Viaje al centro de la evolución humana: revelación de la(s) ética(s) como efector evolutivo

Emilio Muñoz Instituto de Filosofía, CCHS, CSIC; Unidad de Investigación en Cultura Científica, CIEMAT

La evolución es el marco analítico en el que he venido integrando las reflexiones derivadas de los dos programas de investigación en los que indago desde hace dos décadas: la filosofía de la política científica y la filosofía de la biología. Como he ido repitiendo a lo largo de estos años, posición de la que son testigos fidedignos muchos de mis escritos- entre ellos bastantes de los editoriales expuestos en esta sección  de la página web del Instituto Roche-, me he basado en una aproximación interdisciplinar y con una visión holista. 

A lo largo de este proceso, he tratado de redimensionar la importancia para la evolución humana de los genes y de otros factores comportamentales como la cultura y la neuroética (véanse los siguientes enlaces a algunos ejemplos sobre estos temas en esta web y en otras fuentes1-3).
 
Afortunadamente, la evolución viene ganando protagonismo creciente, lo que es motivo de satisfacción y de ánimo para seguir profundizando en esta vía. Es asimismo conocido por quienes me siguen que muchos de mis análisis se basan en la colusión entre lo que publica la revista Scientific American, en su versión española Investigación y Ciencia, y nuestros intereses académicos respecto al desarrollo de la nueva biología (suma de la biología moderna y contemporánea, los contextos temporales en que he acotado tales trabajos), y su difusión hacia la sociedad, objetivo esencial de esos esfuerzos. Ahora que tan de moda está la transparencia, debo declarar que esta convergencia de intereses entre la revista y uno mismo, no responde a ningún contrato o acuerdo comercial -que podría ser legítimo-, sino a un proceso personal de confianza en la revista, de la que soy suscriptor desde hace más de  cuatro décadas, y a la satisfacción con su línea editorial: por cierto en aras de la transparencia, solo he publicado dos artículos en Investigación y Ciencia, separadas ambas contribuciones por la friolera de treinta y cinco años.

Número monográfico sobre Evolución humana (Investigación y Ciencia, noviembre de 2014).

Como dato nuevo confirmatorio de lo que antecede, ha llegado otra vez en mi ayuda intelectual el número monográfico de noviembre de 2014. He evocado repetidamente el término serendipia para dar cuenta de esta afortunada coincidencia, de hecho es un feliz proceso de convergencia evolutiva intelectual, como prefiero denominar a estos procesos. 


Elogio de las fuentes.

Desde  la cercana lejanía, si se me permite la paradoja, de lector tan interesado como ansioso, este número 428 aflora como un claro esfuerzo del equipo editorial de la revista madre, Scientific American, aunque al no haber tenido acceso a la edición en inglés sino a la versión española, tengo que glosar esta versión.

Encuentro excelente la portada: sobre un fondo oscuro aparecen dos hemicráneos, cuyas diferencias morfológicas son evidentes, tanto por su tamaño como en su estructura anatómica. El rotulado, que combina el rojo y el blanco, es a la vez informativo y atrayente. En su parte superior, dos recuadros nos informan de que estamos ante un número monográfico que trata de los “orígenes de la humanidad”. El título del número, “Evolución. La saga humana” que aparece en el borde inferior de la portada,  enfoca  nítidamente el contenido de la monografía; sobre él figura en la parte  izquierda un medallón, superpuesto en las letras "E" y "V" de la palabra evolución, que explica aún más el contenido con la leyenda: “Una historia familiar de siete millones de años”. En el faldón de la portada se despliegan, a modo de feliz resumen, los cuatro grandes temas sobre los que pivota el desarrollo del número: “Pensamiento simbólico (La importancia de la cultura)”, “Cambios climáticos (Motores de la evolución)“; ”Funciones de la tribu (La crianza cooperativa)”; y “Evolución presente (El impacto de la tecnología)”.

El núcleo de la monografía

Estos cuatro temas son extracto de la esencia del núcleo temático pero no son trasunto fiel de la estructura narrativa del mismo. La temática se desarrolla a lo largo de un rico volumen compuesto de cuatro partes.

El preámbulo

La primera de ellas es la Introducción de Kate Wong -habitual editora de Scientific American sobre evolución  desde la perspectiva  de los hallazgos paleo antropológicos-. El título de este preámbulo  que figura en el Índice “Reescribir la evolución” (págs. 16-20) solo subtitula el artículo que se nos ofrece con el título más llamativo de “La saga humana”. En este texto se  introduce  desde el primer instante la necesidad de “reescribir la evolución ante la avalancha de  hallazgos recientes”.

Dos precisiones a título personal respecto a la introducción. Primera, la autora entra de lleno en la importancia de la interdisciplinariedad, ya que los hallazgos que evoca ya no son solo los fósiles sino la combinación de esos registros con los datos genéticos. Subraya en efecto que son los resultados de esta hibridación los que “han puesto en tela de juicio cada uno de los capítulos de dicha narración -la evolución aclaro- e incluso han invalidado por completo algunos de ellos”. Kate Wong aboga personalmente por  anticipar la visión interdisciplinar,  ya que en un texto previo a la propia monografía (página 15) , bajo el título “Una diferencia mínima pero notable “, argumenta que por comparaciones genómicas se revela lo que distingue a Homo sapiens de sus parientes cercanos (gorila, chimpancé, bonobo, denisovano). La segunda precisión concierne al uso del término “homininos” (Hominina), en lugar de ”homínidos” más utilizado hasta hace poco. Homininos es el término que designa al  subgrupo de primates homínidos, caracterizados por la posición erguida y la locomoción bípeda, adaptados a la vida terrestre y con el cráneo vertical, cuyos pies no son prensiles a diferencia de los del resto de primates, mientras que las manos tienen un pulgar más desarrollado y son más aptas para manipular. Su origen se remonta a unos seis millones de años, siendo entre 6 y 7 millones de años cuando se daría el ancestro común entre el chimpancé y el ser humano. Esta caracterización de los homininos, tomada de Wikipedia en consulta del 26 de diciembre de 2014, es la que refleja claramente el objetivo nuclear del número que glosamos. Por eso se usa el concepto de “saga humana” y se habla de “historia familiar” y a lo largo del número se recurre exclusivamente al término homininos. Sin embargo, y es la única crítica que hago a este número excelente, estimo que, al menos en la versión española, falta una información previa sobre estos estos extremos. Para quien esto escribe es un requisito imprescindible en una revista de divulgación, independientemente de la altura de sus objetivos. 

En el faldón de la última página del texto introductorio se cuelga el contenido del número, describiendo las tres partes: “De dónde venimos” es el título de la primera parte; la cabecera de la segunda es “Qué nos hace especiales”, mientras que el rubro de la tercera “Adónde nos dirigimos” hace un ejercicio prospectivo.

En este trabajo me voy a centrar en los dos primeros epígrafes que ofrecen suficientes datos y reflexiones para viajar hacia el centro de la evolución humana y para mostrar, en lo que va ser nuestra propuesta, la aparición de las dimensiones éticas como factor decisivo en la evolución. Anticipo que el análisis de la tercera parte lo reservo para un segundo trabajo, próximo en el tiempo. En ese segundo ejercicio  trataré de discutir sobre, de avanzar en,  lo que significa realmente el gran reto al que se enfrentó Darwin  para explicar su teoría de la evolución: el concepto de selección natural, a la luz de la integración de los conocimientos actuales.

De dónde venimos

Esta parte está compuesta por tres artículos que se extienden desde la página 20 a la 37 del volumen. Las páginas 20 y 21 presentan una introducción a este título con una ilustración realmente atrayente acerca de la situación actual del árbol genealógico de la saga humana. Constituye una representación de la diversidad y ramificación de lo que es el subgrupo de los homininos. El árbol muestra una notable frondosidad y asume que en la raíz se encuentran Sahelantropus tchadensis y Orrorin tuganensis  para situar el origen de la citada saga, como ya se ha señalado, en los 6 millones de años.

La diversidad y las ramificaciones de este árbol es lo que trata el primer artículo. Con el título “Nuestro intrincado árbol genealógico” (págs. 22-27), el paleoantropólogo Bernard Wood, que trabaja en la Universidad George Washington y que se interesó por la evolución humana a partir de la medicina como integrante de la expedición de Richard Leakey en el norte de Kenya, en África oriental, nos adentra en ese intrincado paraje. Subraya el autor que: “se ha pasado de una visión en los años sesenta del siglo XX muy sencilla de la historia de Homo sapiens con una sola rama, con el hombre mono (Australopithecus) en la base, que habría sido sustituido por Homo erectus, que  a su vez habría dado paso a los neandertales y a Homo sapiens, a una perspectiva mucho más compleja”. 

La idea que gana peso es que: ”diferentes especies de homininos coexistieron en el planeta varias veces durante los últimos millones de años”. Lo que es todavía más evidente es que los  “últimos análisis genéticos y los hallazgos de fósiles con su diversificación según lugares y en dataciones, señalan que la historia de la evolución humana es mucho más enrevesada e intrigante de lo que nadie habría imaginado”.

En el segundo artículo, titulado “Cambios climáticos y evolución humana” (págs. 28-33) a cargo de Peter B. de Menocal, profesor en el  Observatorio Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, se introduce  evidencia sustantiva  por parte de este especialista en ciencias de la Tierra y ciencias ambientales, acerca de la importancia del ambiente en la evolución. Con ello se matiza la primera visión darwinista que primaba a los individuos como actores de tal proceso, atribuyendo la supervivencia a la fortaleza. Los datos que aporta el profesor de Menocal a partir del estudio integrado del suelo africano, de los sedimentos marinos y la dentadura fósil, revelan que la “rápida alternancia entre ambientes húmedos y secos favoreció en nuestros ancestros la adopción de rasgos más modernos, mientras que otros (no lo hicieron y) se extinguieron”. Con este paso adaptativo según la situación climática, se había cambiado la variedad de la dieta, característica que se sumaría a la capacidad innovadora de fabricar herramientas y con ello de desarrollar la facilidad de adaptarse al cambio continuo.

Sobre esta facultad creativa, capacidad innovadora, insiste el último texto del apartado primero que explora nuestros orígenes. En ese artículo (págs.34-39), su autor Ian Tattersall, paleontólogo y conservador emérito del Americano de Historia Natural, evoca la suerte -“A golpe de suerte” es el título- para dar cuenta del proceso de éxito de nuestros antepasados.

La tesis de Tattersall es que la gran velocidad en la evolución fue el “resultado de una combinación de avances culturales y cambios climáticos impredecibles”. Las grandes glaciaciones tuvieron el efecto de fragmentar las poblaciones y con esta tensión permanecieron las especies que se podían beneficiar de una mezcla de avances cognitivos, innovación tecnológica y cambios climáticos, con el resultado de adquirir como ventaja competitiva un modo único de pensamiento simbólico”.

Esta forma menos heroica de ver la evolución, que sería resultado de la rápida concatenación de acontecimientos aleatorios externos, que conducirían a la flexibilidad y a la capacidad adaptativa, representa una interesante lección. Si no hemos sido moldeados por la evolución con algún fin concreto, eso nos lleva  a disponer de un valor, la libertad para tomar decisiones, lo que nos hace por lo tanto responsables de las de las mismas.

De la extracción de lo expuesto en esta parte del número que ha rastreado los orígenes de la especie humana, cabe colegir que empiezan a emerger valores y por tanto hay razones para atribuir a la(s) ética(s) el carácter de factor moldeador de la evolución.


Qué nos hace especiales

Este es el título de la segunda parte de la monografía que se extiende por las páginas 46-73, y que en cuatro artículos y una ilustración preliminar, muestra que esta especialización es fruto de conjugación de ventajas anatómicas, fisiológicas, desarrollo de capacidades afectivas, psicológicas, que han conducido a la elección de modos de vida, de actitudes con respecto a los que nos rodean.

La figura que adorna las páginas 46 y 47 es un esqueleto con el detalle de los rasgos distintivos del cuerpo humano que fueron apareciendo en el trascurso de los siete millones de años que según reza la portada, jalonaron nuestra historia familiar como seres humanos. Estos atributos son señalados como posibles responsables de  desarrollos evolutivos funcionales definitorios de la especie humana: la locomoción bípeda y el uso creativo e intensivo de herramientas.

El primero de los trabajos “Ventajas evolutivas de la monogamia” (págs. 48-53) corre a cargo de un divulgador (“science writer"), Blake Edgar, con una valiosa trayectoria profesional en el tratamiento de temas antropológicos y arqueológicos. El autor apunta a que la especie humana es monógama de modo predominante y esta es una opción comportamental de índole social que nos distingue de más del 90 por ciento de los mamíferos. Reconoce no obstante que es una cuestión sujeta a un extenso y amplio debate, aunque los datos más actuales indican que los primeros homininos, aparecidos hace siete millones de años, pudieron ser monógamos. En todo caso, Blake Edgar menciona el valor evolutivo de la crianza cooperativa en relación con la alta, la elevada demanda de energía, que supone el desarrollo de la especie humana. De esta exposición emerge con claridad la importancia de la cooperación.

En los tres restantes artículos hay una significativa convergencia en el tratamiento de estos temas. Frans de Waal, que ostenta la cátedra C.H. Chandler de comportamiento de primates de la Universidad de Emory y es cargo directivo en el Centro Nacional de Primatología Yerkes, avanza en el texto “Raíces del espíritu cooperativo“ (págs.54-57) que hay que revisar la idea de que "la humanidad se ha erigido en la forma de vida dominante por la competencia y la conquista de la naturaleza a sangre y fuego”. Apunta más bien que hay que pensar que “nuestro éxito como especie lo debamos quizá más a la aptitud para cooperar que a la inclinación a la violencia”. De hecho, de Waal declara que “somos la única especie que coopera con extraños”.

En el tercer artículo, Gary Stix, editor de Scientific American con especialización en neurociencia, debate bajo el sugerente título “La pequeña gran diferencia” (págs. 58-65) que la comparación detallada entre el comportamiento de humanos con chimpancés no revela que la especialización humana radique en la capacidad para usar herramientas y en una superioridad general de las facultades cognitivas. La comparación desde el punto de vista de la psicología evolutiva de los procesos psicológicos de humanos y chimpancés apuntaría, según un número importante de investigadores, a que la diferencia esencial entre ambas especies residiría en la capacidad humana para figurarse que piensan otros individuos. Tal capacidad empática dirigiría la acción humana a unir esfuerzos y alcanzar objetivos comunes. 

Stix propone que no solo hay que explicar las diferencias psicológicas, sino que hay que investigar sobre el posible origen genético de los rasgos cognitivos en humanos, chimpancés e incluso neandertales, recurriendo para ello a la exploración y comparación con las raíces genéticas del autismo, tema que que goza de creciente interés y así lo hemos reconocido y lo hemos tratado en algunas ocasiones.

El último artículo retoma la cuestión ya mencionada de la crianza humana. El texto (págs. 66-73) titulado “La receta humana de la crianza” tiene la autoría de Ana Mateos, investigadora responsable del grupo de paleofisiología y ecología humana en el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana en Burgos. Insiste la autora que el modelo de crianza humana viene configurado evolutivamente por “las limitaciones ecológicas, energéticas y fisiológicas que se han encontrado a lo largo de nuestra evolución”. Con datos empíricos. Se concluye que nuestra historia de vida presenta periodos de infancia más cortos que los otros primates. La cooperación en la crianza sería un factor que habría contribuido al mayor desarrollo del cerebro humano y el aporte de “una fuente de energía importante para mantener la supervivencia de las crías y en definitiva de nuestra especie”.

La destilación de lo tratado en este segundo apartado  relativo a  las especializaciones de los humanos, han sublimado una serie de valores orientados a ejercitar acciones y adoptar actitudes como el altruismo, la cooperación, la justicia que revelan que las éticas se pueden asimilar a factores que influyen en la evolución.

Colofón e inicio

El número  especial de Investigación y Ciencia publicado en noviembre de 2014 ha supuesto una magnífica puesta al día de la historia de la evolución humana. Los avances en el terreno de la paleontología y la paleoantropología durante los últimos cuarenta años han sido impresionantes, permitiendo comprender la complejidad de dicho proceso evolutivo, así como profundizar en la  correlación entre las ganancias anatómicas y el desarrollo de funciones características de la especie humana tales como la capacidad de desarrollar herramientas y el progreso en en la locomoción bípeda. Pero ha sido la aproximación interdisciplinar combinando registros fósiles y genéticos la que ha permitido avances  fundamentales en el conocimiento  de las relaciones entre estructuras y funciones biológicas.

Particularmente significativos han sido los progresos en en el terreno de las influencias ambientales en la evolución humana y la penetración empírica en el ámbito de las influencias culturales de la sociabilidad, hasta no hace mucho tiempo limitadas a las simulaciones y a las  hipótesis. Esencial para nuestros propósitos es que se pueda llegar a proponer que  en la evolución humana no solo hay lucha por la supervivencia y contra la naturaleza a sangre y fuego, sino que  existen factores comportamentales asociados a valores  con repercusión en actitudes y conductas.

El gran hallazgo intelectual para  este modesto analista es la emergencia como factores influyentes en la evolución de la ética, las éticas en plural como prefiero referirme. Ya que esta pluralidad y sus interacciones (las interéticas) se va revelando cada vez más en nuestros análisis e indagaciones, no solo como una necesidad -comparar y valorar las posiciones éticas de los actores implicados en la complejidad del mundo contemporáneo– sino como una evidencia de que hay diversas dimensiones y dinámicas éticas en litigio para conseguir legitimación, por ejemplo en los procesos de gobernanza"4

Termino este colofón para anunciar un próximo trabajo, puesto que estimo que disponemos de un arsenal de argumentos, datos, relaciones para revisar el concepto de selección natural que Darwin avanzó con maravillosa intuición pero con dificultades de interpretación, dificultades que han conducido a errores notables en la trasposición del mismo al darwinismo social y a su proyección a la “economía drawinista” por parte, entre otros, del neoliberal Hayek, de enorme influencia en esa línea de pensamiento económico.


Enlaces a sitios web con contribuciones personales relacionadas con este trabajo:
 

http://www.institutoroche.es/editorial/77/Seleccion_natural_evolucion_humana_y_neuroetica_convergencias_evolutivas_y_criticas_a_la_austeridad_aplicada_como_principio_politico

http://www.institutoroche.es/editorial/84/La_evolucion_y_el_lenguaje_Nuevas_facetas_en_la_relacion_entre_genetica_ambiente_y_cultura

http://www.institutoroche.es/editorial/87/La_hibridacion_y_su_influencia_en_la_evolucion_del_Homo_sapiens_Alertas_sobre_las_politicas_excluyentes

http://www.sebbm.com/revista/articulo.asp?id=10763&catgrupo=27&tipocom=28

  http://www.cchs.csic.es/es/node/288670

 http://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/269

http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewArticle/413