Biotecnología y políticas en el contexto europeo. Desde la biosociedad a la bioeconomía

Emilio Muñoz Instituto de Filosofía, CCHS, CSIC

La declaración del año 2014 como Año de la Biotecnología en España ha generado una serie de iniciativas y actividades de carácter especial  en los ámbitos de la formación avanzada y de los análisis divulgativos que se han sumado a los que habitualmente promueven los sectores biotecnológicos gracias a su propio dinamismo.

Dentro del primer ámbito, cabe mencionar los Encuentros y/o Cursos Avanzados organizados por la Universidad internacional Menéndez y Pelayo (UIMP) en su sede de Santander que han cubierto prácticamente todas las facetas de las actividades de   las biotecnologías. Uno sobre “Biotecnología y Salud” en la semana del 7 al 11 de julio y los otros dos coincidieron temporalmente en la semana del 4 al 8 de agosto y que han versado sobre “Oportunidades y desafíos de la moderna biotecnología: aplicaciones en agricultura, alimentación y salud” y “Bioeconomy/ Bioeconomía”. En los tres ha habido una  significativa participación de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO), si bien con diferentes roles, así como de quien esto escribe en los dos primeros. En el segundo ámbito  de actividades, también me he visto implicado  y de modo particular con dos contribuciones: una bajo el título “La(s) biotecnología(s) en España Pasado, presente y futuro” fue solicitada para contribuir al debate en la web La Actualidad Económica, sección Economía a debate (http://www.1mayo.ccoo.es.nova) de la Fundación 1º de Mayo y que luego adapté y desarrollé como conferencia en la sesión inaugural del Encuentro sobre “Biotecnología y Salud” ya mencionado, mientras que la otra titulada “Biotecnología, Sociedad y Economía: Una visión personal” ha sido publicada online en un número de la revista Arbor sobre  biotecnología en este su año y que ha coordinado José Luis García.

Como editor de esta sección, ”La biotecnología de la salud en el espejo“, estimo que este último editorial del año debe presentar un relato sobre las políticas europeas sobre biotecnología e insistir en el carácter evolutivo de estas tecnologías de la vida tanto desde el plano político como bajo el prisma científico-técnico.
 
Las políticas para y con la biotecnología en Europa y  su evolución.
 
Vengo sosteniendo en los últimos años y así lo declaraba en el texto que figura en la web de la Fundación 1º de Mayo  que: la sociedad industrial en la que nos hemos desarrollado experimentó una importante sacudida con la crisis energética de 1970 y que esa crisis coincide con la emergencia de la biotecnología como tema y prioridad política. Decía y trascribo: “La crisis energética de los 1970 que, en mi modesta opinión, empieza a socavar las raíces de la civilización/sociedad industrial coincide con la emergencia de la biotecnología como prioridad en la política científica mundial. El dato de un elevado valor simbólico se refleja en los presupuestos de ciencia elaborados por la Casa Blanca a mediados de dicha década: aparece una rúbrica específica sobre biotecnología (sic) con una dotación de 500 millones de dólares para investigación”.

Y seguía entrando en el contexto europeo para señalar lo siguiente:” Europa, en el seno de la preocupación resultante de la crisis energética mencionada, se suma a la iniciativa y lleva a cabo una serie de estudios, que conducen a la elaboración de un programa piloto, de carácter experimental, con el fin de identificar las estrategias que deberían orientar las actividades en I+D comunitarias. El programa fue  bautizado con el acrónimo FAST (Forecasting and Assessment in Science and Technology) y dio origen a dos volúmenes  con el conjunto de los mensajes. FAST seleccionó tres temas para ese resumen: trabajo y empleo, la sociedad de la información y la bio-sociedad.
 
En el capítulo primero, titulado “ Towards a bio-society?”, se exponen las razones que habían determinado la explosión de interés por la “new biotechnology” ( la biotecnología moderna) Según el artículo ,las características más relevantes de esta tecnología son: la multiplicidad de las disciplinas científicas y tecnologías en que se basa y la integración de las mismas; la multiplicidad de las aplicaciones y el amplio rango de productos y servicios resultantes; y la multiplicidad de las dimensiones económicas , institucionales y sociales que influyen y sobre las que inciden la producción , consumo y distribución de bienes y servicios”.
 
La relación entre evolución y las políticas asociadas a la biotecnología según sus tipos y ámbitos de aplicación  ha  sido evocada  en el artículo publicado en  la revista Arbor ya mencionado. Ahora me gustaría insistir  en que el carácter evolutivo de tales políticas se ha observado en el contexto europeo. En los primeros años del siglo XXI, la Comisión Europea tuvo que reflexionar ante los mediocres resultados obtenidos con las agendas de Lisboa y Barcelona. Empezaba a ganar peso la idea, avanzada por el gran y malogrado economista del cambio técnico Keith Pavit que “el problema de Europa en lo referente a la baja eficiencia  en el uso de los conocimientos científicos para el desarrollo económico, no era la ausencia de capacidad innovadora sino que la ciencia que se producía no estaba en la frontera de la misma”. Para afrontar tal desafío, la comunidad científica más representativa de la excelencia venía abogando por la necesidad de promover desde las políticas europeas ciencia básica de vanguardia y para ello se estaba planteando la creación de una nueva institución, un Consejo Europeo de Investigación (European Reseach Council, ERC), que permitiera financiar la mejor investigación para poder así caminar desde Europa por las fronteras de los conocimientos científicos.
 
La Comisión Europea, no sin dudas y vacilaciones, asumió el reto y a tal fin, dentro del Sexto Programa Marco (FP6), se puso en marcha una iniciativa rompedora. Esta iniciativa contó de partida con el trabajo de un grupo de expertos de alto nivel (High- Level Expert Group). El informe titulado “Frontier Research: The European Challenge” apoyó la creación del ERC al que calificaron de audaz aventura, pero que debía diferenciarse de las actividades y mecanismos existentes a nivel nacional; por tanto debían ser complementarios , mientras que la Comisión y los Estados tendrían que trabajar con una visión clara de cuál debía ser la misión estratégica del ERC y apoyarla, sin interferencia cortoplacista e interesada, para que esta institución contara con autonomía y recursos adecuados para alcanzar sus objetivos. El Informe marcó el punto de partida de  la  iniciativa  NEST (New and Emerging Science and Technology).
 
La actividad NEST surgió optimista y generosa (aunque tenía fecha de caducidad) para apoyar la investigación pionera y visionaria que tuviera el potencial de abrir nuevos campos a la ciencia europea así como a la investigación sobre problemas potenciales para Europa descubiertos por la ciencia.
 
NEST se diseñó para ser flexible (algo sorprendente en las prácticas comunitarias) y para animar a que se desarrollara investigación interdisciplinar, sin restricción de campos o áreas siempre que los proyectos cayeran dentro de las prioridades temáticas del FP6 (este era el tributo a pagar a la burocracia europea).
 
El programa NEST se asentó sobre tres líneas de acción complementarias: los “ADVENTURE projects” (proyectos Aventura), cuyo requisito clave era que debían ser desafiantes y ambiciosos, los “INSIGHT projects” (proyectos con perspicacia) que debían plantearse para investigar y evaluar nuevos descubrimientos o nuevos fenómenos detectados por la observación y que pudieran representarr nuevos riesgos y problemas para las sociedades europeas; para  ellos no existían limitaciones de campos científicos pero debían ser proyectados con aproximaciones innovadoras y poco convencionales. Estas dos líneas se financiaron a través de convocatorias abiertas con intervalos para la evaluación de cada una de ellas de seis meses a lo largo del VI Programa Marco (2002-2006). La tercera línea, PATHFINDER initiatives (iniciativas a  la búsqueda de caminos), perseguía financiar actividades  de amplio espectro y orientadas a buscar la apertura a nuevos y emergentes campos en ciencia y tecnología. El objetivo era favorecer el liderazgo de los científicos europeos en campos que abrieran vías pioneras de impacto futuro. Se esperaba que los proyectos de éxito dentro de esta línea PATHFINDER contribuyeran a las nuevas propuestas en los futiros programas de la investigación europea.

Tuve la oportunidad de participar como evaluador en el programa NEST (un acrónimo tan sugerente puesto que apunta hacia el “futuro próximo, una simple letra que cambie, la s por x, y por lo que refleja de “nido”) con lo que pude apreciar en primera fila sus indudables atractivos y virtudes que no ocultaban  sus problemas para superar las inercias burocráticas al mismo tiempo.
 
A pesar de su corta y acotada vida, NEST tuvo éxito indudable  y sus proyectos abrieron rutas, sin estar  ejerciendo la planificación, hacia lo que llamamos biotecnología moderna e incluso contemporánea. Para ilustrar este camino de descubrimientos ofrezco un relación de algunos de los  proyectos, que además, en mi opinión, desvelan  que existía  en ellos la validez del concepto de biosociedad  que se acuñó en la década de 1980, aunque  tal objetivo no estuviera expresado de modo explícito .Aquí van   los ejemplos con los títulos traducidos al castellano y con detalles adicionales, por y de quien esto escribe. Dentro de la línea PATHFINDER  los más relevantes fueron: “Qué significa ser humanos” ; “Biología sintética. Aplicando la ingeniería a la biología”- con un papel protagonista del científico español Luis Serrano-; y “Afrontando la complejidad de la ciencia” . En la línea ADVENTURE, la lista es muy amplia pero selecciono una muestra que creo representativa: “La tarjeta de visita  de la alergia”, “El apoyo del axón, la comunicación entre, axón y núcleo”; “ BIODECON, nuevo método para la descontaminación biológica por descargas de plasma”, “BIOPHOT, la interacción entre luz y bioestructuras para diseñar materiales acordes con los patrones de la naturaleza”; “Control de la célula madre en el cáncer“; “Embriómica, un ataque al tema de la embriogénesis desde una perspectiva inter y multidisciplinar”; ”ESIGNET, desarrollo de simulaciones de la señalización celular”; “IDEA-MEA, la red neuronal revelada por matrices de microelectrodos”.
 
El tránsito hacia la bioeconomía.
 
El Séptimo Programa Marco, no obstante su importancia cuantitativa en duración y recursos financieros, no aportó nada nuevo en el terreno de las políticas de ciencia y tecnología en relación con la biotecnología, salvo la importancia atribuida a la genómica  en relación con la salud y el reconocimiento de que el aporte de estas tecnologías de la vida es también significativo en el campo de la alimentación y de  sus aplicaciones industriales abriendo a la vez la ponderación de su potencial hacia las aplicaciones en el sector de la energía.
 
El punto de inflexión se ha dado con el nuevo Programa de Investigación con el cambio en la filosofía al integrar los programas de I +D e innovación bajo el mismo paraguas, cambio bautizado con el nombre de HORIZON 2020. A lo largo de la preparación de esta nueva fórmula programática ha emergido con fuerza la importancia estratégica de biotecnología con la presentación de la Estrategia sobre bioeconomía, un término que se ha convertido en nuevo mantra y en aparente motor de la Agenda europea 2020 y por ello como parte fundamental del programa Horizonte 2020 al que acabamos de referirnos.

En el artículo de la revista Arbor, hago una disquisición sobre los problemas que encierra este término y por ello no redundo aquí en tratar esta cuestión. Solo quiero apuntar que la bioeconomía ha estado presente en el  intenso verano dedicado a la biotecnología en la sede de Santander de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo gracias a la acción de Alfredo Aguilar, un español que desde la Comisión Europea  ha trabajado en estos últimos años en la elaboración de la estrategia de recuperación de la biotecnología como factor decisivo para el desarrollo económico, y para revelar su potencial en un sector tan estratégico como la energía, pero no solo como he podido comprobar con el propio Aguilar en su intervención en la feria BioSpain (septiembre de 2014): el concepto bioeconomía en la visión europea y en la adoptada por la OCDE persigue recuperar el destrozado sector agroindustrial en la mayor parte del mundo. Es decir, se busca una reemergencia de las biotecnologías, en su visión más integral, bajo la perspectiva del término bioeconomía.

Revolución y evolución en las biotecnologías.
Quiero terminar esta reflexión sobre la trayectoria de las políticas europeas respecto a la biotecnología, retrotrayéndome a un debate que se estableció en la década de 1990 sobre si la biotecnología era o no responsable de combinar una revolución tecno-científica con una revolución socio-económica.

En el libro (Evolución de las relaciones entre) Biotecnología, Industria y Sociedad: El caso español (Gabinete de Biotecnología, GABIOTEC, Madrid, 1997), y de modo particular en su parte primera compuesta de tres capítulos, traté en profundidad el tema. Los argumentos esgrimidos en el capítulo segundo (páginas 33-62) sobre el carácter revolucionario de la biotecnología no han hecho más que crecer a lo largo de las casi dos décadas trascurridas desde la publicación del libro. En el capítulo tercero (páginas 63-100) presenté con extensión, amplitud y profundidad las bases sobre las que se ha sustentado gran parte del trabajo posterior sobre los análisis críticos y divulgativos  sobre las biotecnologías. Se concluía de aquel trabajo que la teoría de la evolución y la visión evolucionista  ofrecían el marco adecuado para caracterizar y explorar el desarrollo de tales tecnologías.

De todos estos análisis, cabe proponer que la biotecnología es, en la síntesis del campo tecno-científico con el socio-económico, una “revolución evolutiva”- sigue el patrón de una serie de evoluciones revolucionarias- por cuánto no ha pretendido cambiar los entornos de civilización  sino adaptarse a ellos para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. En este sentido, se puede contraponer a la gran revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) que promueven el tránsito entre la sociedad industrial y la de servicios y  a la que podríamos calificar, en este contexto analítico, de “revolución disruptiva, transformadora”, puesto que no ha perseguido tanto la adaptación a los entornos de civilización, o ambientes civilizatorios como se puede traducir del inglés, sino a la construcción de uno nuevo, al que se ha calificado según tiempos y autores de sociedad, cultura o civilización.

El nuevo paso en este camino de la biotecnología como “revolución evolutiva” que apunto está en la posibilidad de que la(s) biotecnología(s) emerjan como apoyo para una alternativa crítica a la práctica económica de la especulación, que esté basada en la reindustrialización (de ahí el concepto de bioeconomía) y en relación al espacio científico y técnico como elemento modulador de la economía, insistiendo en la propuesta de la incorporación, dentro de la economía como ciencia y de su aplicaciones políticas, de principios y conceptos de la biología, teoría de la evolución y mecanismos de regulación. Es decir se mantiene mi idea de “ biologizar la economía”, por medio de  lo que he llamado “economía biológica” [véanse a este respecto algunos editoriales en esta sección, y contribuciones  en la web www.asebio.com, bien como editoriales del Boletín Perspectivas del sector biotecnológico  o como comentarios en la sección Ojo crítico, y en plan síntesis de estos trabajos, el libro “La economía reclama (inter)disciplina”, La hoja del monte, Valdemorillo (Madrid), 2013].  

A la luz de todo lo antedicho, nuestro término de economía biológica debe situarse por lo tanto en la síntesis e interfaz entre la economía como ciencia y la economía como política.