Una síntesis de la teoría de la evolución: Supervivencia, Adaptación y Entorno para la Sociabilidad

Emilio Muñoz. Instituto de Filosofía, CCHS, CSIC y Unidad de Investigación en Cultura Científica, CIEMAT.

Pretendo ofrecer una visión sintética e integradora de la teoría de la evolución tras ocho años de reflexión sobre las relaciones entre disciplinas y ámbitos de acción diversificados como son la biología, la economía y la política.

El detonante de este proceso ha sido la crisis económica, sistémica, global, para cuya salida se han aplicado, en opinión de quien escribe, criterios esencialmente dogmáticos, ignorando la importancia de los contextos históricos y culturales, y dejando muy de lado en tales procesos de corrección del problema lo que es la investigación científica con el importante correlato del método científico.

Introducción estratégica y metodológica
La estrategia para desarrollar este trabajo se ha sustentado en tres niveles. El primer nivel, dimensión macro, consiste en la apuesta por las hibridaciones, las interdependencias, y la búsqueda de los saltos de fronteras entre disciplinas, temáticas y aproximaciones. En el plano teórico se ha apoyado en la filosofía de la ciencia.

El segundo nivel, dimensión meso, se ha asociado con la situación única y favorable en mi caso de no estar sujeto a la restricción de una sola afiliación, facultándome así el desarrollar una actividad investigadora en el seno de instituciones diferentes, pero complementarias como la Unidad de Investigación en Cultura Científica del CIEMAT (1ICC), con el potencial de ir generando una dinámica innovadora y docente en la Unidad de Emprendimiento Social, Ética y Valores en Ingeniería de la Escuela Técnica Superior de Minas y Energía de la UPM (UESEVI-ETSIME), dinámicas estas articuladas sobre la pertenencia como Profesor de Investigación ”ad honorem” al Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del CSIC. El marco teórico se ha apoyado en los programas de investigación sobre “filosofía de la política científica” y “filosofía de la biología” y en la aplicación del concepto de “interéticas” o éticas interrelacionadas según un análisis consecuencialista sustentado en valores.

El tercer nivel, dimensión micro, se ha basado en la disponibilidad de dos plataformas online significativas y selectivas como la web de ASEBIO (www.asebio.com) con dos espacios: el Boletín Perspectivas del sector biotecnológico y la sección Ojo crítico, y la web del Instituto Roche (www.institutoroche.es) con el apartado de Biotecnología y la sección titulada “La biotecnología de la salud en el espejo”. El armazón teórico ha descansado en dos conceptos, uno  el de “ serendipia”, que me he apropiado desde la historia de la ciencia, y el otro el de “convergencia evolutiva intelectual“ acuñado por este servidor. Respecto al primero y su validez, quiero destacar que, con motivo de un Seminario CTS dictado por mí en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales el 5 de marzo de 2015 con el título “Darwin revisado. Deconstrucción de la selección natural desde la economía”, que es un tema relacionado con este artículo, el catedrático de Filosofía de la UNED, J. Francisco Álvarez, en su comentario a nuestra presentación, hizo una interesante glosa sobre el concepto de “serendipia” en relación a su valor instrumental.

La metodología que se ha utilizado para este trabajo se ha fundamentado en la técnica de la acumulación, aproximación semejante a la que se atribuye a Darwin según sus biógrafos Desmond y Moore, la reflexión crítica sobre este cúmulo de datos e información y la transformación de los resultados analíticos en textos sintéticos y lo más divulgativos posibles, es decir accesibles al público interesado, para su publicación en las dos plataformas online citadas.

Textos básicos para la elaboración de la síntesis de la teoría de la evolución    
Los textos que han contribuido decisivamente esta síntesis han llegado a mis manos gracias a la serendipia y a la convergencia evolutiva intelectual, procesos que han sido mediados en el caso presente por Juan Carlos Sanz, colaborador en el CIEMAT.

Lecciones procedentes de los animales
El primero de tales textos es el libro “Justicia salvaje. La vida moral de los animales” (Turner. 2010) a cuyo prólogo ya nos referimos en un editorial anterior1 en el que se avanzaba el entusiasmo que me suscitaba su lectura, entonces todavía en curso, y recogía algunas sentencias de ese prólogo para apoyar la conclusión de que “La moralidad es una cualidad evolucionada y ´ellos´ (los otros animales) la poseen como la poseemos nosotros”.

La finalización de la lectura del libro no ha supuesto ningún cambio en mi apreciación inicial del libro y además ha servido para confirmar la tesis enunciada de que las éticas son factores que intervienen en la evolución. De hecho, he publicado en el primer tercio de 2015 una reseña del libro del que son autores el etólogo Marc Bekoff y la filósofa moral Jessica Pierce en la sección Ojo crítico de la web de ASEBIO2.

Entresaco a continuación algunos de los argumentos expuestos en dicha reseña en la que he calificado la obra de Bekoff y Pierce de “libro cohesivo” y que como acabo de señalar han robustecido la propuesta de asignar a los comportamientos morales un carácter evolutivo y con ello de actuar como factores en la evolución: “El libro tiene muchos valores- no podría ser de otro modo, se trata de moralidad. El primero de ellos concierne a la autoría que rezuma interdisciplinariedad, colaboración, confianza y compromiso…”

…“Otro de los valores radica en la claridad del objetivo que se persigue”: ilustrar a los lectores de que los animales son seres morales, capaces de esforzarse por el bien del grupo en el que viven y desmontar  el abuso, errado además, del paradigma de la competitividad que según los autores del libro :” ha monopolizado el discurso sobre la evolución del comportamiento social” de hecho, contraponen  a la idea de la “ ley del más fuerte” el concepto de “ justicia salvaje”.

Los autores invitan a que nos emocionemos y como decía en la reseña: …“Yo me he apuntado con entusiasmo a la invitación; en mi caso  se da una paradoja ya que curiosamente alguien que nunca pensó en escoger la fisiología animal  porque el objeto de investigación eran los animales y no me sentía cómodo con ellos- de ahí mi orientación a la bioquímica y biología celular microbiana,  encuentra ahora en las emociones de los animales  y en la identificación de sentimientos de empatía apoyos fundamentales para la tesis expuesta recientemente (www.institutoroche.es) de que la evolución ha encontrado bases y fundamentos en los comportamientos morales, en las éticas, y en sus interrelaciones, las interéticas”.

"Hay otros importantes logros en el libro como la identificación de clusters de valores, tres: el de la cooperación, que sería el principio asociado con el altruismo que se acerca al ejercicio de la(s) responsabilidad(es); el de la empatía que es el sustrato de la regulación social; y el de la justicia, al que los autores del libro consideran como la única innovación moral humana, que persigue la igualdad y que para los animales tiene que ver con “el honor y el juego limpio”.

Lecciones desde la sabiduría comprometida
La segunda fuente y aún más esencial para nuestro discurso ha supuesto un descubrimiento, tanto por lo que respecta al libro: “Este es el tiempo del mundo finito” (Acento editorial, 1994) como por el autor, Albert Jacquard un gran pensador de acusada base interdisciplinar. Ya he anticipado algunas convergencias con dicho texto y autor, que han dado fuerza a las propuestas que voy a seguir desgranado en este trabajo, y que serán recogidas en un texto destinado a la sección Ojo crítico de la web de ASEBIO (www.asebio.com) como reseña de la primera parte del libro arriba citado, y que aparecerá probablemente en el mes de junio 2.

Una extensión de este ejercicio de convergencias que surge del análisis de la segunda parte, “Una realidad nueva” (págs. 97-163) del sugerente texto de Jacquard va a ser el objeto de las líneas que siguen. El autor francés recuerda que la tierra es finita y nos presenta trazos de nuestra evolución desde nómadas que no se vieron limitados por el espacio a la transformación en recolectores que fueron ocupando zonas donde ningún primate había subsistido. Comenzaba de este modo la relación entre naturaleza (medio natural) y cultura, una incidencia sobre la que volveré más tarde cuando avance en la propuesta de la síntesis de la evolución.

Para ilustrar lo que la humanidad ha vivido en el siglo XX- y que está viviendo en este inicio del siglo XXI añadiría yo- Jacquard narra el caso de los inuit, que vivían en una pequeña isla en relación alegre con las focas, y a los que la “occidentalización” condujo a lo que he definido como “clonación social” que repercutió negativamente en su modo de vida hasta llevarlos a su destrucción como etnia: a un etnocidio en palabras de Jacquard. Ante este hecho, me parece oportuno evocar a las éticas, señalando la conveniencia en este contexto de pensar que en la vida de los inuit se aplicaba una ética consecuencialista que ajustaba la relación entre costes y beneficios entre los inuit, las focas y el medio natural, ética que se vio perturbada por el intento de los occidentales “civilizados” de aplicarles sus principios.

Tras este impresionante encuentro con los problemas sobre los que vengo reflexionando al examinar las relaciones entre evolución, biología y éticas, Jacquard en dos fascinantes capítulos se aventura a analizar críticamente la influencia del “Creced y multiplicaos”, mandato bíblico a los seres humanos que se ha completado, en un relato no exento de contradicciones, con el “Llenad” (la tierra) y que ha conducido al “Sometedla”.

Nos recuerda que en los primeros tiempos, cuando la tierra parecía inmensa, el número de seres humanos apenas llegaba a unos centenares de millones de pobladores. Ese mandato de “sed prolíficos, llenad la tierra” indujo al temor por la desaparición de la especie, mientras que nunca se planteó la preocupación por los riesgos de la excesiva proliferación. Es verdad y así lo destaca el pensador francés que somos una “especie frágil”, con la que la naturaleza no ha sido amable. Sin embargo el gran avance para los hombres, “error” para la naturaleza, en este combate entre naturaleza y seres humanos es el desarrollo del cerebro, su número de neuronas que supera en un orden de magnitud al número que posee el chimpancé, unos cincuenta mil millones frente a cinco mil millones. Este aumento del cerebro ha determinado que los humanos sean expulsados del claustro materno antes haber alcanzado madurez, un mínimo de autonomía. De ahí, como ya hemos subrayado en un editorial anterior 3, la importancia estratégica para la supervivencia de la crianza y los costes que comporta.

La especie frágil colma la tierra
La población humana ha crecido de modo exponencial partiendo de niveles muy bajos y los aumentos han coincidido con grandes avances culturales. De hecho, durante un periodo que abarcó 1550-1600 años de la historia de la humanidad, el nivel se mantuvo constante, no excediendo los 500 millones. Sin embargo, se alcanzó la cifra de 1000 millones en 1900 que pasó a ser 5.000 millones en 1990, fecha en la que se escribe el texto de Jacquard y en el que se prevé que se alcanzarían los 6.000 millones en el año 2000, como así ha sido. Es posible que en un siglo se llegue a los 10.000-11.000 millones. Ante esta predicción, Jacquard se pregunta lógicamente cuál es el límite y aporta reflexión sobre el tema acudiendo al ejemplo de los nenúfares y al tiempo que necesitan para invadir un estanque: se pueden necesitar 99 días para llenar la mitad del mismo, pero al día siguiente, el día 100, el estanque está lleno. Es un ejemplo clásico de estimación del cálculo reflexivo frente al intuitivo que se ha usado precisamente en un proyecto de la Unidad de Investigación en Cultura Científica del CIEMAT, en el que se ha desarrollado la encuesta PICA que se ha administrado a la población universitaria española (“La percepción social de la ciencia. Claves para la cultura científica”, Muñoz van den Eynde y Lopera Pareja, coords., La Catarata, Madrid, 2014). Estas preocupaciones de Jacquard enlazan un cuarto de siglo después con las que se manifiestan en el libro de Thomas Piketty (“El capital en el siglo XXI”, Fondo de Cultura Económica, 2014).

Esta “explosión demográfica” que ha contribuido a reducir la fragilidad de nuestra especie, conduce como contrapartida a que la procreación pase de “deber absoluto” a convertirse en “derecho a los límites avaramente definidos”.

La tierra sometida
Sostiene Jacquard que la orden de Dios se ha extendido desde “llenad” la tierra a “sometedla”. Todo ello obedece a ese “impulso complejificador” que se apoya en el cerebro humano, y que se traduce en el poder de modificar según el analista francés- lo que nosotros atribuiríamos en el contexto actual a la cultura innovadora. En este capítulo de apenas quince páginas (109-122) se nos ofrece un fascinante relato de los procesos, las dinámicas que han acompañado la evolución del “impulso  complejificador”.

Se parte del empirismo que con el mecanismo de las mutaciones aleatorias no podía aportar avances fulgurantes; se producen largas secuencias de repeticiones separadas por algunos saltos bruscos de débil amplitud. El caso que se usa como ejemplo es el de la talla de sílex a lo largo de un proceso que se prolonga dos millones y medio de años. Innovación más decisiva fue la introducción de la agricultura y la ganadería, aunque en este proceso siguieron imperando las inercias técnicas, como puede ilustrar el uso del tiro de los caballos, inicialmente aplicado al cuello y que provocaba el ahogo de los animales , que se traslada al pecho en una muestra de aprendizaje intercultural.

Ciertos hombres se interrogaron sobre las causas, imaginaron características y propiedades: distancia, fuerza, masa, velocidad, inventaron las matemáticas, se aproximaron a la ciencia. Los modelos científicos ayudaron a describir mejor la realidad; se aumenta la eficacia de los procesos y las dinámicas. Llega la serendipia de forma que sin “ser el objetivo inicial, los descubrimientos empíricos precedieron al descubrimiento científico”. Casos muy ilustrativos que se relatan en el libro del humanista francés son: la máquina de vapor, las primeras aplicaciones de la electricidad. En el siglo XX, la eficacia de los modelos científicos invierte el proceso: ya “no son los experimentadores quienes desafían a los teóricos ante la evidencia de los fenómenos sino que son los teóricos quienes aporten ideas nuevas a los que sean capaces de concretarlas”. Esta visión, presente en el texto de Jacquard, robustece la propuesta que hemos ido destilando desde hace una década en nuestro programa de investigación sobre “filosofía de la política científica” acerca de que la introducción de la política científica moderna hay que situarla a principios del siglo XX y que surge por iniciativa de Europa en torno a la primera Guerra Mundial.

El relevante tránsito desde las modificaciones lentas -se recurre al término bricolaje- a la puesta en marcha de técnicas que transforman la suerte de los hombres (relación entre masa y energía, la hipótesis de De Broglie que condujo a los microscopios electrónicos, la formulación de la estructura en doble hélice del ADN), es responsable de grandes cambios. Estos cambios suscitan preocupaciones que Jacquard, quizá como genetista, ejemplifica en la clonación, ya que suponen alteraciones a las “concreciones en los límites” y que para el pensador francés culminan en lo que llama “efecto bumerán. Hay repercusiones de entidad porque ahora se conoce que el equilibrio en la naturaleza depende de que la solución que se plantea con una (nueva) estructura contemple la relación entre tal estructura con el mundo exterior: intervienen mecanismos operativos en el entorno o en el seno de las sociedades humanas- climáticos, físicos, económicos- que conducen, en ausencia de otra parte, a la producción de “desechos” cuya gestión no es sencilla ni neutra.

A este respecto, cabe mencionar un estudio de la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Alemania sobre los datos de satélites recogidos durante 30 años en décadas recientes que revelan que” la vegetación de todo el planeta se está transformando : se espera que estos cambios tengan consecuencias para la agricultura, las interacciones entre especies, el funcionamiento de los ecosistemas y el intercambio de dióxido de carbono y energía entre la superficie terrestre y la atmósfera (noticia recogida en Notiweb: mi+d, un lugar para la ciencia y la tecnología, 10/3/2015).

Hay que revisar los razonamientos (la cultura) para lo que es “no renovable”. No obstante los que deciden, empresarios, jefes de Estado, actúan contra esta evidencia. Predomina el razonamiento económico, que se acompaña de pérdidas éticas, de reduccionismo en los valores con el predominio del dinero prácticamente sacralizado cono “único” valor. Ello a pesar de constantes invocaciones a la ética, lo que me ha dado pie a calificar ese uso de una “ética (a modo) de bayeta”.

El desenmascaramiento de la economía de mercado
En el capítulo titulado “La economía del mercado, máscara de la realidad”, Jacquard realiza una lúcida crítica a lo que en un libro posterior, aparecido en castellano en 1996, llamó “economía triunfante”.

Para este ejercicio recurre a la fórmula de dos apartados que le sirven a modo de “prótesis intelectual” con el fin de ofrecer una visión escéptica de un filósofo de la ciencia que ha ejercido como estadístico- esto, aclaro, es una simple conjetura personal por mi parte. En el primero de ellos transita de la “suma” al “valor”. El humanista francés plantea la dificultad existente en la definición de los números que se prolonga en el esfuerzo de definir las operaciones que asocian a dos números. Irónicamente, la comunidad (o la comodidad) intelectual llama “característica maravillosa”, imaginada por los economistas, al “valor”.

A este valor, sin embargo, a los economistas les ha costado definirlo en el trayecto histórico de la economía como ciencia social: desde Adam Smith (siglo XVIII) hasta Alfred Marshall (siglo XX) pasando por León Walras (siglo XIX) se ha transitado conceptualmente desde el coste de la producción al juego de la oferta y la demanda pasando por la utilidad.

Dice Jacquard: “Toda la filosofía de la economía, tal como se enseña y practica en los países capitalistas reposa sobre el postulado de un universo infinito”. Esta aseveración nos lleva al segundo apartado del capítulo porque “de la finitud de nuestro dominio”, que es como empieza, se puede concluir que todo recurso es raro o está en riesgo de serlo. Ejemplos son: el agua de los ríos o mares y su contaminación cuando el artesano que curte los cueros acude a ellos para realizar sus trabajos o el petróleo como combustible fósil. La invocación en un nuevo apartado a una “administración razonable de los recursos” nos conduce en el libro a análisis demoledor del indicador milagro para los políticos que creen ciegamente en él para aplicar y valorar sus prácticas economicistas. Me refiero al Producto Interior Bruto ( PIB), o Producto Nacional Bruto (PNB) que es la fórmula que se utiliza en el texto de Jacquard, demolición intelectual que comparto y no solo desde ahora, sino desde que un brillante economista e ingeniero como José Borrell me desvelaba en un artículo publicado en Temas para el Debate que: “si un país sufre un tsunami, su PIB va a aumentar por todo lo que supone la restauración de los efectos de la catástrofe o que si un país fabrica bombas ´anti-persona´, su PIB crecerá al ritmo de las bombas que fabrique”.

El final del libro evoca unos objetivos utópicos que se alejan del propósito esencial de este trabajo. No obstante, creo que merecen una referencia por sus valores éticos y de evolución positiva. El capítulo titulado “Hacia una humanidad adulta” quiere, aspira, a que una especie como la nuestra que ha tenido una pubertad dolorosa,  que ha sido adulta apostando por el suicidio de las guerras y ha devenido en patológicamente esquizofrénica, pueda liberarse un día de la violencia. El autor que hemos glosado expresaba dos grandes deseos: “Un pasaporte único de la Comunidad de los hombres de la Tierra” y que “no haya esclavos en la tierra”. La realidad que nos enmarcan estos primeros años del siglo XXI y las tendencias que se vislumbran no parece que vayan en esta dirección, sino, desgraciadamente a que nos situemos en 10.000 millones de los casi el 90% sean esclavos. El propio Jacquard exponía en su libro cuál podría ser la estrategia para alcanzar sus deseos: dependería de recuperar el sentido de educar, partir  de “E-ducere”, conducir a un niño a que se autoconstruya, en lugar de la degradación más pragmática que lleva la acepción “educare”, alimentar.

Otros dos textos a considerar 
Hay otros dos trabajos que quiero mencionar aunque no entre en este momento a su análisis en profundidad. Me han llegado por la vía y la de mediación ya mencionadas de J. C. Sanz, nuestro colaborador del CIEMAT, que adquiere ya la condición de “colaborador necesario”.

Se han publicado en el número 84 (invierno 2014-2015) de la revista Mètode de la Universidad de Valencia, fundada en 1997 para la difusión de la investigación bajo el prisma de la institución levantina, que se publica en catalán y castellano y desde el principio dirige Martí Domínguez. El primero es una entrevista a un joven historiador, Yuval Noah Harari, autor del libro “De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad” (Crítica, 2014). Datos a destacar: para Harari “la historia humana se divide en tres períodos y el salto de uno a otro es producto de sucesivas revoluciones”. Afirma que la “revolución cognitiva… consistió en poder imaginar realidades”, cualidad muy específica de nuestra especie.

El segundo texto es un artículo, titulado “Justicia distributiva y evolución. Hacia una ciencia de la igualdad” del que es autora Paula Casal. Su currículo es impresionante trabajando en el ámbito interdisciplinar del derecho, la ética y la filosofía y en la actualidad, tras una brillante trayectoria en el extranjero, es profesora ICREA de la universidad Pompeu Fabra. Del texto (Mètode, 84, págs. 29-35) y solo para abrir el apetito de los lectores extraigo de la entradilla: “Este texto ofrece… razones para interesarse por la ciencia evolutiva, que puede ayudar a entender, por ejemplo, los factores genéticos y de subsistencia que influyen en nuestras opiniones acerca de lo que es una distribución justa… y porque tenemos sentimientos fraternales e igualitarios pero sociedades desiguales”.

Visión sintética de la teoría de la evolución
La mirada en el espejo de Albert Jacquard a través de esta sección en la que llevo aplicando la metodología compleja que se ha destilado anteriormente y que resumo: acumulación de conocimientos y datos, estrategias de observación y disección analítica, y sobre base de los textos glosados en este trabajo- de modo especial en el libro “Este es el tiempo del mundo finito”, me ha permitido alcanzar un resultado de clara convergencia evolutiva intelectual. Relato sumariamente este proceso: tanto Jacquard como quien escribe somos biólogos, él genetista, yo más centrado en la biología estructural bajo diferentes perspectivas y apoyado en el reconocimiento de la regulación como principio básico, tanto o más que la información, del funcionamiento de los seres vivos. Coincidimos en la preocupación por las leyes naturales y en la evolución de los seres vivos, transitando desde la homogeneidad- sustentada en la información del ADN que confiere un carácter de perpetuación (inmortalidad)- a la variedad y la diversidad, con la influencia de la reproducción sexual, del dimorfismo sexual, en que tales variaciones se alcancen: “la procreación es no-reproducción”, Jacquard dixit. 

A Jacquard le preocupa, y así lo deja claro en su libro, la clonación biológica. Personalmente, vuelvo a insistir en que albergo dudas de que la “perfecta” clonación biológica se produzca: conocemos hoy en día muchos más efectos y dinámicas que influyen en la evolución de los que disponía Jacquard para su análisis: la importancia de la regulación génica en el desarrollo de los seres vivos, la epigenética, la influencia de un socio-ambiente (cultura, psicología) en la modulación de los comportamientos. De ahí que desde hace algo más de una década me haya preocupado por un proceso que bauticé como “clonación social“. Creo que es más fácil de conseguir que el biológico a través de la modificación (manipulación) de la cultura y la ética. Son estos poderosos instrumentos y actúan más rápidamente que los genes. Esta rapidez y facilidad se agudiza en una sociedad marcada por las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) y que operan enmarcadas en una sociedad en la que rige el principio político de la globalización.

Síntesis de la teoría de la evolución
Precisamente en esta divergencia, entre tantas convergencias con Jacquard, reside esta propuesta de síntesis de la teoría de la evolución.

El objetivo esencial de la evolución biológica es la SUPERVIVENCIA y el mecanismo para ello, como ya he apuntado anteriormente, es la ADAPTACIÓN. Este proceso adaptativo tiene que poner en juego la maquinaria genética y sus dinámicas en un entorno en el que confluyen e intervienen Naturaleza-Cultura-Ética (NACE). En este Entorno al que podríamos denominar SOCIAL o PARA LA SOCIABILIDAD marco las relaciones entre los tres grandes elementos que lo conforman y el orden en el que pienso que actúan a lo largo de la evolución, pero solo lo hago con guiones para no establecer jerarquías cualitativas ni cuantitativas entre ellos ni con números ni con operaciones que los relacionen.

Proyección del modelo al caso español
A lo largo de la historia compleja y no siempre bien comprendida de nuestro país, han sorprendido muchas situaciones y reacciones de sus ciudadanos cuando están en nuestra sociedad, cuando viven en nuestro Entorno NACE o cuando emigran a otros países, a diferentes Entornos NACE. Sin ánimo de ser exhaustivo, pero si ilustrativo, señalo alguna peculiaridades del Entorno NACE español: la cuestión de las dos Españas; la aspereza en el choque o ¿diálogo? Ideológico; la cultura del pelotazo o del aprovechamiento por encima de otros valores; la definición y práctica del concepto conocimiento frente al inglés “knowledge” (en el DRAE, Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, hay más de una decena de acepciones y todas salvo una- asociada a los sabios- tienen que ver con la relación humana; knowledge solo tiene tres, dos se asocian con la ciencia y la tecnología, la tercera es la relación carnal); la viñeta de El Roto de hace varios años: “En España no hace falta conocimiento, basta con tener un conocido”; la envidia cainita hacia el que trabaja y la admiración por el que se escaquea; la amnesia histórica; la votación con frecuencia mayoritaria a políticos y alcaldes imputados o condenados por corrupción; el escaso interés por los problemas ambientales; el abominable recurso a la ética como coartada, la recién mencionada “ética de bayeta”.

Con estos ejemplos parece que hay serios indicios de que lo que se ha definido como Entorno NACE no goza en nuestro país de niveles altos de calidad ambiental (osaría tildarlo de mefítico). Por lo tanto, la supervivencia de los españoles ha estado confrontada a tal entorno a lo largo y ancho de la historia y de ahí las sorpresas que asaltan ante hechos y datos españoles cuando se analizan internamente desde la racionalidad científica y externamente desde la visión de otros entornos NACE.

Hace unos veinticinco años publiqué un artículo en la revista “El Siglo de Europa “(fundada y editada por José García Abad) del que solo recuerdo el título: era algo parecido a “España es un dinosaurio que ha resistido todas las extinciones”; ignoro todo sobre el contenido porque no he podido recuperarlo. A la vista de este buen test que es el caso español para la propuesta de síntesis de la teoría de la evolución que acabo de elaborar, cambiaría el diagnóstico de aquel titular por el siguiente: “España es un país en el que sus ciudadanos han sobrevivido en un Entorno de Sociabilidad de muy baja calidad, y para ello adaptándose continua y diversamente a él”. De ahí que esos ciudadanos posean un acervo de activos génicos, culturales y éticos que les permiten responder con eficacia y competencia a Entornos NACE más positivos o favorables; por otro lado, hacen que en el nuestro brillen el humor, la ironía gruesa, la improvisación y la picaresca. ¡Ah, y adiós al determinismo genético como dogma!

Referencias en web

1  http://institutoroche.es/editorial/96/Seleccion_natural_y_su_contextualizacion_Evolucionismo_y_las_inter_eticas

2  http://www.asebio.com/es/ojo_critico.cfm

3  http://institutoroche.es/editorial/94/Viaje_al_centro_de_la_evolucion_humana_revelacion_de_las_eticas_como_efector_evolutivo