Encuentros con Mario Bunge en el espacio interdisciplinar de la interrelación materia y mente: un nuevo caso de convergencia evolutiva intelectual

Emilio Muñoz, Instituto de Filosofía, CSIC y Unidad de Investigación en Cultura Científica, CIEMAT

Una reflexión introductoria

De nuevo voy a tratar el tema de la convergencia evolutiva intelectual. Pero esta vez bajo nuevas perspectivas atendiendo a las facetas que atañen a estrategias y resultado. 

A este respecto me parece oportuno recordar cuatro de los objetivos fundamentales de la etapa de investigación que se inicia en 2006-2007, coincidiendo con mi jubilación  como profesor de investigación en la condición de funcionario del Consejo Superior de investigaciones Científicas (CSIC)  y que asimismo coincide con el inicio de mi colaboración con la sección sobre “Biotecnología de la salud en el espejo” en esta web. La situación de jubilado emérito (ad honorem) me ha colocado en una posición especial como investigador al aumentar mis grados de libertad,  tanto en lo que  afecta al nivel institucional como en lo personal. Desaparecían las constricciones relativas a una única afiliación y además se trascendían las limitaciones burocráticas derivadas de las reglas que se siguen  para la financiación pública de proyectos de investigación. En otras palabras, era más libre para escoger mis temas de investigación, los lugares y formas para la  difusión de los resultados así como para facilitar la  colaboración  con variadas instituciones.

Los objetivos de esta etapa como investigador liberado y abierto han sido: primero, el fortalecimiento  de las aproximaciones interdisciplinares a mis actividades investigadoras, orientadas según dos programas de investigación: la filosofía de la política científica y la filosofía de la bilogía; segundo, el recurso a la alta divulgación como fuente e instrumento básicos para recoger, evaluar, y transmitir los avances en los conocimientos científicos y técnicos así como los impactos socio-económicos y políticos resultantes de sus aplicaciones; tercero, el encuadre de los trabajos según  las perspectivas de los estudios de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad (estudios CTS) como marco operativo y la teoría de la evolución, en su versión integrada y sintética, como marco teórico.

Advertí pronto que la consecución de  estos objetivos  en un periodo ya avanzado de mi carrera profesional no podía ajustarse a las pautas y normas de la academia en las que se siguen procesos lentos de preparación y estudio, examinando previamente la literatura pertinente, que conducen a continuación a elaborar hipótesis que finalmente se someten a prueba, sino que debía asentarse sobre formas más heterodoxas, espontáneas e improvisadas, basadas  en impulsos y sensaciones para la selección de los problemas y la preparación de las preguntas a las que responder. Este segundo tipo de aproximación requiere experiencia previa, no solo saberes sino también y sobre todo olfato y sentido de la oportunidad (en suma, fortuna intelectual). En todo caso, siempre ha de tenderse a la formulación de discursos coherentes, articulados y provistos de argumentos sólidos para su defensa, acompañados asimismo de baterías de propuestas, indicadores y recompensas. En el curso de estos procesos y en relación con el concepto de” fortuna (suerte) intelectual” se ha hecho frecuente invocación a la serendipia como apoyo para la elección de obras y autores que permitieran mantener la calidad en el proyecto y sustentaran y realimentaran la relación con la perspectiva evolucionista. 

Otro factor muy importante para un desarrollo satisfactorio de estos trabajos ha sido la posibilidad de realizar tareas formativas y de investigación en entornos institucionales  dispares, pero afortunadamente complementarios como: el Centro de Ciencias Humanas y Sociales y el Instituto de Filosofía del CSIC; el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) con la Unidad de Investigación en Cultura Científica (1ICC); y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía de la UPM y dentro de ella con la Unidad de Emprendimiento Social y Ética en Valores  en la Ingeniería  UESEVI). En estas instituciones se ha contado con elementos estimulantes para la creatividad innovadora al interaccionar y colaborar con capital humano procedente de formaciones diferentes, con orígenes de distintas generaciones y con intereses diversos de partida pero tendiendo a ser interactivos y cooperativos al final de los proyectos. 


Hallazgos y datos

En el desarrollo de estos proyectos se han alcanzado los siguientes resultados: 1) la suficiencia de los avances resultantes del cultivo de la biología moderna y contemporánea para suministrar argumentos críticos sobre la situación socio-económica actual y con ello profundizar en las propuestas y recomendaciones  relacionadas con la política científica y tecnológica en España con el fin de corregir problemas social y medioambientales significativos: 2) la conexión entre conceptos como la cultura, el lenguaje, las enfermedades raras y personalizadas , la educación, con la teoría de la evolución (en su versión integrada y sintética): 3) el valor real y metafórico de las nuevas técnicas aplicadas en biología (las ómicas), así como las visiones sistémicas (biología de sistemas y biología sintética) y los nuevos modos de acción (participación de los pacientes, medicina basada en la evidencia) en las reflexiones y el  establecimiento sobre las buenas prácticas de ese  bien común y primario que es la salud; 4) la emergencia de la(s) ética(s) tanto como puente para la circulación de las actividades de investigación que se llevan a cabo en las tres instituciones citadas, como para ser base y corolario de una gran mayoría de los análisis temáticos que se han realizado. En este proceso, se ha producido la adopción por nuestra parte de una ética consecuencialista  híbrida basada en valores (que se podría adscribir a un utilitarismo moderado) mientras que se ha ido reconociendo en paralelo la necesidad de aplicar el concepto de interéticas en temas y entornos complejos en los  que intervienen una pluralidad de actores.

Pero quizás el resultado más importante en términos filosóficos obtenido de estos proyectos sea la identificación y caracterización del concepto y el proceso de “convergencia evolutiva intelectual”. Esta revelación ha sido desarrollada en el primer editorial de esta sección en el año 2016 y ahora se nos presenta un nuevo caso al enfrentarnos a la obra del gran filósofo Mario Bunge.


Encuentro en la red con Mario Bunge: la persona y la obra

Este texto sobre Bunge no puede permanecer alejado de las críticas, es como veremos una profunda seña de identidad del filósofo argentino. Tampoco van a estar ausentes las referencias a las contradicciones y paradojas, algo que es habitual en mis reflexiones.

Debo confesar que durante los veinte y cinco años de mi tránsito por los estudios CTS no he tenido contactos con Mario Bunge ni en los proyectos europeos ni en los españoles. Ha habido  muchas relaciones e incursiones en la sociología y política de la ciencia, en la economía del cambio técnico y la innovación tecnológica pero la filosofía e historia de la ciencia y la tecnología no han estado presentes, quizá por el notable peso de la influencia de la Unión Europea. Solo una salvedad en el ámbito español. En los años 1980, el filósofo español Miguel Ángel Quintanilla evocaba a Bunge, aunque-esto es una intuición-, a medida que Quintanilla se ha ido interesado en los procesos de comunicación y divulgación de la ciencia y la tecnología, su interés por Bunge ha decrecido. Paradójicamente, mi caso es el contrario: han sido los trabajos sobre investigación en cultura científica, los que  me han acercado a Mario Bunge. 

Soy poco entusiasta de las tecnologías de la información aunque estoy obligado  a su uso. Sin embargo, como habitual usuario de los diccionarios y las enciclopedias, estoy descubriendo  el valor de Wikipedia. A ella he acudido, en consulta de la primera quincena de enero de 2016 (https://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Bunge), para exponer esta síntesis de la vida y la obra de este autor. Estimo que es la quintaesencia del investigador interdisciplinar y defensor de la internacionalización de la actividad investigadora. Se le reconoce como físico, filósofo, epistemólogo y humanista, que ha partido de una formación de ciencias físico-matemáticas realizada en Argentina, su país natal, en donde fue profesor de física teórica y filosofía de la ciencia en las Universidades de La Plata y Buenos Aires. En 1966, con cuarenta y siete años--nació en 1919- se trasladó a la Universidad Mc Gill en Canadá donde ha desarrollado una brillante y muy extensa carrera que ha merecido numerosos reconocimientos académicos. Todavía sigue activo y en los años de su gloriosa madurez ha recibido los siguientes premios: el Príncipe de Asturias en 1982, en 2009 el Guggenheim Fellowship (John Simon Guggenheim Memorial Foundation), y en 2014 el premio Ludwig von Bertalanffy en Complexity Thinking.

Su currículo es impresionante tanto cualitativa como cuantitativamente. Ha contribuido como filósofo en una diversidad de campos y según una línea de síntesis que él mismo ha definido como “una conjunción de ismos, entre los que destacan, el realismo, el cientifismo, el materialismo, el sistemismo“. En el cultivo de tales ismos, ha abordado los aspectos ontológicos (las cosas existen independientemente de que un sujeto las conozca), las dimensiones gnoseológicos (relación con el conocimiento, la realidad es inteligible) y éticos (hay hechos y verdades morales objetivos, es decir tratables o próximos al método científico); en efecto es un decidido defensor de esta metodología. Sostiene que todo lo que existe es material (la energía es una propiedad de la materia). Apoya la visión de que todo lo que existe es un sistema o parte de un sistema. Es asimismo proponente del emergentismo como consecuencia o desarrollo del sistemismo (los sistemas poseen propiedades que son más que la suma de las propiedades de sus componentes) y el agatonismo, visión propia de la ética guiada por la máxima “disfruta de la vida y ayuda a otros a tener una vida digna de ser disfrutada” (sería en mi opinión personal como una ética híbrida que combina el consecuencialismo con rasgos de un utilitarismo mediado por toques luditas, sobre la base de valores como el altruismo- la cooperación- y la empatía).

Pero lo más impresionante de la obra de Bunge y de su pensamiento es la enorme capacidad de crítica que se expande por una variedad de campos y disciplina, ante la que confieso mi modestia filosófica. En la fuente Wikipedia citada se encuentra una nítida y nutrida representación de la amplitud y profundidad del pensamiento crítico de Bunge como muestra la siguiente relación: crítica a paradigmas cosmológicos, muy relacionada con su reflexión sobre ontología; crítica al positivismo lógico, en virtud de que no posee una semántica defendible ni una ontología que trascienda el fenomenalismo ni una ética más allá del emotivismo de Hume; crítica al poperianismo sobre bases parecidas a lo anterior; crítica al internalismo, al externalismo y corrientes derivadas porque presentan gruesas equivocaciones al no concordar con la práctica de la investigación científica al fomentar la superstición, el charlatanismo y socavar cualquier esfuerzo por elevar el nivel cultural y el bienestar social: crítica al marxismo en el que resalta su carácter estrechamente economicista que infravalora el papel de la política y la cultura y bajo el prisma académico por confundir lógica con ontología asi como por la adopción del utilitarismo como ética; crítica al existencialismo, al que tilda de “doctrina sombría” mientras que se explaya en el rechazo a Heidegger del que califica ciertos escritos como “disparates” y además, entre otras razones, por “su afirmación de que la ciencia y la razón son despreciables”.


Primeras detecciones de convergencia

Lo que se ha expuesto, y de un modo sorprendente por la lejanía y la independencia de las carreras, ya se pueden apuntar notables datos de convergencia evolutiva intelectual. Entre ellos, el alineamiento con el realismo científico con su nítida apuesta por su método y de su obsesión por la interdisciplinariedad (aunque nunca declarada pero muy presente en su línea de investigación en filosofía aplicada); precisamente dentro de la filosofía aplicada no solo realiza trabajos sobre Física y Mecánica cuántica, temas alejados de mis intereses, sino también sobre Biología, Medicina, Ciencias sociales (Historia, Psicología, Educación, Economía), áreas y disciplinas en las que hay con Bunge, coincidencias de intereses en general y de ciertas aproximaciones en particular, y de modo muy intenso y particular en la preocupación por la interrelación entre ética y política.

Paradójicamente, todas estas facetas que subrayan la existencia de convergencia evolutiva intelectual han ocurrido, como ya se ha indicado, de forma totalmente independiente en un espacio totalmente virtual y con diacronía temporal. Es decir sin haber tenido ningún contacto  personal ni intelectual y sin haber leído en lo que me concierne ningún artículo ni libro de Bunge hasta 2015. 


El punto de inflexión. Las críticas a las pseudociencias 

Sorprendentemente, el encuentro intelectual con Bunge ha tenido que ver con mis críticas y reflexiones éticas respecto a esa economía política a la que se califica de  ortodoxa en su práctica y que se caracteriza por incidir en la orientación monetarista y en la aplicación de un economicismo desorbitado. Estos trabajos han estado articulados alrededor de los proyectos de Investigación sobre Cultura Científica que se llevan a cabo en la Unidad de Investigación en Cultura Científica del CIEMAT. Dos son los factores que han movilizado esta conexión con la obra de Bunge. El primero de ellos se refiere al proyecto “Conciencia científica: traducción  de la percepción en acción” (financiado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. FCT 13-6532). Un primer resultado de este proyecto ha sido la publicación del libro “La percepción social de la ciencia. Claves para la cultura científica” en el que he presentado un artículo sobre “El estatuto de las ciencias: Una (re)visión evolutiva desde la perspectiva CTS”. En el trabajo se aprovecha la respuesta de una muestra de conveniencia de una población de universitarios españoles para indagar sobre lo que es ciencia y la posición que según los encuestados ocupa la economía en ese cuadro.

El segundo elemento en este proceso de dinamización  ha tenido que ver con el proyecto “Políticas de la cultura científica: análisis de las dimensiones políticas y sociales de la cultura científica (FFI 2011-24582, Ministerio de Economía y Competitividad” (dirigido por J.A. López Cerezo, Departamento de Filosofía, Universidad de Oviedo): Como una de las actividades de este proyecto, se celebró en el CIEMAT, un Coloquio con el título “Fronteras de la Ciencia: Demarcaciones” en octubre de 2014. En ese evento se hizo una presentación pública de los resultados de ambos proyectos: Como fruto de las discusiones sobre el Coloquio con un colaborador eventual en el CIEMAT, Juan Carlos Sanz, he tenido acceso a dos libros de Mario Bunge: el primero de ellos. “Las pseudociencias ¡vaya timo!”; Pamplona, 2010) remitía a otra obra “Matter and Mind: A Philosophical Inquiry2  y más concretamente al capítulo 13 de esta publicación, con el rótulo“ Knowledge: Genuine and Bogus”.

Materia y Mente: Una Investigación filosófica

La editorial Laetoli ha establecido en Pamplona (Navarra) la Biblioteca Bunge como instrumento para dar a conocer la obra de este pensador. Dentro de este objetivo, ha publicado en octubre de 2015 la versión en castellano del libro citado anteriormente3. Es una obra  que ha atraído la atención de la Unidad de Investigación en Cultura Científica  por las reflexiones que se hacen acerca de la relación entre materia y mente y entre cerebro y mente.

El texto es impresionante por su amplitud, profundidad y complejidad, cuenta con una muy buena traducción de Rafael González del Solar, habitual colaborador en estas tareas de la editorial: Se puede considera tanto como una enciclopedia abreviada del pensamiento de Bunge como un testamento intelectual del autor que contaba con 91 años de edad cuando se publicó en inglés. El libro con más de quinientas páginas está dividido en dos Partes más dos Apéndices: la primera parte consta de siete capítulos y  aborda la cuestión de la materia en filosofía mientras que la segunda, con otros seis capítulos, afronta el problema de la mente.

Algunos apuntes sobre las convergencias

No es fácil hacer una reseña del libro para poner de manifiesto la tesis de la convergencia evolutiva intelectual. Escojo la opción  de ofrecer una aproximación sintética, selectiva, en la que extraeré  algunas citas como soporte a dicha tesis, que se focalizará para el presente caso en la parte primera, la que reflexiona sobre la materia. Los primeros cuatro capítulos son una versión actualizada de toda la obra anterior del filósofo argentino-canadiense y en la que apuesta: “por la filosofía como una teoría de todas las cosas“, es decir por contraponer el concepto de cosmovisión al de disciplina académica dividida en áreas o campos: Nos encontramos por lo tanto en el espacio de lo interdisciplinar, como primera convergencia.

Hay dos citas importantes en los tres primeros capítulos que atañen a la materia y que reflejan  de forma muy precisa la posición del autor. En la página 36, 2º párrafo: se  lee,  “El concepto de sistema se ha hecho tan ubicuo que la realidad o el universo se considera cada vez más el sistema de todos los sistemas. Este es, precisamente, el postulado central del sistemismo. A su vez el sistemismo  implica el emergentismo, la tesis de que todo sistema posee propiedades globales o emergentes de las cuales sus componentes carecen”. En la página 39, segundo párrafo, se dice: “… sostengo que cada vez que los científicos descubren algo, y cada vez que los tecnólogos diseñan un artefacto eficaz, confirman el materialismo “. Ya desde los inicios Bunge avanza su adscripción, desde la ciencia y la tecnología, al materialismo sistemista emergentista, con el que me puedo sentir muy de acuerdo partiendo de ese  mismo origen en la ciencia y en la tecnología.

Mención aparte merece el l capítulo 13, titulado, “El conocimiento: genuino y espurio “, del que hay una interesante síntesis en el  libro sobre las pseudociencias citado, en la que  incide   sobre  la economía como ciencia, lo que ha ofrecido apoyo  a nuestras preocupaciones  expresadas anteriormente sobre tal ciencia y sus aplicaciones. Véase, por ejemplo aquí, consultado 13 de enero de 2016.   

A partir de ahí, en la primera parte, las convergencias más notables comienzan a partir del capítulo 5 en el que se trata la cuestión de las emergencias y los niveles.

Tal capítulo 5 (páginas 141-173) dibuja la decadencia de lo que Bunge caracteriza como: “cosmovisión que dio forma  a la vanguardia científica durante el periodo 1660-1850 aproximadamente” .Como cita específica, en página 142, 2º párrafo se señala que: “la composición no lo es todo, la estructura y el mecanismo son igualmente importantes”; esta es una visión, un concepto, en el que vengo insistiendo desde hace años en mis trabajos sobre filosofía de la biología. Para refrendar aún más este posicionamiento, Bunge expone (página 143, 1er párrafo); que “… el programa atomista, consistente en explorar el todo por las partes, fracasa cada vez que el componente de la parte está…influido por la posición de la misma en el todo. Por ejemplo…, toda la familia de las teorías de la elección racional… ha fracasado porque la conducta individual está fuertemente influida por circunstancias macrosociales tales como la situación política y económica”. Mayor convergencia, más proximidad intelectual me parecen casi  un imposible.

En el capítulo 5 se trata además de la materia física,  de la materia química (a la que se la estima dependiente de la física pero con identidad propia), de la materia viva. A esta última se le atribuye una serie de propiedades interrelacionadas que los sistemas químicos no tienen: he aquí algunas de ellas: celularidad, metabolismo, homeostasis, autorreparación, evolución, valor, enfermedad y muerte (página 15ª, 1er  párrafo). Este conjunto de propiedades es lo que vengo englobando bajo el concepto de regulación para contraponerlo al de información, al que completa y enriquece a la vez. Termina la sección (página 158, 2º párrafo) del modo siguiente: “… en el trascurso de un siglo y medio, la biología le ha hecho a la filosofía por lo menos tres regalos: el concepto de integración, y las tesis de multicelularidad de la vida, y de bioevolución mediante modificación y selección natural”.

Prosigue además el capítulo 5 tratando la materia pensante (págs.158 y 159) sobre la que se evoca la necesidad de la “psicología social, la interciencia que investiga el modo en que la materia pensante interacciona con la materia social”. En esta frase se asienta el tratamiento de la mente que se hace en la segunda parte del libro y de modo más particular en el capítulo 9. Finalmente continúa abordando los siguientes temas: la materia social, la materia artificial, la emergencia, los niveles y el compañero gnoseológico. Bunge insiste, desde la perspectiva de la ciencia, que: “…para comprender la ciencia, el materialismo debe ser a la vez sistémico (en lugar de individualista) y emergentista (en lugar de fisicalista)”. Esta declaración le da pie al filósofo argentino para advertir que el naturalismo no es suficiente. 

A pesar de ello, dedica al naturalismo un muy atractivo capítulo 6 por la importancia que el autor le atribuye como cosmovisión con un papel muy significativo en la filosofía de la ciencia (páginas 175-220).

Tomo una primera cita literal de este capítulo porque la considero fundamental para sostener la tesis de la existencia de convergencia evolutiva intelectual de mis pensamientos con los de Bunge. Al criticar el pragmatismo por desatender y hasta descartar la investigación básica desinteresada, en la página 175, 2º párrafo, Bunge plantea lo siguiente:” Un ejemplo reciente de pragmatismo es la política científica reticente a financiar la investigación básica. Un ejemplo relacionado es la afirmación de que toda  investigación se realiza con fines utilitarios, por lo que deberíamos hablar de tecnociencia en lugar de ciencia y tecnología como empresas diferentes e interrelacionadas”; de ahí concluye Bunge que “investigar en cosmología, biología evolutiva, historia y filosofía se considere una pérdida de tiempo” Mi resistencia a adoptar el término tecnociencia, tan caro al filósofo de la ciencia español, y dilecto amigo, Javier Echeverría, es bien conocida en  nuestro común ámbito de trabajo.

Dentro del capítulo 6, también me parece pertinente prestar atención a dos críticas de peso: una al biologismo. Porque Bunge reconoce, en nuevo ejemplo de confluencia intelectual en el terreno de la evolución,  que” la concepción que va ganando adeptos es que somos producto tanto del genoma como de la cultura y que estos dos factores han coevolucionado”. Otra de las críticas emerge en el apartado que titula “Los tres mosqueteros del naturalismo” (páginas 201-207). Hay dos triadas criticadas, la primera es la de aquellos que llama “materialistas vulgares”: Ludwig Buchner, Jacob Moleschott y Karl Vogt (segunda mitad del siglo XIX) y la segunda, un siglo después, comprende a Richard Dawkins, Steven Pinker y Daniel Dennet, los de notable repercusión  de público y  de academia, a quienes critica por su “confianza en que el genoma es el destino” así como por la idea de que “la evolución ha sido programada mediante algoritmos evolutivos”. Comparto estas críticas reflexiones aunque no las  haya expresado de modo explícito.

Desde el naturalismo, Bunge abre el camino hacia lo que va  a tratar en la segunda parte del libro al examinar y criticar tanto al psicologismo (págs. 205-297) como a la naturalización de  la lingüística, la axiología, la ética, el derecho y la tecnología (págs. 207-215). En el primer caso, al acusar al psicologismo de explicar el comportamiento social y los rasgos sociales solo en términos psicológicos  mientras que desatiente elementos sociales como la estructura social, las instituciones y los movimientos sociales. En el segundo, porque considera poco válido el proceso de naturalización  en las cuestiones propias de las ciencias sociales, lo estima más bien  “como engañoso al pretender, en el mejor de los casos, despolitizar la política y en el peor de ellos para disfrazar un programa político oculto”. Invoca de nuevo al materialismo como de mayor valor porque posee todas las ventajas del naturalismo y del sociologismo, y cree que sin recoger sus desventajas.

Todo ello conduce al capítulo 7 (págs.221-254) donde hace una exégesis de un materialismo que queda lejos de la visión hedonista, es decir de la búsqueda de placer y de bienes materiales: Para Bunge, “ el materialismo filosófico es una cosmovisión según la cual todo es real y material”. Lo contrapone al hedonismo porque tal doctrina es coherente con el inmaterialismo mientras que el materialismo filosófico es compatible con los más nobles valores morales. De hecho, nos recuerda que: “a algunos de los magnates y políticos corruptos más codiciosos, les gusta condenar el materialismo y predicar la espiritualidad, que confunden con la religiosidad” (pág. 221, primer párrafo).

El materialismo que propone Bunge es “la fusión del materialismo y el cientifismo o la tesis de que todo lo que se puede estudiar se investiga mejor utilizando el método científico”. La convergencia evolutiva intelectual de mis trabajos y orientaciones alcanza aquí su cénit. Para terminar de ahondar en ello, una cita  cuando aborda las dimensiones éticas y metaéticas del materialismo que Bunge  propugna: En  la página 248), párrafo segundo, línea 5, declara: “… es un examen de las consecuencias que se siguen de normas morales previas, por el cual propongo defender una ética consecuencialista y experimental en lugar de una deontológica y dogmática” (el subrayado es mío).

En análoga línea de sorprendente convergencia, Bunge hace referencia en la bibliografía  a un trabajo de Thomas Henry Huxley (1893) titulado “Evolution and ethics” publicado  en las páginas  60 a 84 de un libro con el mismo título del que son editores el  propio autor y J. Huxley, publicado en Pilot Press A este texto se accede en Google: http://aleph0.clarku.edu/huxley/CE9/E-E.html

No puedo ni debo extenderme mucho más en este ensayo. Por un lado, indicar que la Parte del libro dedicada a la Mente se desarrolla en seis capítulos y a lo largo de las páginas 257-457, con los siguientes títulos: “El problema mente- cuerpo”, “La materia mentante: el cerebro plástico”, “La mente y la sociedad”, “La cognición, la conciencia y el libre albedrío”, “ El cerebro y el ordenador: el dualismo hardware/software”, y el ya mencionado “El conocimiento: genuino y espurio”. En este capítulo, los  temas y planteamientos en los que se producen convergencias  son amplios y elevados en número, no solo desde la plataforma de mi actividad investigadora personal sino también desde las actividades de la Unidad de Investigación en Cultura Científica del CIEMAT e incluso desde los planteamientos de la Unidad de Emprendimiento Social, Ética y Valores en la Ingeniería de la Escuela de Minas y Energía de la UPM.

Me atrevo a afirmar que es difícil encontrar más procesos de convergencia evolutiva intelectual en campos tan ricos y diversos como son los de las ciencias humanas y sociales y en condiciones de desarrollo espacio-temporales tan diferentes, como las que he descubierto en el importante yacimiento de la obra filosófica y científica de Bunge.


Comentarios finales

Hay una convergencia plena en la búsqueda de la interdisciplinariedad y de las hibridaciones que ha presidido nuestros trabajos con el materialismo sistemista emergentista que abraza Mario Bunge.

En el ámbito de la ética, se advierte una evolución  en el pensamiento del gran pensador argentino con el paso desde el agatonismo inicial hacia la adopción de una ética consecuencialista basada en la combinación de principios y prácticas. Con esa evolución observo satisfecho que se está construyendo un espacio de convergencia en cuestiones formativas e investigadoras que soporta nuestras estrategias personales e institucionales, respecto a la(s) éticas y sus interrelaciones (interéticas).

En el terreno de la política científica, la crítica que hace Bunge  a la tecnociencia  provee de una cierta solidez comparativa a las reservas que he expuesto a tal perspectiva en los entornos de los estudios CTS en España.

Finalmente, y no menos importante, me encuentro con un gran refrendo y soporte intelectual en todos los trabajos de Bunge relativos a sus críticas a las pseudociencias, y de modo especial, al colocar la economía monetarista dentro de ellas Este apoyo se aplica a las investigaciones y análisis en los que, desde 2008, he criticado las prácticas y políticas económicas orientadas a la austeridad bajo el marco de la biología evolutiva y sobre el andamio que ofrece la relación, ya antigua como se acaba de citar pero reencontrada por mí, entre evolución y ética(s).


Agradecimientos

A la Unidad de investigación en Cultura Científica y a quienes fueron sus promotores, los Dres. Juan Antonio Rubio y Rosario Solá; al Profesor José Antonio López Cerezo de la Universidad de Oviedo y al Instituto de Filosofía del CSIC y en especial a su Dirección y al Departamento CTS. A todos por el apoyo  incondicional a mis actividades.  

Una mención muy particular al Instituto Roche que me ha ofrecido esta web para que tratara la divulgación de la biotecnología en la salud de modo innovador, poco convencional y siguiendo una visión multifacética.

Bibliografía

1  A. Muñoz van Den Eynde y E. Lopera Pareja, coord. (2014),  La percepción social de la ciencia. Claves para  la cultura científica, Madrid, Los libros de la catarata.

2 M. Bunge (2010), Matter and Mind: A Philosophical Inquiry, vol.287, Boston Studies in The Philosophy of Science, Dordrecht, Heidelberg, London, New York, Springer.

3 M. Bunge (2015), Materia y mente. Una investigación filosófica, Pamplona, Editorial Lateoli S.L.