Diez años de la biotecnología a través del espejo: El adiós

Emilio Muñoz. Instituto de Filosofía, CCHS, CSIC; Unidad de Investigación en Cultura Científica, CIEMAT

Una reflexión introspectiva: el valor del adiós
Este es un texto de rememoración y de despedida. No resulta fácil escribir textos de esta naturaleza; tampoco son textos de cómoda lectura o que muestren capacidad de atraer la atención de lectores que estén alejados del meollo del asunto que suscita el recuerdo y el adiós. Quizás su primer e importante valor es que aportan el refrendo de un documento escrito a modo de acta o registro de un hecho o actividad, y que puede servir de apoyo a los cronistas e historiadores para dar fe de una historia vivida.

En línea con los marcos de la biología evolutiva y de las éticas interrelacionadas y comparadas que han inspirado una gran parte de las tareas que he llevado a cabo en esta sección de la web del Instituto Roche, he encontrado un argumento adicional que da validez a un texto de recuerdos y sobre todo da prueba de la importancia del adiós. Frans de Waal, Profesor C.H. Candler de Psicología de la Universidad Emory y Director del Living Links Center en el Yerkes National Primate Research Center, ha publicado un libro en la primavera de 2016 con el título “Are we smart enough to know how smart animals are?

El libro ha atraído la atención de la revista The Scientist que en su edición online del 1 de mayo de 2016 ha colocado como artículo de cabecera uno del propio autor titulado: “To Each Animal its Own Cognition”, artículo que va acompañado de un extracto del prólogo del referido libro. En dicho extracto, F. de Waal plantea la cuestión de si los animales dicen adiós así como hola, es decir si para ellos cuenta el pasado, el presente y el futuro. Como es frecuente con este investigador, considerado en 2007 por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, posee una historia, una experiencia personal que prueba que decir adiós es una capacidad de los animales y que es una muestra de amor hacia alguien, a la par que sentimos temor por expresar tal sentimiento.

En nuestro caso, al escribir este texto se expresa el reconocimiento hacia una experiencia que me ha reportado un gran número de satisfacciones tanto intelectuales como personales y además con ello dejo de lado cualquier temor al hacer patentes estos sentimientos precisamente en el momento de decir adiós a la experiencia.

Un fantástico encargo
En 2006 recibí una interesante propuesta por parte de los responsables del Instituto Roche, a la sazón Jaime del Barrio y Mercedes Puente. Consistía en poner en marcha una sección sobre Biotecnología en la que se fueran exponiendo los avances más importantes de este campo floreciente de las ciencias y las tecnologías de la vida, a la par que se reflexionaba sobre sus impactos sociales, económicos, políticos. Este encargo coincidía con el lanzamiento de las ómicas como instrumento de diagnóstico de enfermedades de base molecular y de su posible vinculación con tratamientos cada vez más individualizados y específicos. Otro acontecimiento de índole personal hacía aún más atractivo el proyecto y permitía encararlo con mayor libertad: era el momento de mi jubilación oficial a los setenta años tras una larga y heterodoxa carrera investigadora que había trascurrido desde la bioquímica, la biología molecular y celular en el ámbito experimental hasta entrar en los arcanos de los estudios sobre Ciencia. Tecnología y Sociedad (estudios CTS), un campo interdisciplinar que surge de la interacción entre disciplinas, puesto que combina aproximaciones propias de las humanidades, la filosofía y la historia de la ciencia y las ciencias sociales como la sociología de la ciencia y la economía del cambio técnico: esta importante transición tuvo lugar tras un periodo de doce años envuelto en la ejecución de las políticas científicas y tecnológicas bajo distintas responsabilidades en el organigrama de la administración española y con repercusión en la incorporación de España al entorno europeo. Era un tiempo y un espacio propicios para diversificar mis actividades y de poder contribuir a la divulgación de los avances científicos en biología que daban el pistoletazo de salida a un siglo de la biología.

El Instituto Roche había nacido en 2004 con el objetivo de “promover y difundir los avances en la secuenciación del genoma y en la nueva forma de diagnosticar y tratar las enfermedades”. Configurado como institución independiente y sin ánimo de lucro cuyo objetivo más específico es impulsar la medicina individualizada, se convertía en una buena plataforma para cultivar a una parte de la comunidad española interesada por la investigación biomédica y su influencia en la salud. Curiosamente, entre la declaración de intenciones del Instituto Roche y nuestros propósitos al iniciar la sección La biotecnología en el espejo se ponían de manifiesto importantes coincidencias. Nos encontrábamos, ahora en retrospectiva, ante un proceso de clara convergencia evolutiva intelectual, un concepto que acuñé bastante después y que he desarrollado y glosado con cierta intensidad en esta misma sección y de modo particular en algunos de los últimos editoriales.

La rampa de lanzamiento
El 21 de febrero de 2006 se publicó el primer editorial: como se acaba de comentar en él se asumían los objetivos del Instituto Roche en el sentido de apostar por la comunicación con el fin de facilitar la circulación del conocimiento, pero no solo entre expertos sino de ser capaces de vehicular dichos conocimientos hacia el público lego, llegar sobre todo al colectivo concienciado e interesado por la medicina contemporánea.

La nueva sección se ponía en marcha bautizada con la metáfora de “la biotecnología en el espejo” para ofrecer las imágenes resultantes del reflejo de la biotecnología en la superficie acristalada de los avances científicos, con la esperanza de que las imágenes fueran claras y nítidas. Reconocíamos la necesidad de disponer de un ámbito de reflexión y análisis en un momento de impresionantes avances de las ciencias de la vida. A tal fin, en un principio se planteó combinar las contribuciones de expertos en dos áreas u objetos de estudio como la genómica y la bioinformática que se publicarían con una periodicidad trimestral y que se complementarían con editoriales con apariciones que, aunque no guardaran esta regularidad en función de las emergencias de los temas, responderían a la idea de que hubiera entre tres o cuatro al año. Estos editoriales tratarían de ir desgranando reflexiones éticas, socio-económicas y políticas procurando mantener siempre el enlace con el desarrollo de las biotecnologías, su evolución y sus posibles impactos sociales y económicos.

En este punto, estimo importante resaltar que el último párrafo de este primer editorial que trascribo a continuación, expresaba mucho de lo que se perseguía: “La sección que presentamos hoy bajo el rótulo “la biotecnología en el espejo” ofrece un interesante caso de comunicación científica y técnica que confiamos atraiga la atención de los expertos y ciudadanos interesados en los nuevos avances por los que transita la preservación de nuestra salud. Y que ello lo haga cumpliendo los mejores estándares de responsabilidad moral y social, ajustándose de este modo a un marco interético”. Esta referencia a la interética, que se apoyaba además en el editorial con una pequeña lista de bibliografía relacionada, me parece significativo porque marcaba lo que ha sido prácticamente mi preocupación fundamental en estos diez últimos años dentro del campo ya mencionada de los “estudios CTS”: la búsqueda de poner en valor las dimensiones y dinámicas de las éticas interrelacionadas en un mundo complejo, social y científico y tecnológicamente hablando, convulso además por el predominio del dinero como casi único valor. Es decir, enfrentar una sociedad globalizada, marcada por un cambio en la visión del capitalismo, el especulativo desplazando al industrial, y con unas tecnologías facilitando el acceso a la inmediatez de lo visceral frente al reposo de la mente, a la velocidad de la reacción frente a la parsimonia de la reflexión.

Resumen de lo desarrollado bajo una perspectiva institucional
Realizar una incursión en la recopilación de los resultados obtenidos en estos diez años de la sección que estamos repasando en este editorial, no deja muchas alternativas. La opción casi única es la de ofrecer un listado de autores y de títulos de los artículos a modo de un apartado de referencias bibliográficas, que suministraría indudable información pero escaso poder analítico y limitadas posibilidades discursivas.

Otra alternativa podría ser la de extractar y glosar los distintos trabajos, opción de mayor potencial analítico y con mayor repercusión en el acervo del conocimiento pero que excede de largo las dimensiones y los objetivos de este editorial.

Por ello, he optado por una vía intermedia que es la de obviar cualquier referencia a los editoriales de cosecha propia y recurrir a analizar la riqueza de las contribuciones de las distintas subsecciones desde una perspectiva institucional, una línea con la que me siento próximo e interesado, es decir poniendo de manifiesto los centros, institutos, y laboratorios a los que pertenecen los autores contribuyentes.

Las subsecciones de genómica (aplicada) y bioinformática han recogido durante el decenio 21 y 9 trabajos respectivamente. En el primer grupo han participado profesionales de algunos de los centros de reconocido prestigio en este campo como: el Departamento de Microbiología y la Cátedra Extraordinaria MSD de Genómica y Proteómica, Facultad de Farmacia, Universidad Complutense; el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) con varias contribuciones; el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) del CSIC con varias contribuciones; el Institut de Biotecnología i Biomedicina, Universidad Autónoma de Barcelona; el Instituto de Biomedicina de Valencia, CSIC y el CIBER de Enfermedades Raras; el Centro de Biología Molecular (CBM, centro mixto de la Universidad Autónoma de Madrid y del CSIC) con varias contribuciones y en colaboración con el CIBER de Enfermedades Neurodegenerativas y la Universidad de Barcelona, Fundación CIEN ; el Programa de Genes y Enfermedad, Centro de Regulación Genómica, Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud, Universidad Pompeu Fabra y CIBER de Epidemiología y Salud Pública; el Centro Superior de Investigación en Salud Pública, Generalitat Valenciana y el Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biología Evolutiva; hospitales de referencia como el Hospital Clínico de Barcelona con el Instituto de Investigación Biomédica Pi Sunyer; el Hospital Universitario del Vall d´Hebrón con el Servicio de Oncología Médica; el Hospital Donostia y su Instituto de Investigación Biosanitaria Biodonostia de San Sebastián; el College of Physicians and Surgeons de la Universidad Columbia; así como instituciones especiales como la National Task Force española en Genómica y Salud Pública y la Asociación Española de Bioempresas, ASEBIO. En el campo de la bioinformática, las contribuciones son menores en número pero no menos significativas en calidad e impacto con contribuciones de investigadores procedentes del Centro Nacional de Biotecnología y el Centro de Investigaciones Biológicas, ambos del CSIC; del Centro de Regulación Genómica de la Universidad Pompeu Fabra y el Centro Nacional de investigaciones Oncológicas (CNIO), ambos formando parte del Instituto Nacional de Bioinformática del Instituto de Salud Carlos III; del IMIM Hospital del Mar (Universidad Pompeu Fabra y Parc de la Recerca Biomédica); del Instituto Europeo de Bioinformática; o del Laboratorio de Físico Química del Instituto de Diabetes y Enfermedades Digestivas y del Riñón de los NIH norteamericanos; de la Universidad de Barcelona y el Centro Nacional de Supercomputación-Barcelona Supercomputing Center. La primera década del siglo XXI testificó la diversificación de las ómicas con el surgimiento de la proteómica, la metabolómica, la transcriptómica, cuyo desarrollo iba experimentar variadas suertes y diversas trayectorias. Planteamos entonces la creación de una nueva subsección a la que se bautizó con el amplio término de “nuevas vías”.

El primer trabajo de esta subsección apareció en abril de 2009 sobre metabolómica a cargo del Director de la Plataforma Metabólica del CIBER en diabetes y enfermedades metabólicas e investigador de la Universitat Rovira i Virgili. Posteriormente otros 13 trabajos han abordado una serie de temas apasionantes por su actualidad, importancia y diversidad. Los autores proceden de afiliaciones igualmente diversas que se relacionan a continuación con una breve referencia entre paréntesis a la temática el trabajo: Centro Nacional de Biotecnología, CSIC (animales transgénicos); Centre de Regulació Genómica (evolución del genoma); Instituto de Biomedicina de Valencia, CSIC (proteómica y enfermedades desatendidas); Centro de Investigación del Cáncer, Universidad de Salamanca y CSIC y Departamento de Medicina y Servicio de Citometría de la Universidad de Salamanca (nanotecnología en proteómica); Centro de Investigaciones Biológicas, CSIC (proteínas desordenadas y salud); ICREA y Centro de Regulación Genómica (splicing y enfermedad); EMBL, ICREA y Univesitat Pompeu Fabra (la dificultad del diagnóstico genético preciso); Servicio de Genética, Fundación Jiménez Díaz y Unidad de Genética, Hospital Universitario La Fe de Valencia ( enfermedades raras); Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, CNIC (alimentación, energía y enfermedades mitocondriales); División de Terapias Innovadoras, CIEMAT y CIBER de Enfermedades Raras (terapia génica); Departamento de Biología, Universidad de Valencia y CIBER de Enfermedades Neurodegenerativas (células madre y Parkinson); Consultor independiente (sistema empresarial español y biotecnología de la salud); Departamento de Biología Celular y Molecular, Centro de Investigaciones Biológicas, CSIC (biología sintética “ bottom-up”). Para disponer de una apreciación acerca del nivel de estas instituciones, recomiendo al lector que coteje las informaciones relativas a los programas de política científica que priman la excelencia como el Severo Ochoa y el María de Maeztu; en estos momentos a cargo de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación dentro del Ministerio de Economía y Competitividad.

Por el andén de las éticas
He escogido a propósito, tras un proceso reflexivo, el término andén para titular este apartado final, del editorial y la sección. Andén es semánticamente una, ”plataforma elevada destinada a facilitar el movimiento de pasajeros, viandantes y mercancías“. En el contexto de una sociedad compleja, plena de contradicciones, atiborrada de informaciones pero escasa de conocimiento racional y ayuna de capacidad reflexiva, esta metáfora la encuentro sugerente.

En este contexto, es cuando menos paradójico que se haga constante invocación a la ética. Vengo denunciando estas prácticas por considerar que es un menoscabo de algo tan esencial para la vida y la evolución humana como es el ejercicio de la filosofía moral. Entre otras disquisiciones acerca de esta situación paradójica, he reflejado esta preocupación como uno -de hecho el primero- de los diez puntos de un “decálogo de los nunca”, un ejercicio diagnóstico de las contradicciones en las que vive esta sociedad paradójica. Tal punto reza tal que así: “Nunca se ha evocado e invocado más la ética y nunca ha habido más trasgresiones a la ética”: tanto más cuantas más veces se acude a ella como referencia.

En el seno de esta reflexión se coloca en la plataforma del debate respecto a la toma de decisiones, mi situación actual, el libro de Max Weber “El político y el científico” sobre el cual hay rápida y suculenta entrada en el buscador Google. Con fecha de 17 de julio de 2016, bajo el rótulo “Ricardadas” se sintetiza el análisis que sobre el mismo ha realizado Daniel Ortiz en su pequeño libro “Política i valors: Com restaurar la grandeza de la política”. Weber contrapuso la ética de la convicción de un político que, según el polifacético y atormentado pensador alemán, “se rige únicamente por principios morales y donde siempre y por encima de todo, se deben respetar estos principios como por ejemplo decir la verdad, independientemente de las circunstancias. Y por lo tanto, la mentira, por más excepcionales que sean las circunstancia, siempre será un comportamiento ilícito, éticamente reprobable”, a la ética de la responsabilidad. Para esta, Weber “considera que el criterio último para decidir ha de fundamentarse en la consecuencia de la acción”.

Sorprendentemente, el científico social muniqués, sin saberlo él mismo, aflora como un precursor de la ética consecuencialista basada en la responsabilidad, precisamente la que he abrazado y explico en las cursos de ética y valores en la Escuela de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y que he desarrollado en varios textos y seminarios. De nuevo la serendipia y la convergencia evolutiva intelectual dan un respaldo científico inimaginable a las propuestas que vengo haciendo en el marco de la ética. Precisamente por eso, me atrevo a disentir del autor alemán en lo que se ha planteado anteriormente respecto a las dos dimensiones éticas, lo hago con toda modestia porque creo que eso nada más y nada menos es fruto de diferencias derivadas del contexto. Me siento más cómodo cuando el propio Weber se da cuenta de las limitaciones de la ética de la convicción y comenta que: “Cuando las circunstancias de una acción realizadas conforme a una ética de la convicción son malas, el que la va a ejecutar no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que los hizo así. Quien actúa conforme a una ética de la responsabilidad al contrario tiene presente todos los defectos del hombre medio”. También Weber se anticipa y mezcla con el problema de las contradicciones cuando apostilla que “ambas éticas son complementarias para crear al hombre auténtico, al hombre que puede tener vocación política”.

No puedo contradecir a Weber en los puntos de divergencia cuando tanta convergencia aporta para sustentar al hasta ahora marginal consecuencialismo moral, sino simplemente volver a insistir que en la reflexión sobre la ética y la toma de decisiones son muy importantes las condiciones de contexto, y muchas son estas diferencias contextuales entre las que modularon los trabajos de Weber y las actuales.

Por último, para terminar, subrayar que en todos los trabajos sobre ética en relación a los avances científicos y tecnológicas he propuesto la pertinencia de aplicar y operar con éticas interrelacionadas, las interéticas, éstas basadas en la responsabilidad y el análisis consecuencialista sustentado en valores y teniendo en cuenta costes y beneficios tanto de la acción como de la inacción.

Estos principios y estas dimensiones han sido los que han servido de guía a los trabajos en la sección de la biotecnología en el espejo de esta web que ahora se cierra. Sólo me resta advertir en este adiós, de nuevo desde la ética de la responsabilidad, de los riesgos de la ética de la convicción a pesar de sus bondades aparentes en principio: hay brotes de dogmatismo y mesianismo anticientífico en algunas de sus aplicaciones que pueden resultar tóxicos.