La evolución y el lenguaje: Nuevas facetas en la relación entre genética, ambiente y cultura

Emilio Muñoz. Instituto de Filosofía, CCHS, CSIC

Sorprende agradablemente a este fiel seguidor de la teoría de la evolución la creciente repercusión y usos de este concepto en esta sociedad en crisis. En esta complicada coyuntura, algunos estimamos que el conocimiento científico y técnico emerge como posible barco para navegar sobre el convulso oleaje de las políticas economicistas para recuperar la senda de la cooperación y la innovación productiva con incidencia en la competitividad.

Sigo pensando que en el caladero de la (alta) divulgación científica se pueden pescar nuevos datos, reflexiones interesantes y sugerentes perspectivas para continuar poniendo en valor la evolución como argumento para el debate, más aún cuando se está conociendo la importancia que en el proceso evolutivo tienen tanto los componentes biológicos de la herencia como la influencia que ejerce el ambiente, influencia que se manifiesta en dos planos: el de la regulación biológica y el de la cultura en sentido amplio.

Traigo a colación tres temas que he seleccionado de varios números de la revista Investigación y Ciencia con el propósito de que sirvan como soporte para construir los argumentos que a partir del lenguaje, del habla, permitan profundizar en las relaciones que modulan la evolución.

El ambiente como predisposición cultural
Un provocador artículo titulado “Autismo y mente técnica”, aparecido en el número de enero de la citada revista (págs. 78-81) del que es autor Simon Baron-Cohen, profesor de psicopatología de la Universidad de Cambridge y director del Centro de Investigación del Autismo, sostiene que las técnicas que imperan en el emparejamiento humano pueden tener que ver con la prevalencia, e incluso el aumento, del autismo.

Una encuesta realizada por su grupo de investigación en 1997 a una muestra de casi dos mil familias del Reino Unido y de las cuáles prácticamente la mitad tenía un hijo con autismo, mientras que la mitad restante tenían hijos con diagnósticos de otras patologías como el síndrome de Down o retrasos en el lenguaje, reveló algunos resultados estadísticamente sorprendentes. El 12,5 % de los padres de los niños autistas y el 21 % de los abuelos varones de esos niños eran o habían sido ingenieros, frente a un 5 % de los padres y un 2,5 % de los abuelos de los niños sin autismo. El reto que persigue la investigación del grupo de Baron-Cohen es fascinante y ha visto su reflejo en significativas publicaciones sobre las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino, focalizadas además en la incidencia sobre el autismo en su espectro más amplio que incluye el síndrome de Asperger. Entre los datos más sobresalientes que se han obtenido en estas investigaciones, cabe señalar que la sistematización parece ser un rasgo comportamental representativo de los niños que sufren los trastornos asociados con la categoría más amplia del autismo. También se han encontrado vínculos entre autismo e inclinación a las matemáticas, así como entre dichas patologías y ciertos ambientes geográficos como los polos técnicos de desarrollo, mientras que en el terreno fisiológico se ha observado relación entre la concentración de testosterona en el útero durante el embarazo y el trastorno autista.

Conclusiones particulares
Estos trabajos me inclinan a proponer algunas conclusiones:

- La conveniencia de aplicar las aproximaciones técnicas y científicas (tecnocientíficas) de las ómicas a los estudios sobre estas temáticas como algunos investigadores están haciendo (véase por ejemplo el editorial en el Boletín Perspectivas nº 66 en www.asebio.com).

- La preocupación sobre el efecto futuro en la incidencia de estos trastornos ante el predominio y uso masivo entre jóvenes y niños de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Conozco que existen investigaciones realizadas desde las aproximaciones sociológicas que muestran que estas tecnologías, y la revolución que comportan, aumentan la sociabilidad frente a las posiciones críticas que previenen ante la tendencia al aislamiento. Pero llamo la atención sobre los efectos posibles respecto a la evolución, es decir en un alcance temporal medio, no inmediato.

- La necesaria oportunidad de educar y enculturar diversificando, con la búsqueda de la interdisciplinariedad y la integración de las humanidades en los estudios técnicos y de la técnica y sus aplicaciones en los estudios humanísticos, y por ende advertir de los riesgos de las especializaciones tempranas en la educación.

La cooperación entre los sentidos: Resultado de la evolución y motor para evolucionar.
En el número de marzo de la revista ya citada (págs. 82-85), un profesor de psicología de la Universidad de California en Riverside, Lawrence D. Rosenblaum, afronta bajo el título “Dependencia y cooperación entre los sentidos“, una visión innovadora de cómo se establece la relación entre la estructura del cerebro y el funcionamiento cerebral respecto a la percepción que ofrecen los sentidos.

Ante la vieja idea que consideraba al cerebro como estructurado en regiones que estaban específicamente orientadas a realizar las funciones que los sentidos nos ofrecen, se alzan nuevas concepciones. Estas son fruto de los trabajos de los últimos treinta años en psicología y neurociencia que plantean el concepto de que el cerebro es un órgano multisensensorial.

En efecto existe desde hace años información contrastada sobre la capacidad de ciertas regiones del cerebro para integrar información procedente de varios sentidos. Más recientemente se ha comprobado que la percepción multisensorial constituye una propiedad relevante de la arquitectura cerebral. Este hecho apunta a que la cooperación entre sentidos es un proceso que ha acompañado a los resultados de la evolución del cerebro.

El fenómeno básico sobre el que asienta sus argumentos el autor del artículo es el habla. De hecho, expone que es la investigación en percepción multisensorial del habla la que ha dotado de consistencia y ha expandido la concepción de que entre los sentidos hay una completa red de interacciones.

Estas nuevas ideas, sustentadas en datos, están siendo aplicadas para contribuir a las mejoras en las capacidades de las personas que han perdido algunos de sus sentidos primarios. Se ha comprobado por ejemplo que los implantes cocleares son tanto más efectivos cuanto más pronto se implantan. De este modo se evita que el cerebro implantado haya tenido demasiado tiempo para derivar corteza auditiva cerebral, que no se usa, a otros propósitos sensoriales (a la vista o el tacto como ejemplos).

Conclusión particular
La conclusión más importante para nuestros fines es que la percepción multisensorial es un avance evolutivo. Si se toma la consideración en sentido inverso, punto que someto a la reflexión de todos, hay que pensar en el poder evolutivo, tanto en sentido positivo como negativo, que representa esta integración cerebral para los niños, sometidos a la riqueza y diversidad de estímulos que se les ofrecen actualmente.

La evolución del lenguaje: ¿Implicaciones socio-políticas?
En los casos tratados, la comunicación y el lenguaje han aflorado como factores determinantes para nuestro discurso y sus consecuencias. Por ello, en último lugar pero con la misma importancia, quiero destacar el tema de la evolución del lenguaje que considero fundamental para nuestras tesis, y que además ha sido destacado por la revista Investigación y Ciencia en el número de mayo de 2013.Se ha escogido el tema como título de la portada con los siguientes enunciados: “La evolución del lenguaje” que se acompaña con el subtitulado “Nuevas aportaciones de la teoría de redes”.

El artículo, desarrollado en las páginas 58 a 67 que merita esta elección, es una innovadora, creativa e interesante contribución de tres autores españoles que trabajan en distintas instituciones: R.V. Solá, investigador ICREA en la Universidad Pompeu Fabra y miembro del instituto de Santa Fe en USA, B. Corominas Murtra, investigador en la Universidad Médica de Viena y J. Fortuny, investigador en la Universidad de Barcelona.

Los autores marcan el terreno de sus indagaciones desde una perspectiva que integra cambios culturales con factores biológicos como atestiguan estas palabras: “A lo largo de la historia, el análisis de estas marcas, su naturaleza y sus orígenes (genéticas, culturales o las dos) ha dado lugar a grandes debates en el ámbito de la lingüística. Sin embargo, han permanecido casi siempre alejados de la ciencia empírica, basada en la validación de hipótesis y en la propuesta de modelos teóricos”.

Tal es la valiosa y valiente propuesta que emana de este artículo en el que se sintetizan trabajos de los autores y otros ajenos pero seminales. Es un texto cuya lectura recomiendo; se trata de una revisión que pone al día sobre la cuestión de forma atractiva y bien documentada, a la par que introduce una visión prospectiva con audacia y responsabilidad al mismo tiempo.

Tres son los grandes argumentos que ornan este trabajo y que, en esencia, buscan responder a la pregunta acerca de “¿cómo se protege el tránsito desde el protolenguaje hasta nuestro complejo sistema de comunicación al que hemos llegado” y cuáles fueron los elementos que posibilitaron esa transición?

La teoría de redes.
En primer lugar se evoca el apoyo de la teoría de redes que ha alcanzado un notable desarrollo en la última década. A partir de experimentos descritos con claridad y sencillez se llega a concluir la detección de conjuntos de vocablos relacionados entre sí (módulos), y que asimismo existen palabras que conectan varios módulos. Se ha demostrado igualmente que las redes lingüísticas son redes sin escalas, en las que un pequeño número de nodos con mayor conectividad permiten llegar de un punto a otro con gran rapidez. Estas palabras superconectivas serían las palabras muy polisémicas, a pesar de que la ambigüedad que las caracteriza debería hacer pensar a priori en su ineficiencia.

El gran salto
Los avances alcanzados en lo que respecta a las redes semánticas, como sistema organizado, no explican cómo se da el salto hacia la mayor complejidad que supone el modo en el que combinamos o asociamos palabras cuando hablamos; no dan cuenta de ese poder coordinativo que emerge como uno de los atributos esenciales del lenguaje humano.

Los argumentos que se barajan en el texto son todavía más descriptivos que analíticos en lo que concierne al gran salto que se produce en los niños sobre los dos años de edad. En ese momento pasan de la fase primitiva de las dos palabras a otra fase en la que pueden construir frases completas, procesos que conducen a subrayar dos propiedades o rasgos que dan cuenta del “poder expresivo sin límites”: la recursividad y la composicionalidad.

Este salto inmenso desde dos hasta el infinito deja de lado la visión gradualista de la evolución para pensar en una evolución a saltos-megasalto en el caso que nos ocupa- y requiere, según los autores del artículo, acudir a la conjetura de Zipf, formulada a mediados del siglo pasado, en la que se sugería la posibilidad de que el lenguaje humano se ajuste o necesite una “ley del mínimo esfuerzo”. Además de otros argumentos más sólidos o cualificados que arrojen luces sobre tal salto, me atrevo a apuntar, como cosecha propia y fruto de la síntesis que se deriva de este trabajo analítico, la importancia que para eso pueden tener los procesos de cooperación entre sentidos y la enorme influencia de la combinación entre genética y entorno familiar que nos ha destilado la reflexión sobre el autismo.

Evolución cultural
Todo ello nos lleva a insistir sobre la importancia de la evolución cultural, un tema en el que insisten los autores del trabajo. Subrayan que: “Los idiomas sufren cambios notables en una escala de tiempo mucho menor que la que caracteriza a la evolución genética”.

La última parte del artículo de Solé, Corominas-Murtra y Fortuny hace una sugerente incursión sobre la necesidad , a pesar de reconocer sus dificultades, de explorar la evolución de los modos culturales. Señalan la incapacidad de acometerlo por la vía de la experimentación e invocan trabajos que se están llevando a cabo con experimentos virtuales en los que ordenadores y sistemas robóticos ofrecen resultados que pueden contribuir a recrear los (posibles) primeros pasos del lenguaje.

No dejan de plantearse preguntas sobre el futuro de tales trabajos en los que hay que descubrir la “importancia de la interacción física del robot con el medio externo y la percepción que el autómata tiene de sí mismo y de los demás dentro del espacio”.

Conclusión y reflexión finales hacia la proyección socio-política
La metodología que vengo siguiendo de analizar la evolución de los conocimientos científicos desde una perspectiva lo más omnicomprensiva en lo temático que sea posible, a la vez que se busca la síntesis con el objetivo de estudiar el sentido y la sensibilidad del concepto de evolución como principio básico para visionar el futuro desde el pasado y el presente, está dando algunos frutos.

En un editorial publicado en esta misma plataforma digital a principios de 2013 se han criticado las políticas de austeridad por su posible efecto contraevolutivo a la luz de las posiciones más recientes y actuales acerca de la selección natural y de la emergencia de la neuroética. Ahora me atrevo a denunciar los peligros contraevolutivos de la estrategia que se está utilizando en el lenguaje político en estos años de crisis socio-económica y de exacerbación de un capitalismo financiero asimismo en crisis. Esta estrategia se basa en el recurso a mensajes simples, repetidos hasta el cansancio, sin tener respeto por la veracidad y el uso adecuado del lenguaje en esos elementos pseudo comunicativos. Parece que el objetivo no es comunicar ni informar sino alienar por la vía de esta comunicación “desinformativa” a la ciudadanía.

Nota final
Curiosamente, y de modo totalmente independiente, mientras se terminaba de escribir este editorial a finales del mes de julio de 2013, en el periódico El País (30 de julio de 2013, pág. 31), con un cualificado artículo de Javier Sampedro, se informaba de la publicación de un trabajo realizado por un grupo de científicos evolutivos de prestigiosas instituciones de Estados Unidos e India, liderados desde la Universidad de Harvard. En ese trabajo se daba cuenta de que un brusco salto geológico de carácter extremo, el incremento de oxígeno, generó un estímulo biológico (interno) que resultó en la explosión cámbrica de la generación y diversificación de especies, el dilema que tanto preocupó a Darwin. Unos datos de nuevo en favor de la evolución a saltos. Y otra prueba de que estamos en la época de las síntesis explicativas de los grandes fenómenos.