordó el ponente, “estos tests tienen la limitación
de ser laboriosos y costosos, su aplicabilidad clínica
es controvertida y es difícil la interpretación
(con variantes de significado desconocido)”. Pero, como
no, también ofrecen importantes beneficios, ya que permiten
la identificación de portadores, el seguimiento y la racionalización
de las exploraciones clínicas, y el diseño de nuevas
estrategias para la detección precoz de trastornos en el
seguimiento”.
La detección de mutaciones en el gen BRCA, que puede conseguirse
por medio de estos nuevos tests genéticos, conlleva el
cumplimiento de una serie de recomendaciones prácticas.
En portadoras de BRCA en mama se plantean tres opciones: vigilancia
(con mamografía, exploración clínica y autoexploración,
dependiendo de la edad de la paciente); quimioprevención
(con tamoxifeno) o cirugía profiláctica (mastectomía).
Ya en portadoras de BRCA en ovario, se plantea también
la posibilidad de optar por vigilancia (eco transvaginal y determinación
CA-125), quimioprevención (con contraceptivos orales) o
cirugía profiláctica (salpingo-ooforectomía).
Un 5-10% de los casos de cáncer de mama son hereditarios
y un 15-20% son de agregación familiar. En cáncer
de ovario, se considera que son de origen hereditario un 10%.
Visión práctica
Llevando
algunos de los hallazgos en farmacogenética a la práctica
clínica, Alfredo Carrato. Catedrático y Jefe de
Servicio de Oncología Médica. Hospital de Elche
(Alicante), explicó las claves para entender por qué
la variabilidad genética entre los individuos condiciona
una mayor susceptibilidad al cáncer o una diferencia eficacia
o toxicidad derivada del tratamiento.
La mejoría en el control del cáncer debe basarse,
a tenor de lo comentado por este experto, en el “aumento
de conocimientos sobre la biología del cáncer (incremento
de la investigación básica, traslacional y clínica),
la prevención primaria (hábitos saludables, fármacos,
cirugía, etc.), la prevención secundaria (screening),
la mejora del diagnóstico y la mejora del tratamiento (tratamientos
individualizados, administrados por profesionales bien entrenados)”.
El consejo genético ha aportado, en este sentido, bases
para la mejora. Tal y como se expuso en este seminario, el consejo
genético se debe ofrecer cuando existe sospecha en un individuo
(por su historia familiar o personal) de susceptibilidad genética
al cáncer y se dispone de una prueba genética, y
es posible su interpretación adecuada. Con todo, se debe
asumir que las pruebas genéticas sólo deben hacerse
en el marco de una valoración integral pre- y post-estudio.
El consejo genético debe perseguir dos objetivos esenciales:
reducir el riesgo de cánceres en los que la determinación
genética influye en el manejo clínico y ofrecer
consejo o asesoramiento a los pacientes y familiares de primer
grado que lo requieran. Para el profesor Carrato, “no hay
duda de que disponer de consejo genético en cáncer
va a tener múltiples implicaciones positivas para el paciente
y su familia: identificación de individuos y familias con
alto riesgo de padecer cáncer, identificación de
individuos no-portadores en familias con una mutación conocida,
información al individuo y a otros miembros de su familia,
disminución de la incertidumbre y ansiedad del riesgo de
cáncer, apoyo psicológico, detección precoz
y estrategias de reducción del riesgo; además, asegura
respeto a la autonomía, confidencialidad y privacidad”.
Los ensayos clínicos, por su parte, también tienen
una gran utilidad en la investigación de nuevas opciones
de tratamiento en Oncología. La práctica estándar
de la Medicina clínica debe estar suficientemente validada
y, para ello, es fundamental el desarrollo de los ensayos clínicos,
que suponen también una oportunidad para la investigación
traslacional. Un ensayo clínico permite, otros beneficios,
una introducción rápida de tecnología punta
el nuestro Sistema Sanitario, fomenta el entrenamiento y la formación
del personal, eleva el estándar de calidad asistencial
y supone una mayor competitividad internacional que podría
traducirse en venta de servicios.
Sin embargo, en España subsisten algunas trabas para el
desarrollo de estos ensayos y, en general, para la investigación.
En palabras de Alfredo Carrato, “existe una dependencia
exclusiva de la Industria Farmacéutica para ensayos clínicos,
siendo prácticamente nula la inversión estatal”.
Por el contrario, añadió, “la investigación
en nuestro país también tiene puntos fuertes: existe
una excelente organización asistencial, buena formación
asistencial e investigadora, buen desarrollo de los Grupos Cooperativos,
aumento de oncólogos españoles en foros internacionales,
incremento del número y calidad de artículos en
revistas científicas sometidas a procesos de revisión
independiente”.
Otro aspecto clave sobre el que incidió especialmente el
profesor Carrato fue el de las inversiones en investigación.
Tal y como comentó, “resulta dramático comprobar
cuando se comparan varios países que existe una relación
directa entre el presupuesto asignado a la Oncología y
la supervivencia de los pacientes con cáncer”. En
Estados Unidos se invierte el 12.7% del PIB en gasto sanitario,
siendo la supervivencia media a los 5 años de los pacientes
con cáncer de colon del 60%, y del 82% en el caso del cáncer
de mama; en cambio, en España esta inversión es
únicamente del 7.6% del PIB, con una tasa de supervivencia
media del 46% en cáncer de colon y del 64% en cáncer
de mama.
Controversias
médico-legales y bioéticas
Pero la Medicina Individualizada también plantea importantes
cuestiones legales y bioéticas. Desde un punto de vista
ético, el profesor Fernando Bandrés, del Departamento
de Toxicología de la Universidad Complutense y experto
en legislación sanitaria, recomendó que esta nueva
forma de ejercer la Medicina debe basarse en un nuevo modelo de
relación con el paciente. “Esta relación debe
ser deliberativa, efectuándose una ponderación de
los factores para buscar la solución más adecuada”.
La prudencia y la responsabilidad de médico serán
imprescindibles para evitar problemas éticos, “siendo
necesaria la instauración de la bioética de valores”,
apostilló.
Para garantizar el cumplimiento de estas normas éticas,
es precisa también una adecuada estructuración de
normas jurídicas. En este sentido, Fernando Bandrés
se mostró especialmente optimista, “ya que por primera
vez el derecho se ha adelantado a la ciencia”.
Y es que en los últimos diez años estamos asistiendo
a un gran desarrollo legislativo, normativo y reglamentario en
todos los aspectos relacionados con las Ciencias de la Salud.
Un punto culminante se alcanzó en el año 2000, con
la entrada en vigor del Convenio de Oviedo o de Biomedicina y
Derechos Humanos. Muchos asuntos de importancia ética y
biomédica se encuentran recogidos en este texto normativo.
A partir de este momento, en nuestro país se produce una
verdadera eclosión de leyes y normas que recogen los principios
de este Convenio de Oviedo. Todo ello se une al profundo cambio
social experimentado en relación con los derechos del paciente
y sus familiares, los propios derechos de la colectividad y los
criterios de gestión sanitaria. “Este conjunto de
acontecimientos ha determinado un amplio marco legal, en aras
de obtener no solo calidad asistencial sino excelencia”,
aseguró el profesor Bandrés.
Desde la perspectiva legal, y aunque la Medicina Individualizada
dispone de un marco normativo adecuado inicialmente para su desarrollo,
existe una abundante legislación sanitaria, general y específica
producida en los últimos años que requiere una regulación
jurídica concreta de derechos y deberes específicos
en la actividad sanitaria.
“La práctica de una Medicina personalizada necesita
armonizar los conocimientos de su elevada capacidad biotecnológica
con los correspondientes a las cuestiones legales, deontológicas
y éticas, a fin de tomar decisiones prudentes”, propuso
Fernando Bandrés. La formación de los profesionales
sanitarios en estos aspectos permitirá establecer no sólo
protocolos de actuación técnicamente correctos y
de calidad, sino también realizar actos sanitarios acordes
con la lex artis exigible. El ejercicio de la responsabilidad
profesional se deberá realizar no solo en términos
jurídicos, sino como capacidad de “responder”
a las nuevas preguntas de la Biomedicina; ello marcaría
una profunda y correcta “lex artis”.
La Medicina personalizada introduce cambios tan importantes en
la atención sanitaria que requiere, según el ponente,
la puesta en marcha de Unidades de Medicina Legal Hospitalaria,
que entre otras muchas funciones, colaboren con los diferentes
servicios hospitalarios y del área sanitaria en la resolución
de los problemas legales, éticos y deontológicos.