Un análisis de textos sobre la complejidad y la situación socio económica actual: El papel de la economía biológica

Emilio MuñozInstituto de Filosofía, CCHS, CSIC

El número de julio de 2013 de la revista Investigación y Ciencia ofrecía una colección de temas de clara trascendencia para la línea de pensamiento que enmarca un gran número de los editoriales que he venido trasladando a los lectores de esta sección. Aunque se haya expuesto en diversas ocasiones, insisto sobre la naturaleza y aproximaciones del marco de análisis en que me muevo. Viene enmarcado por la teoría de la evolución, se sigue una vía interdisciplinar bajo una perspectiva holista con la que suelo adentrarme en la divulgación científica para encontrar fuentes de hechos y datos relevantes cuya interpretación en sentido interdisciplinar es el objetivo esencial. En este trabajo me voy a centrar en el análisis de la complejidad que circunda a la situación política, económica y social actual.

La complejidad como elemento social
Es un hecho reconocido de modo creciente que vivimos en una sociedad en la que los problemas son de una gran complejidad. Como ejemplo para afrontar el análisis del término y su influencia abordo hermenéuticamente dos temáticas que se han hecho públicas en dos medios bien diferenciados.
 
La visión a través de los sistemas complejos
La revista citada, Investigación y Ciencia, tiene una sección rotulada como Foro científico, generalmente articulada en torno a los objetos y metodologías de estudio de las humanidades y las ciencias sociales. Precisamente en el número de julio y en dicha sección se recoge una contribución (pág. 46) de Geoffrey West, que es director y profesor distinguido del Instituto de Santa Fe de Alburquerque en los Estados Unidos, donde además preside la comisión de acción global sobre sistemas complejos en el Foro Económico Mundial.
 
El ensayo de West que se titula “Comprender la complejidad” presenta en la entradilla el objetivo fundamental del texto: “Para resolver los grandes problemas de la sociedad actual, en apariencia intratables, necesitamos ahondar en las leyes universales que rigen los sistemas complejos”. Con esta selección, se anticipa que el presidente de la comisión de acción global sobre sistemas complejos del Foro Económico Mundial no tiene soluciones para afrontar los problemas que atenazan al mundo actual y que enuncia del siguiente modo: “la incertidumbre de los mercados financieros”; “los pronósticos sobre la oferta y la demanda de la energía”; “la evolución del cambio climático y sus consecuencias”; “la acelerada urbanización”. Reconoce el autor que el tratar estos problemas por separado y de forma cualitativa ha conducido a resultados insatisfactorios.
 
En su trabajo, el Prof. West reclama, busca “una superestructura matemática y predictiva, de alcance suficiente para abordar sistemas complejos, (que) tendría en principio que encuadrar la dinámica y la organización de cualquier sistema complejo en un marco cuantitativo y computable”.
 
Llega a estos desiderata a partir de haber previamente analizado la revolución informática no por medio de una discusión o debate con y sobre ella, sino contemporizando con las nuevas puertas que se abren: menciona específicamente que ya se está empezando a ensayar por profesionales que investigan y que gestionan sobre diversos temas: “ciencia y tecnología, empresas y gobiernos” con los instrumentos más sofisticados y con la disponibilidad de bases de datos para simular y modelar procesos relacionados con estrategias que apoyan la comprensión de la sociedad actual como: la emergencia de la cooperación en la sociedad actual, las condiciones que promueven la innovación o la expansión y el crecimiento de los conflictos.
 
No obstante, el Profesor West, un físico teórico, reconoce las dificultades de la tarea al señalar la carencia de “un marco conceptual unificado para tratar la complejidad .Ignoramos que clase de datos necesitamos y que preguntas críticas deberíamos plantear”.
 
Primera reflexión
La notable profundidad de las reflexiones que se recogen en el ensayo de G. West que le lleva a reclamar la necesidad de la interdisciplinariedad y la búsqueda de un marco conceptual más integrado y holístico- de nuevo me encuentro respecto a tesis que defiendo con el positivo dato de lo que vengo en llamar “convergencia evolutiva intelectual”-, además de reconocer que nuestro cuerpo y los seres vivos poseen la cualidad denominada “comportamiento emergente” como tantas otras organizaciones o sistemas informáticos y físicos, no le anima sin embargo a hacer una incursión sobre lo que puede aportar a la solución de estos problemas la teoría de la evolución, un marco conceptual de gran complejidad y riqueza, ni la a contribución posible para ello de la biología en sus dos líneas más innovadoras , integradoras y holistas: la misma biología evolutiva y la “nueva” biología orientada a la comprensión de los seres vivos como sistemas, superando la etapa más reduccionista de la segunda mitad del siglo pasado.
 
En estas ausencias se detiene el proceso de “convergencia intelectual” entre el análisis de West y los nuestros. De ahí que tenga que recordar recientes discursos y propuestas como : que “la información y la regulación son los dos pilares básicos de la biología ( véanse en www.asebio.com, los editoriales de los Boletines Perspectivas del sector biotecnológico español, números 69 y 70, correspondientes a los meses de septiembre y octubre ) o que la regulación se postula como base para que la vida sea posible en el libro La economía reclama (inter) disciplina (Muñoz Ruiz,2013a)”
 
La complejidad y la macroeconomía. Segunda reflexión
La complejidad ha llegado también al ámbito más generalista de la prensa convencional, aunque eso sí dentro de la especialización. En el número de 6 de octubre del suplemento El País Negocios, Ángel Ubide, uno de sus colaboradores habituales, alertaba sobre el riesgo de aplicar simplicidad a temas complejos en contextos de creciente dificultad; el artículo se titula “Cuidado con las soluciones sencillas para temas complejos”.
 
El articulista es un integrante del Peterson Institute for International Economics, es calificado como experto en el área financiera, tanto desde el prisma internacional como bajo la orientación de la macroeconomía. Su biografía, accesible sin problemas a través de Internet, muestra que a lo largo de su brillante carrera profesional ha estado asociado con firmas dedicadas a fondos de inversión, es decir que se puede considerar como conocedor, o al menos cercano, a la economía financiera, o lo que es lo mismo a lo que un outsider como yo llamaría “economía al uso”, tomando prestado el nombre a Joseph Stiglitz, y a la que he denunciado como economía que se nos impone (Muñoz Ruiz, 2013a). De hecho, el Dr. Ubide ha trabajado como economista para el Fondo Monetario Internacional y ha figurado como socio de McKinsey& Company. No se trata por lo tanto de un economista heterodoxo ante las políticas económicas que como decía “se nos están imponiendo”, y asimismo su currículo recoge una significativa vocación divulgativa como prueban las contribuciones en varios medios: las ya señaladas en El País junto a otras en publicaciones influyentes en el pensamiento económico, el macroeconómico que nos rige, como The Economist, Financial Times,Wall Street Journal y Newsweek.
 
En el artículo que glosamos, el Dr. Ubide, graduado por la Universidad de Zaragoza y doctorado por el prestigioso Instituto Universitario Europeo de Florencia, nos expone la banalidad consensuada que presidió los debates económicos durante lo que llama” largo periodo de bonanza” Eran según señala: “…debates del consenso con prácticamente impacto nulo sobre el debate político”.
 
Pero llegó la crisis y la recesión y todo experimentó un profundo cambio. Trascribo a continuación alguna de las declaraciones del texto de Ángel Ubide:” De repente no estaba claro cuál era el papel de los bancos centrales… ni de la política fiscal. Se ponía en duda la estabilidad de precios… y se cuestionaba la utilidad de la política fiscal como instrumento anticíclico y si reducir el déficit durante una fuerte recesión aumenta o disminuye el ratio de la deuda sobre el PIB…” Y aún siguen más dudas.
 
¿Qué hicieron los políticos ante un panorama de tan “tremenda incertidumbre”? Pues ignorar de forma sorpresiva e indignante para quienes hemos sido educados en la investigación científica y técnica lo que supone el método científico, con lo que conlleva de rigor, responsabilidad, búsqueda de consenso global e internacional, diálogo y acuerdo, y lo que estos objetivos suponen en el plano de la ética (Muñoz, 2008, Muñoz Ruiz, 2013b).
 
El artículo del Dr. Ubide es claro al respecto: “La tremenda incertidumbre de la crisis generó una gran demanda de expertos que pudieran explicar lo que estaba pasando… Por desgracia la metodología de investigación económica no es ¡siempre adecuada! (los signos admirativos son míos). La investigación rigurosa es casi siempre y por su naturaleza de ámbito muy limitada y de difícil generalización. Sin embargo, en manos de los políticos necesitados de apoyos para sus ideas (la cursiva es mía) se puede convertir rápidamente en un potente instrumento de comunicación… Nuestras mentes están entrenadas para preferir los argumentos sencillos, la realidad es compleja y la mente (¿qué mente?, el subrayado y esta interrogación son de cosecha propia) agradece que alguien la explique de manera sencilla”.
 
Termino aquí la trascripción, con ligeros comentarios propios, del texto del Dr. Ubide, texto que no tiene desperdicio, a mi modesto saber y entender. No conozco personalmente al autor y hay muchas cosas que nos separan: años, preparación disciplinar, carreras profesionales. Pero le estoy profundamente agradecido. Quizás me puede considerar insignificante por meterme en la “camisa de once varas “de la economía, a modo de un pigmeo ante Gulliver, si bien también puede ser generoso y atribuirme el papel de “un elefante entrando en una cacharrería”.
 
En todo caso, desde la distancia que nos separa, le manifiesto mi alegría por la “convergencia intelectual” que me permite unir su nombre a los de Joseph E. Stiglitz, Jeffrey D.Sachs y Peter Singer, cuyos libros (Muñoz, 2014) me han suministrado energía intelectual para seguir reclamando que la “economía necesita (inter) disciplina” y que la biología, evolutiva y moderna, con los avances que está experimentando en el conocimiento de los factores que intervienen en la evolución: la cooperación, la regulación, la cultura, la ética y el cerebro (la mente), puede aportar bastante a esa “metodología de la investigación económica” que los dos textos analizados: el de G. West (instituto de Santa Fe) y de A. Ubide (Peterson Institute for International Economics) consideran limitada y en cierto modo ineficiente para cubrir el papel que la economía juega en este mundo dominado por el dinero y las finanzas.
 
Coda
La economía ha sufrido una profunda transformación a lo largo de la civilización que se inicia con la revolución industrial y cuya evolución está en cuestión desde que empezó la globalización y las subsiguientes crisis de las burbujas (Temas para el debate, editorial, 2013; Muñoz, 2013, 2014). En la sociedad industrial, la economía era una ciencia social que ha ido evolucionando por una senda de creciente importancia hasta alcanzar el estatuto de instrumento básico de poder. De forma que con el predominio de la orientación macroeconómica y financiera que ha promovido la globalización con el apoyo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), esa “antigua” ciencia social ha llegado a suplantar o a dominar al poder político.
 
Intuitivamente primero y analíticamente después desde la biología vengo pensando que los instrumentos de la economía como ciencia social no son válidos u operativos para ejercer este nuevo, diferente y super-poderoso papel. De ahí que haya propuesto la necesidad de una nueva aproximación interdisciplinar a la que he bautizado como “economía biológica” –que amplía las aproximaciones de la economía conductual y la neuroeconomía e incluso podría integrarlas- para entender y modular tal papel.
 
El análisis hermenéutico de textos sobre la complejidad de la intervención de la economía en esta nueva sociedad (o civilización), textos que tienen procedencias disciplinares, institucionales y analíticas diferentes, refuerza en nuestra opinión esa propuesta, ya que los dos textos coinciden en definir tanto el marco teórico como la metodología de la investigación como inadecuados, insuficientes e ineficientes; con los enormes riesgos sociales y políticos que ello comporta. Por eso, de nuevo evoco que la biología puede acudir al rescate.
 
Referencias
Emilio Muñoz (2008) “Dinámica y dimensiones de la ética en la investigación científica y técnica”, en Ética de la investigación (T. Ausín y Mª Teresa López de la Vieja, coords.), Arbor, vol. CLXXXIV, núm.730, págs.197-206.
 
Emilio Muñoz (2013) “Biología evolutiva, ciencia de las burbujas y riesgo de crisis de civilización“, en Temas para el debate, nº 227 (número de octubre de 2013), págs.16-19.
 
Emilio Muñoz Ruiz (2013a) La economía reclama (inter) disciplina. La biología al rescate, La hoja del monte, Valdemorillo (Madrid).
 
Emilio Muñoz Ruiz (2013b) “Investigación responsable. Condicionantes de la accesibilidad a los resultados, publicaciones y conocimiento”, Medes, medicina en español Boletín 7/2012 (aparecido en 2013), págs. 31-35
 
Emilio Muñoz (2014) “Desde una evolución convergente hacia la emergente economía biológica: Un itinerario para la biología evolutiva, la interdisciplinariedad y las interéticas” Dilemata, sometido a publicación.
 
Temas para el debate (2013), editorial ¿Existe riesgo de una crisis de civilización?, Temas para el debate, nº 227 (número de octubre de 2013), págs. 3-4.