A este respecto cabe señalar un importante dato que se recogía en la prensa científica hace un año. La revista Nature Medicine en el número 4 del volumen 12, correspondiente al mes de abril del año 2006, se hacía eco del importante aumento de la financiación de la investigación biomédica más relevante por parte de fondos privados. Estos datos sirven para poner de manifiesto la influencia de la industria en la producción de conocimiento científico.
En los diez años que transcurren entre 1992 y 2001, el 60 por ciento de los artículos publicados derivaban de estudios financiados por agentes públicos. Sin embargo, los ensayos clínicos financiados por la industria aumentaron a lo largo del mismo periodo desde un escaso 20% al 56% en 2001, superando la financiación de cualquier otra fuente. Los resultados de ensayos controlados, randomizados – que generalmente reflejan los artículos más influyentes- fueron financiados casi exclusivamente por empresas.
Las empresas orientan sus investigaciones hacia las enfermedades que generan los mayores beneficios en vez de hacerlo sobre enfermedades, como la malaria, que afectan de modo desproporcionado al mundo no desarrollado. Sobre la base de que las revistas suelen apostar por los artículos que pueden recoger más citas, el sector privado promueve el uso de las publicaciones científicas para favorecer esos intereses.
Es digna de mención una investigación bibliométrica realizada sobre estos extremos, analizando los 30 artículos más citados en cada año en el periodo trascurrido desde 1994 a 2004, con las necesarias correcciones para los tres últimos años del periodo 2002-2004 de forma que se tomaron en consideración como un solo año para que la frecuencia de citaciones fuera comparable con el resto de los periodos anuales. En este periodo, casi el 43% de los artículos gozaron de financiación, al menos parcial, por parte de la industria.
La medicina personalizada como caso de referencia
La revista Nature Medicine nos ofrece un buen indicador de la relevancia adquirida por este tema en el concierto científico. En el número del mes de mayo (número 5) del volumen 12 correspondiente al año 2006 se recogía, en el apartado de Noticias y Opiniones (News and Views), un texto de J. N. Haselden y A. W. Nichols, de las unidades de Investigación y Desarrollo de GlaxoSmithKline que comentaba los avances alcanzados en el estudio de los perfiles metabólicos de ratas como modelo de una nueva aproximación al tratamiento personalizado con medicamentos. El llamado perfil metabólico que es una medida de los niveles de las moléculas pequeñas como azúcares y aminoácidos, se utiliza para predecir la respuesta a los medicamentes que son tóxicos hepáticos. El estudio realizado en ratas propone su extrapolación a los seres humanos como una vía para predecir los efectos y resultados de una acción terapéutica en un perfil determinado.
Los tratamientos médicos habituales se basan habitualmente en la valoración del estado médico del paciente en función de un conjunto de observaciones clínicas y de datos analíticos como es el caso tipo de los análisis de sangre. Estos datos facilitan el diagnóstico para el médico que prescribe el tratamiento que juzgue oportuno.
Esta fórmula corresponde a lo que se identificaría como tratamiento de amplio espectro sustentados en el análisis de poblaciones y en este caso concreto de sus respuestas. Estos tratamientos de carácter generalista funcionan para la mayoría de los pacientes en la mayor parte de los casos. Sin embargo, es lógico que disten de ser el mejor tratamiento para el caso de un individuo determinado. Este tratamiento, adaptado a características específicas del paciente y su problema, requiere un mayor nivel de conocimiento acerca del estado médico del paciente, objetivo que se alcanza combinando la huella genética del individuo con la información sobre sus interacciones con el ambiente.
La consecución de estos niveles de conocimiento permitirían la prescripción de medicaciones más efectivas. Este modo ideal de tratamiento médico personalizado ha empezado a atraer la atención de las agencias especializadas como ha sido el caso de la FDA norteamericana.
Uno de los trabajos pioneros que nos muestra los pasos hacia la consecución de ese ideal es el que publicaba un grupo de investigadores del Imperial College bajo la autoría principal de T. A. Clayton en el número de 20 de abril de 2006 (T. A. Clayton y cols., “Pharmaco-metabonic-phenotyping and personalized drug treatment”, Nature 440, 1073-1077, 2006). Los autores reconocen que tras un periodo de optimismo inicial, se han ido reconociendo las limitaciones de la aproximación farmacogenómica, ya que en su expresión más estricta, esta aproximación no tiene en cuenta las influencias ambientales en los procesos de absorción, distribución, metabolismo y excreción de los medicamentos. De hecho, en este trabajo se proponía el nuevo concepto de “farmaco-metabonómica” para aproximarse al tratamiento personalizado con fármacos, para cuya aplicación se recurre a una combinación de perfiles de metabolitos y de quimiométrica para modelar y predecir las respuestas de los individuos. En este estudio realizado con ratas, el perfil metabólico preexistente de cada animal servía para predecir el grado de daño hepático producido por el paracetamol (acetamionofeno).
Es importante señalar que, a pesar de que el concepto de metabonómica (o metabolónica) ha estado puesto en circulación con anterioridad, el estudio que glosamos es realmente el primero que pone en valor el nuevo concepto, aunque aplicado a animales, relativo a la predicción de efectos biológicos sobre la base de fenotipos individuales definidos por los perfiles metabólicos.
Es importante resaltar que la extrapolación de este concepto desde animales experimentales a los seres humanos no es sencilla ni directa. La diversidad de los seres humanos desde el punto de vista genético es mucho más amplia que la que se observa en los animales experimentales, del mismo modo que lo es la referente a dietas, estilos de vida y medios en los que se desarrollan. Para conseguir niveles razonables de conocimiento sobre lo que podríamos llamar “estado normal” de los humanos, son necesarios estudios epidemiológicos de amplia base que contemplen todas las diferencias étnicas así como que tengan en cuenta los datos relativos a dietas, pautas de ejercicio, historial médico, entre otros.
No existe mucha evidencia acerca de la puesta en práctica de estudios clínicos sobre la base de la metabonómica, aunque hay algunos trabajos en marcha. Cabe mencionar a este respecto el estudio que se viene realizando en el Reino Unido sobre una población de 24.000 individuos (indios y blancos) en el que se trata de conocer los factores de riesgo cardiovascular de ciertas subpoblaciones. El estudio trata de evaluar esos factores en términos de genotipos y de fenotipos metabólicos (aquí es donde interviene la farmacometabónica).
Esta tecnología parece revelar un buen potencial para la medicina personalizada como instrumento complementario a la farmacogenómica que se basa en los perfiles de expresión génica. La combinación de las dos aproximaciones puede contribuir a definir el impacto del ambiente y el estilo de vida sobre la huella genética. La farmacogenómica viene aplicándose en la población clínica para la predicción de efectos en pacientes con cáncer de mama, mientras que la farmacometabonómica puede ayudar a la obtención de mejores resultados en las predicciones asociadas con un mayor número de enfermedades.
Otra posible aplicación de las experiencias obtenidas con ratas y estas tecnologías metabonómicas podría conducir a la preselección de voluntarios en fases claves del proceso de desarrollo de un medicamento. La mejoría en la estratificación de los individuos en cohortes, lo que redundaría en la minimización de los riesgos de efectos negativos, y el enfoque en aquellos individuos que poseen un fenotipo de la enfermedad propio con lo que se incrementaría la evaluación de la eficacia, son las ventajas evidentes.
La invocación a los potenciales beneficios de estas nuevas formas de medicina no debe ocultar la complejidad del debate ético que se encierra con su eventual aplicación. La potencial taxonomía de la población en grupos de riesgo representa amenazas para la provisión de los servicios de salud.
Puede incidir negativamente en momentos de crisis económica con el aumento de las poblaciones envejecidas o con fenotipos patológicos poco favorables para decidir la negación de la aplicación de tratamientos para estos individuos. Tampoco debe dejar de preverse que aumenten los conflictos entre ciencia y creencias, entendidas éstas en sentido amplio; es decir, no sólo en el sentido espiritual de las mismas sino en relación con las misiones laicas contra fumadores o personas obesas o anoréxicas que ahora caracterizan las políticas de algunos gobiernos.
En cualquier caso, la evidencia experimental presentada por el grupo del Imperial College ha puesto en valor que es posible predecir resultados biológicos a partir del perfil metabólico de los individuos, un concepto que abre la posibilidad de combinar farmacogenómica con farmacometabonómica para sellar una importante evolución de la práctica médica.